APOCALIPSIS: CRISTO EN SU SANTUARIO

Hebreos 9:24 porque no entró Cristo en el santuario hecho por los hombres, figura del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora por nosotros ante Dios.

El Santuario israelita era una ilustración del plan de salvación. El Santuario celestial, que es su modelo, constituye hoy el centro desde donde Jesús, Sumo Sacerdote, distribuye en tiempo real las bendiciones a los seres humanos a medida que se arrepienten y entablan esa relación salvadora con él. Allí también se evalúa la condición de cada persona en el juicio final. En ese momento solemne, se toma el libro que está a la derecha del trono de Dios y las alabanzas prorrumpidas se realizan cuando Jesús toma un libro muy especial. NO es posible dejar de mencionar el inmenso significado de las alabanzas dadas a Cristo en Su Santuario. ¿Cómo se describe ese momento?

Apocalipsis 5:8 Cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero. Todos tenían arpas y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos. Y cantaban un cántico nuevo, diciendo: “Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque tú fuiste inmolado, con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje, lengua, pueblo y nación…”

Apocalipsis 5:8 El santuario que está en el cielo es el mismo centro de la obra de Cristo en favor del hombre. Concierne a toda alma viviente sobre la tierra. Abre ante la vista el plan de redención, proyectándonos hasta el mismo fin del tiempo, y revelando el resultado triunfal del conflicto entre la justicia y el pecado. El siguiente pasaje de las Sagradas Escrituras nos señala todos los pasos de la acción redentora de Cristo: Murió… resucitó… ascendió… e intercede ahora.

Romanos 8:34 ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

En realidad uno de los temas dominantes de Apocalipsis es la adoración. Las escenas de adoración. Las escenas de adoración impactantes se realizan mayormente por lo que Dios ha hecho en los cielos y especialmente en la tierra. Repetidamente los seres celestiales aparecen adorando a Dios por lo que él hizo en este planeta privilegiado llamado Tierra. Sin embargo, un hecho asombroso de la rebelión es que precisamente en la Tierra no se lo adora en plenitud, pues solo unos pocos lo reconocen como su Creador y Redentor. Apocalipsis es una invitación misericordiosa a la humanidad para entender lo que es el plan de salvación; en lo que significa y lo que Dios nos ha dado por medio de él. Igualmente es una invitación a reconocerle a él como nuestro Creador y lo que nos ha otorgado para felicidad de nuestra existencia con su creación; lo que implica reconocerle como Creador nuestro. En realidad hay múltiples razones por las cuales agradecer y alabar a Dios y, al hacerlo transforma nuestras vidas, porque la gratitud y la alabanza a Dios refuerza nuestro entendimiento acerca de él y de sus bondades. Además, nos fortalece en las luchas del diario vivir de modo que podamos enfrentar las pruebas sin importar cuáles sean ellas pues el Señor bendice plenamente a quienes lo buscan. Miles de vidas son bendecidas por llevar una vida de reconocimiento y alabanza a quien nos creó y redimió para alegría suya.

Apocalipsis 5: 11-13 Miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, de los seres vivientes y de los ancianos. Su número era millones de millones, y decían a gran voz: “El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza, a todo lo creado que está en el cielo, sobre la tierra, debajo de la tierra y en el mar, y a todas las cosas que hay en ellos, oí decir: “Al que está sentado en el trono y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos”.

EL sacrificio de amor de Jesús en el Calvario demostró al universo entero lo que es el pecado y lo que es el amor de Dios. Allí sufrió lo que nosotros merecemos sufrir a fin de que podamos disfrutar su perdón y vida eterna que no merecemos. Pero a menudo se pasa por alto un importante tema: ¿qué está haciendo Jesús en este momento por nosotros?

Hebreos 7:25.26 Por eso puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos.

Los dos capítulos finales del libro de Apocalipsis resaltan con claridad sublime el amor y cuidado que Dios tiene por los suyos. El Génesis, que es el primer libro de la Biblia, describe cómo Dios creó este mundo perfecto para la humanidad y cómo fue estropeado por el padre de la mentira al sumirlo en su engaño de destrucción, pecado, dolor y muerte. El resto de la Biblia nos muestra hasta qué punto se corrompió este mundo bajo el imperio del mal y cómo Dios obró para traer de vuelta a los perdidos y restaurar lo que se había perdido. Sin embargo, es en el Apocalipsis, donde se nos muestra como Dios hará nuevas todas las cosas tal como también lo promete repetidamente en los demás libros de la Biblia, con una nueva creación y la restauración total de lo que él hizo originalmente para el hombre. Pero, a medida que se va terminado la narración, se van describiendo las cosas que Dios hizo y hará, y va insertando súplicas de invitación amorosa a todos los que deseen participar de sus bendiciones eternas. Las maravillas de la ciudad eterna, la capital del reino celestial, están abiertas de par en par para todos los que deseen ser parte de esa ciudadanía bendecida, en donde jamás volverá a tener cabida la maldad, ni el crimen organizado.

Apocalipsis 22:14-15 Bienaventurados los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas en la ciudad. Pero los perros estarán afuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras y todo aquel que ama y practica la mentira.

Todos los que habiten en la Santa Ciudad, que Dios está preparando para los que lo acepten, vivirán confiados “en morada de paz, en habitaciones seguras” (Isaías 32:18) teniendo gozo y alegría eternos en su disfrute pues de ellos para siempre la tristeza y el gemido (Isaías 35:10). Todo esto debido a que se nos promete que en esa ciudad jamás habrá velorios ni cortejos fúnebres y ni siquiera hospitales, y muchos menos farmacias, pues sus habitantes jamás enfermarán.

Apocalipsis 21:4-5 Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas pasaron. El que estaba sentado en el trono dijo: “Yo hago nuevas todas las cosas”. Me dijo: “Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas”.

La esperanza bienaventurada, vuelve a repetirse al final del Apocalipsis tal como al comienzo de él, y ella es repetida en un tono de certeza. En realidad, Apocalipsis presenta el tema de la Segunda Venida de Cristo de varias maneras, pues: a) Su promesa es reiterada. B) su inminencia es resaltada d) Detalla más que ningún otro libro los momentos en torno al acontecimiento. En fin, ella está ligada a todas las maravillas que el apóstol Juan contempla de la Santa Ciudad, heredad de los santos.

Juan queda impactado en esta oportunidad al ver toda esta demostración de gozo y belleza que solo atina a caer de rodillas y quiere adorar al ángel que le está mostrando estas maravillas. Sin embargo, el ángel no le permite adorarlo recordándole que el único que es digno de adoración es Dios, ninguno más.

Hay un tono de súplica en la invitación final que Cristo hace a los lectores del Apocalipsis, lo cual muestra que las páginas de este libro no son de terror sino de invitación para aceptar la salvación: El Espíritu Santo nos suplica: “Ven”, pues su papel es el de convencernos de pecado, de justicia, de juicio y, de nuestra necesidad de salvación, llevándonos al bautismo y guiándonos a toda la verdad.

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