UNA CONCIENCIA SALUDABLE

Hechos 24:16 Por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres.

Un jet se estrelló en 1984 contra una ladera de una montaña en España. Perecieron todos los pasajeros y los tripulantes. Los investigadores acudieron inmediatamente para recuperar la “caja negra” con registros electrónicos del vuelo que la aeronave llevaba en la cabina. La grabación reveló que varios minutos antes del accidente una voz procedente del sistema automático de aviso de peligro advirtió varias veces: ¡Suban! ¡Suban!. El piloto debió suponer que el sistema de advertencia estaba funcionando mal. El registro de la caja revela que el piloto contestó: ¡Cállate!. Y al parecer acto seguido desconectó el sistema. Unos minutos después el avión se estrelló contra la montaña. Aunque ésta es una historia trágica, es también una parábola perfecta de la forma como algunos tratamos los mensajes de advertencia enviados por nuestra conciencia. Cuando desconectamos la voz de la conciencia, y decidimos de todos modos hacer algo incorrecto, ahora no nos sentimos culpables, sino que ¡somos culpables! A la mayor parte de la gente no le agrada sentirse culpable, porque no es un sentimiento agradable. Pero cuando hacemos algo reprochable debiéramos sentirnos culpables. Es por eso que necesitamos comprender qué es la conciencia y cuál es la función que desempeña en la vida del cristiano.

Dios concibió el plan para que nuestra conciencia nos advirtiera de las consecuencias morales de nuestros actos.

Isaías 30:21 Entonces tus oídos oirán detrás de ti la palabra que diga: “Este es el camino, andad por él y no echéis a la mano derecha, ni tampoco os desviéis a la mano izquierda”.

La conciencia fue diseñada para que reaccionara ante la ilegalidad y la falta de responsabilidad. Es el lugar donde se registra la culpa, la vergüenza y aun el temor al castigo. Dios colocó la conciencia en la intimidad del cerebro para que actuara como un sistema automático de alarma, el cual nos advierte de los peligros de una conducta inadecuada de acuerdo a los parámetros de Dios. Cuando entendamos la forma de actuar de la conciencia, sabremos que es uno de los dones más asombrosos que Dios nos ha concedido. La conciencia es aquella parte de nosotros que nos diferencia del resto de la creación que existe en este planeta. Es la habilidad que Dios ha puesto en nosotros para que podamos distinguir entre el bien y el mal. La conciencia humana, a diferencia de los animales, refleja la imagen de Dios. La sociedad puede considerar la conciencia como un defecto que perjudica nuestro amor propio. Sin embargo, la conciencia en realidad no genera culpa, sino que detecta la culpa.

Isaías 59:2 Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios y vuestros pecados han hecho que oculte de vosotros su rostro para no oíros.

Los animales tienen instintos y respuestas aprendidas, pero carecen de conciencia humana. La conciencia es una facultad exclusivamente humana. Aunque a veces no resulte obvio, todos poseemos conciencia. De acuerdo a la Biblia, ¿Cómo funciona la conciencia ?

Romanos 2:14-15 Cuando los gentiles que no tienen la Ley hacen por naturaleza lo que es de la Ley, estos, aunque no tengan la Ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la Ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia y acusándolos o defendiéndolos sus razonamientos.

Tito 1:15 Todas las cosas son puras para los puros, pero para los corrompidos e incrédulos nada es puro, pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas.

Una persona durante algunos años visitó África y tuvo la oportunidad de observar los terribles daños que la lepra causa a sus víctimas. Contrariamente a lo que mucha gente cree, el peor daño que la lepra causa no es la destrucción de dedos, nariz, pies y otras partes del cuerpo. El verdadero mal causado por la lepra es la pérdida de la sensibilidad en los tejidos, es decir la sensación del dolor. Los leprosos no sienten cuando el fuego está quemando un pie u otra parte de su cuerpo ni cuando algo los está dañando. Pueden tomar una olla muy caliente, y quemarse la mano sin sentir dolor. Pueden apretarse los dedos en una puerta sin sentir dolor ni advertir el perjuicio, el cual demuestra la utilidad del dolor. Esto nos ayuda a comprender por qué la conciencia es el órgano moral del dolor. En conclusión, es peligroso destruir la conciencia o ignorar su existencia.

Hemos llegado a un punto en la historia del mundo en que ya no es seguro confiar exclusivamente en la conciencia como nuestra guía. La Palabra de Dios debe ser nuestra guía, y en todas las situaciones debemos someter nuestra conciencia a sus normas. El punto importante es que la conciencia funciona como una ventana y no como un foco eléctrico. Permite la entrada de luz en el alma, pero no genera su propia luz. Por lo tanto, la efectividad de nuestra conciencia está determinada por la cantidad de luz pura que dejamos entrar y por lo limpia que la mantenemos. Quien haya contaminado o endurecido su conciencia llegará a ser como un barco desprovisto de brújula. Agradezcamos a Dios porque nos ha provisto una conciencia que puede constituirse mediante la Palabra de Dios y bajo la dirección del Espíritu Santo. El cristiano victorioso posee una conciencia sana y funcional. Cuando la base de nuestra conciencia es la Palabra de Dios y está guiada por el Espíritu Santo, podemos confiar en que Dios la usará para comunicarnos su voluntad.

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