CRISTIANO VICTORIOSO: LA PERFECCIÓN CRISTIANA

Hebreos 13:21 “Que él los capacite en todo lo bueno para hacer su voluntad. Y que por medio de Jesucristo, Dios cumpla en nosotros lo que le agrada. A él sea la gloria por los siglos de los siglos”

En una revista con contenido cristiano, se publicó un artículo llamado: “El versículo más impopular”. Allí el autor comentaba que si Juan 3:16 es el texto favorito de muchos, entonces Mateo 5:48 debe encabezar los pasajes más impopulares: “Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto”. Algunos cristianos consideran que jamás podrían alcanzar la perfección, mientras que otros sienten que ya son perfectos. En cierta ocasión, mientras un grupo de obreros cristianos oraba, se expresó lo siguiente: “Señor, enséñanos a dejar de preocuparnos por alcanzar la perfección, pero ayúdanos a ocuparnos más en amarnos los unos a los otros”. Para muchos, parecería que la perfección es un blanco apropiado en todas las cosas, excepto en la vida cristiana. La gente no tiene problemas al tratar de lograr un peso perfecto o una perfecta figura. Se desvive por conseguir un trabajo perfecto o un auto ideal. El atleta se esfuerza por alcanzar un puntaje perfecto en su actuación. La tendencia actual es tener un modelo, es decir, un “héroe” a quien imitar. Nos identificamos con deportistas famosos, algún científico, una estrella de cine o algún actor o artista ¿Pero cuál debe ser nuestra meta a alcanzar?

Filipenses 3:12-15 Con esto no quiero decir que yo haya logrado ya hacer todo lo que les he dicho, ni tampoco que ya sea yo perfecto. Pero sí puedo decir que sigo adelante, luchando por alcanzar esa meta, pues para eso me salvó Jesucristo. Hermanos, yo sé muy bien que todavía no he alcanzado la meta; pero he decidido no fijarme en lo que ya he recorrido, sino que ahora me concentro en lo que me falta por recorrer. Así que sigo adelante, hacia la meta, para llevarme el premio que Dios nos llama a recibir por medio de Jesucristo. Todos los que ya hemos progresado mucho en nuestra vida cristiana debemos pensar de esta manera. Y si algunos de ustedes piensan de manera diferente, hasta eso les hará ver Dios con claridad.

A mucha gente le inquieta la idea de adoptar a Jesús como nuestro modelo de comportamiento. Después de todo, él era Dios. El egoísmo, el orgullo, la sensualidad, la crítica y la falta de dominio propio son considerados por muchos como características humanas “normales”. Y aunque no sean normales, por lo menos son incapacidades permanentes con las cuales tenemos que vivir, a pesar de los perjuicios personales y sociales que ocasionan. Las buenas noticias son que el hombre fue creado perfecto, a la imagen de Dios. Y Dios no quedará satisfecho hasta no haber restaurado en nosotros la perfección que perdimos. El llamamiento de las Sagradas Escrituras a ser perfectos no necesita desanimar ni intimidar a nadie. El evangelio es un evangelio perfecto. Nuestra salvación es una salvación perfecta concedida por nuestro Salvador perfecto. Así que, deberíamos considerar la perfección como un objetivo, un camino, y no como un punto de llegada. Lo que nos da esperanza y nos proporciona dirección en la vida cristiana victoriosa, es el blanco de la perfección, de llegar a ser cada día más como Jesús. La persona que no sabe a dónde va, nunca llega. ¿Cómo podemos practicar tiro al blanco si no tenemos un blanco?

1 Tesalonisenses 5:21-24 Examinadlo todo y retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal. Que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser espíritu, alma y cuerpo- sea guardado irreprochable para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.

La Biblia no alude a la perfección como si fuera un blanco imposible de alcanzar: Relata historia tras historia de personajes que fueron perfectos. Noé fue el primer hombre que recibió el calificativo de perfecto.

Génesis 6:9 “Noé era un hombre justo y honrado entre su gente. Siempre anduvo fielmente con Dios”.

Otro personaje a quien la Biblia llama perfecto, fue Job. Dios mismo hace una descripción de su hijo Job.

Job 1:8 ¿No te has fijado en mi siervo Job que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?

También está David, a quien la Palabra de Dios lo describe de la siguiente manera:

1 Reyes 11:4 Cuando Salomón era viejo, sus mujeres le inclinaron el corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era ya perfecto para con Jehová, su Dios, como el corazón de su padre David.

Que la Escritura nos diga que estos personajes fueron perfectos, a la vez registre algunos de los pecados que cometieron durante su vida, es algo que desconcierta; alguien podría suponer que la Biblia está disimulando sus pecados. No obstante, esta suposición no es válida. Cuando la Biblia se refiere a la perfección de estas personas, no se refiere a las cosas que hicieron, porque muchas veces cometieron tremendas equivocaciones. Mas bien, fueron individuos de corazón perfecto delante del Señor. Conocían a Dios, comprendían su voluntad para ellos, y estaban totalmente consagrados a él. La Biblia también describe al pueblo perfecto de Dios, como los que han aceptado cabalmente el compromiso de continuar siendo perfeccionados. Una persona de corazón perfecto orará y procurará vivir perfectamente en todo sentido. ¿Qué podemos aprender acerca de la perfección cristiana en el Salmo 51?

Salmo 51:1,2 Ten piedad de mí, Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. ¡Lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado!

Salmo 51:7,10 Purifícame con hisopo y seré limpio; lávame y seré más blanco que la nieve…!Crea en mí, Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí!

La luna produce una imagen perfecta del sol porque solo refleja el sol y únicamente el sol. Sin embargo su reflejo del sol no es total. La luz del sol es muchísimo más intensa que lo que la luna es capaz de reflejar. A pesar de todo, la luna refleja todo lo que puede del sol, tomando en cuenta su tamaño y la distancia que los separa. Obviamente, si la luna estuviera situada más cerca del sol, reflejaría más de su luz. La luna no se puede transformar en sol, a causa de su naturaleza. Es combustible y debe conformarse con ser un reflector. La perfecta reflexión del carácter de Cristo significa que será el reflejo de su carácter y no el de alguna otra persona. Sin embargo siempre será menos que Cristo, porque nunca dejará de ser un mero reflejo, aunque sea sin obstrucciones. Así como las lunas son de diferentes tamaños, también nosotros, como individuos, diferimos unos de otros. A través de las edades la reflexión de Cristo en las vidas de su pueblo recibe la constante influencia del “tamaño” y la “distancia” que cada uno esté del Sol de Justicia. No obstante el reflejo siempre es perfecto puesto que Jesús, el perfecto Sol de Justicia , es la fuente de luz. Aunque no todos reflejemos la misma cantidad de luz, como Noé y David de la antigüedad, también le servimos con corazón perfecto.

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