CRISTIANO VICTORIOSO: LA VIDA SALUDABLE

3 Juan 1:2 Querido hermano, oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente.

En un viaje que un ministro hizo a Nueva York para asistir a una reunión, tuvo que tomar un taxi. De pronto el pastor tuvo la curiosidad por preguntarle al chofer lo siguiente: ¿Cuántos kilómetros debe tener su vehículo para pensar en comprar uno nuevo?. El taxista contestó sin vacilación: 370 mil km. El pensó que eso era increíble. A continuación, le dieron ganas de preguntarle cuál era el secreto para obtener un rendimiento tan fenomenal. Y la respuesta fue clara: “Le cambio el aceite del motor periódicamente”. La respuesta es obvia. Muchos dueños de autos pasan por alto ésta sencilla instrucción, y cuando se descompone el carro, culpan a medio mundo, menos a ellos mismos. La verdad es que no tomaron en cuenta las instrucciones recomendadas en el manual de mantenimiento… Lamentablemente acontece lo mismo con el cuerpo humano, especialmente durante los años de juventud. La gente joven tiende a pensar que es inmortal. La triste realidad es que todos somos mortales. Sin embargo tendemos a pensar que cuando disfrutamos de buena salud es porque tenemos en el banco un abundante depósito. ¡No hay por qué preocuparse! Sin embargo, la preocupación se siente en carne viva el día cuando nos enfermamos de gravedad. ¿Por qué debemos de dominar la complacencia del apetito para conservar la salud?

Proverbios 23:1-3 Cuando te sientes a comer con algún señor, considera bien lo que está delante de ti. Pon cuchillo a tu garganta, si tienes mucho apetito. No codicies sus manjares delicados, porque es pan engañoso

Filipenses 2:17-19 Hermanos, sed imitadores de mí y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros, porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo. El fin de ellos será la perdición. Su dios es el vientre, su gloria es aquello que debería avergonzarlos, y solo piensan en lo terrenal.

Una mujer asistía a un centro comunitario de salud, esa señora joven pidió que le midieran la presión sanguínea. Y mientras estaban en la sala de espera platicó con otra persona acerca del gran cambio que se había realizado en su vida. Le contó que había llegado a pesar 155 kilogramos, y había perdido sesenta y cinco kilos. A continuación, con curiosidad le preguntó el otro paciente, ¿Cuál había sido su secreto para bajar de peso?. Su respuesta fue: – por medio de la oración. Eso fue una novedad para el otro paciente, pues había oído hablar de toda clase de programas para bajar de peso, pero no del recurso de la oración. Pensando que no había escuchado bien, le pidió un poco más de información. Y La mujer reiteró lo que había dicho: sí, mi secreto fue la oración… El don que Dios nos concede mediante los frutos del Espíritu es lo que nos alista para ir al cielo. Y si estudiamos detalladamente el listado de gracias celestiales que se nos concede por medio del Espíritu Santo, entre ellas está el dominio propio. Muchas de nuestras enfermedades se manifiestan como consecuencia de que no pedimos este importante fruto.

Gálatas 5:22-24 Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

1 Corintios 10:6,7 Estas cosas sucedieron como ejemplo para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: “Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar”.

Un día un hombre fue al garaje de su casa, y vio que estaba sumamente desordenado. A continuación, decidió que era tiempo de hacer algo con ese desorden. Aunque habían vivido en la casa solo tres años, nunca podían encontrar un martillo ni otras herramientas. Cuando contempló el estado pavoroso de su garaje decidió que debía hacer algo para remediarlo. Allí había una mesa de trabajo desvencijada, y decidió repararla. Compró un tablero para herramientas y puso en él los martillos, las llaves mecánicas, y los destornilladores. Repentinamente comenzó a ver que en el garaje había lugar para muchas cosas mas, de modo que usó el espacio disponible. ¿Has tenido el mismo problema? Se debe a que estamos fuera de control y a veces no devolvemos las cosas al lugar correspondiente… Cuando nosotros oramos a Dios para que nos ayude a ejercer control sobre nosotros mismos, él nos ayuda a ordenar nuestra vida. Ese mismo hombre, decidió con la ayuda de Dios hacer otros cambios en su vida. Perdió diez kilos y se dio cuenta que no estamos luchando contra las calorías o golosinas, sino más bien contra nuestra tendencia a mantenernos fuera de control.

Efesios 6:12,13 porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo y, habiendo acabado todo, estar firmes.

Lucas 21:34 Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y de embriaguez y de las preocupaciones de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.

Uno de los pasajes bíblicos favoritos acerca de la salud es el siguiente: “En conclusión, ya sea que coman o beban o hagan cualquier cosa, háganlo todo para la gloria de Dios”

1 Corintios 10:31. Yo quiero que mi vida sea para la gloria de Dios.

¿No deseas lo mismo? En nuestra vida cristiana victoriosa podemos esperar que el control sobre nosotros mismos no sea algo que Dios nos da una sola vez y que no necesitaremos pedírselo nuevamente. Debemos de orar con frecuencia para pedir control. Ocasionalmente, cuando nos sentamos a comer a la mesa, tendremos que orar: “Señor, ayúdame a comer despacio y a masticar bien el alimento”. En ocasiones tendremos que orar para recibir control sobre nosotros mismos y que nos permita salir al aire libre y hacer ejercicio.

Es indudable que el mensaje de salud que Dios nos ha concedido tan bondadosamente puede tener sentido y mantenerse vigente únicamente cuando pedimos y recibimos el admirable don del control sobre nosotros mismos:

“Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Juan 10:10).

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