CRISTIANO VICTORIOSO: ENFRENTANDO EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” Juan 14: 27., ¿Cómo podemos vencer nuestros miedos?

1 Pedro 5:10 Pero el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.

Tal vez nada sea más eficaz para volver a una persona a la realidad como el sufrimiento físico y la congoja, incluyendo el intenso dolor de perder a un ser amado. Salomón lo dijo claramente cuando escribió en

Eclesiastés 7:2-4 “ Vale más ir a un funeral que a un festival. Pues la muerte es el fin de todo hombre, y los que viven debieran tenerlo presente. Vale más llorar que reír, pues entristece el rostro, pero le hace bien al corazón. El sabio tiene presente la muerte; el necio solo piensa en la diversión”.

Aunque desearíamos que fuera diferente, el hecho de ser creyentes en Dios no exime a nadie del sufrimiento. Y cuando estamos enfermos nos debilitamos de tal manera que requerimos de la ayuda de otros para recuperar las energías espirituales. ¿Cuál es el mandato que encontramos en la Palabra de Dios?

Santiago 5:14,15 ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia para que oren por él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si ha cometido pecados, le serán perdonados.

En un caluroso verano un hombre cortaba el pasto de su prado, y por accidente retrocedió la máquina sobre su pie y la cuchilla giratoria le cortó el dedo grande. Cuando sus amigos lo visitaron, les contó que para su sorpresa había descubierto que muchas otras personas han sufrido de experiencias similares, y que nunca se había percatado de ese hecho. Aunque siempre hay mucha gente enferma, a veces nos enteramos de esos hechos, o somos más sensibles ante el dolor de los demás cuando a nosotros mismos pasamos por el valle del dolor. Es entonces, cuando nos damos cuenta de cuánto dolor y sufrimiento existen en este mundo. Si alguna vez has pensado que eres el único que tiene problemas, compártelos con alguien y te sorprenderás. ¿Cómo podemos confiar en Dios aún en medio del dolor y la prueba?

Corintios 10: 13 No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla.

Cuando somos víctimas de sufrimiento, la tendencia humana es responsabilizar a Dios de nuestros males. No cabe duda que Dios es el Soberano, y él es quien permite cualquier cosa que sucede. Sin embargo, él ha establecido ciertas leyes que gobiernan nuestra existencia, y rara vez interfiere o hace excepciones cuando transgredimos estas reglas. Si lo hiciera, hundiría a este planeta en un caos moral más serio que el que ya soporta. Por lo tanto, no es razonable esperar que Dios realice un milagro en nuestro favor cuando hemos desobedecido sus leyes naturales. Hay ocasiones cuando elige intervenir, pero estas son siempre para honrar y glorificar su Nombre, y no solo para nuestro beneficio… Hay quienes se sienten perplejos cuando se encuentran con textos que declaran que Dios nos disciplina, ¿Cómo podemos explicar las disciplinas de Dios?

Hebreos 12:7-10 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus y viviremos?

Generalmente damos por sentado que el término disciplina significa castigo. Si buscamos la palabra disciplina en una concordancia griega, hallaremos el vocablo “paidea”, el cual nos ayuda a comprender el cuadro más amplio. La expresión abarca todo el entrenamiento y la educación de los niños. Naturalmente, el procedimiento de entrenar y educar a los hijos comprende la reprensión y el castigo; pero Dios no nos toma en sus manos para castigarnos, sino que simplemente deja que las leyes de la naturaleza sigan su curso. Nacemos en un constante proceso de existencia humana y es una ley natural que cosechamos lo que sembramos, y también se cosechan los resultados de lo que siembran los padres, otros miembros de la familia y aun lo que la comunidad siembra. En los tiempos de Jesús se creía que si algo le sucedía a una persona era siempre un castigo merecido, pero Jesús corrigió ese concepto.

Juan 9:1-4 Al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: -Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús:- No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. Me es necesario hacer las obras del que me envió.

En ninguna parte enseñan las Escrituras que la vida del cristiano victorioso estará libre del dolor y sufrimiento; pero sí enseñan que Dios se mantiene continuamente instruyéndonos, tanto en los buenos tiempos como en los malos, y que al final todas las cosas habrán sucedido para el bien de aquellos que aman a Dios.

Romanos 8:28-29 Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados a los que antes conoció, también los predestinó para que fueran hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

Cierta tarde un pastor y un miembro de su iglesia visitaron a una familia. Estaban sentados en la sala y y el ministro le preguntó a la señora de la casa cómo estaba su hijo Juan. Ella le contestó que estaba estudiando para sus exámenes finales. No pensaron en nada acerca del asunto hasta cuando estaban por salir y la madre les preguntó si querían saludar a Jaime. Entraron en la primera alcoba a la derecha y encontraron a un joven de veinte años tendido en su cama boca abajo, apoyado en los codos, estudiando un libro. Por un instante pensaron por qué no había ido él a la sala para saludarlos. Pero en ese momento el joven se volvió hacia ellos y les extendió la mano. Estaba deforme. Entonces observaron la silla de ruedas en el rincón. Jaime era parapléjico. Estaba paralizado de la cintura hasta los pies como resultado de un accidente de natación. Mientras charlaban, el muchacho les dijo algo que jamás olvidaron: “Me siento muy triste por la gente menos afortunada que yo”… Hay un adagio que dice: “Me quejaba de no tener zapatos hasta que vi a un hombre que no tenía pies”. No es tiempo de desanimarse. Aunque desconocemos lo que pueda traernos el futuro, permitamos que las palabras del Señor resuenen en nuestros oídos.

Juan 16:33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo.

Romanos 8:17 dice: Y si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria”…Al comprender este pasaje, podemos entender que nosotros los mortales que vivimos en este planeta podemos esperar el sufrimiento. Y

1 Pedro 4:1 declara: “Por tanto, ya que Cristo ya sufrió en el cuerpo, asuman también ustedes la misma actitud, porque el que ha sufrido en el cuerpo ha roto con el pecado”.

Este pasaje nos enseña que el sufrimiento puede en verdad contribuir al desarrollo del carácter. En Mateo 6:33, Jesús nos insta a buscar primeramente el reino de Dios y su justicia. Todo cristiano victorioso descubrirá que cuando buscamos primeramente el reino de Dios y su justicia, tendremos que pagar un precio, que bien podría ser el sufrimiento. Eso fue lo que le sucedió a Jesús. Por otra parte, cuando padecemos, sucede algo admirable.

De pronto, comenzamos a comprender por experiencia que , a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, a saber “ los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.”Cuando nos comprometamos a buscar ante todo el reino de Dios, sabemos de buena fuente que nada nos puede separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús nuestro Señor.

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