Renacer

Juan 3:1-4 Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con
él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?

La débil claridad de la luna todavía iluminaba las desiertas calles. Enfundado en su capa, avanzaba con cautela para evitar cruzarse con nadie. La vida en la gran ciudad le había enseñado a desconfiar de las sombras. Sin embargo, prefería el riesgo de la oscuridad a que alguien descubriera con quien iba a encontrarse aquella noche. Solo su impaciencia era más fuerte que sus temores. La actuación de Jesús durante las fiestas de la Pascua le había causado una tremenda impresión. En su búsqueda había escuchado a muchos maestros, pero nunca había oído a nadie como Jesús. Le fascinaba y desconcertaba su peculiar estilo. En su mensaje no se percibía el sello distintivo de ninguna secta, ni las consignas de ningún partido. No había conocido a nadie con una personalidad tan independiente. Ni tan convincente. Cuando exponía un tema, hasta los más complejos parecían fáciles. ¿De dónde sacaba recursos tan profundos y a la vez tan simples? Como profesional le intrigaba el secreto de su técnica. Aunque lo que más lo atraía era su magnetismo espiritual. A su lado, todos los guías religiosos que conocía, incluyéndose él mismo, resultaban superficiales, incompetentes, huecos. Como alumno aventajado de las escuelas rabínicas, Nicodemo había pasado mucho tiempo preparándose para ser doctor de la Ley, Había alcanzado la cima, gozando de una excelente reputación por su dominio de las Escrituras, contándose entre los jefes de la nación, difícilmente podía aspirar a subir más alto. Sin embargo, su posición no le aportaba la satisfacción esperada. ¿Con qué gran verdad fue abierta la conversación con Jesús?

Juan 3:3 Le respondió Jesús: – De cierto, de cierto te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios.

Nicodemo vino al Señor pensando entablar una larga discusión con él sobre puntos de menor importancia, pero Jesús expuso los primeros principios de la verdad, y mostró a Nicodemo que lo que él más necesitaba era humildad de corazón, un espíritu susceptible de enseñanza, un corazón nuevo; que si quería entrar en el reino de Dios tenía que nacer otra vez. De acuerdo a la enseñanza de Jesús, ¿en qué consiste el nuevo nacimiento?

Juan 3:5,6 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

Nicodemo queda desconcertado. No entiende lo que Jesús quiere decirle. Que es preciso enmendar muchas cosas para que el mundo sea mejor está claro. Precisamente lo que él quiere es un gran cambio. Pero no ve ninguna relación entre la renovación deseada y una modificación de su propia manera de ser. ¿Qué quiere decir el misteriosos maestro? La idea de renacer lo sorprende. Una transformación absoluta, radical, por su parte le parece no solo imposible sino innecesaria. De este Nicodemo honrado, sincero, religioso, ¿ no puede recuperar nada? ¿Podía él llegar a ser otra persona, con otros ideales, otras metas, muy superiores a los que ya tenía? Si entiende bien a Jesús, ha de poner en entredicho hasta lo

Juan 3:7 No te maravilles de que te dije: “Os es necesario nacer de nuevo”

s criterios que considera más seguros e intocables: sus convicciones religiosas. ¿Querrá eso decir que ni siquiera un seguimiento de su religión tan riguroso como el suyo no basta para introducirlo en el “reino de Dios”? Como fariseo, piensa que el hombre puede salvarse por su propio esfuerzo, mediante el cumplimiento de las leyes divinas. Afirmar que no se halla en condiciones de entrar en el reino de Dios cuando ya se creía en él, que necesita una existencia perfectamente nueva y no nuevas prácticas de perfección, en fin, que se encuentra en un estado espiritual embrionario, cuando imaginaba haber alcanzado ya una respetable madurez, ¿no era excesivo? Pero Jesús insiste en su postura con la siguiente afirmación:

Jesús insiste. Ni siquiera la mejor herencia y la mejor educación religiosa garantizan la entrada en esa esfera de realidad llamada “reino de Dios”. En realidad se trata, sencillamente, de aceptar que Dios reine plenamente en nosotros. Y estamos tan lejos de permitírselo que acceder a ello equivale realmente a nacer de nuevo. Nacer de arriba es comenzar a vivir plenamente. Desde que llegamos a la vida llevamos en nuestro ser gérmenes de muerte. Nacer de arriba es alcanzar la plenitud humana al recuperar la dimensión espiritual que habíamos perdido. Es liberarnos del duro cascarón que nos envuelve haciéndonos creer que este mundo que nos rodea es la única realidad. Es abrir los ojos a la luz de otra existencia más profunda. Es descubrir que , al conectarnos a Dios, los límites de nuestra vida pueden ser trascendidos. El sentido común de

Nicodemos siente vértigo ante lo que empieza a comprender. Sin embargo, le cuesta admitir su desorientación y abandonar sus puntos de vista. Y hace la siguiente pregunta:

Juan 3: 9-10,12 Le preguntó Nicodemo:- ¿Cómo puede hacerse esto? Jesús le respondió:- Tú, que eres maestro de Israel, ¿no sabes esto?… Si os he dicho cosas terrenales y no creéis, ¿cómo creeréis si os digo las celestiales?

Nicodemo no entiende, a partir de sus categorías humanas, cómo Dios puede cambiar al hombre respetando su libertad. La lección nocturna de Jesús va a mostrarle que la idea de nacer otra vez es menos absurda que la de tratar de salvarse mediante sus propias fuerzas; que las garantías de éxito son infinitamente mayores si, en lugar de construir nuestra vida a partir de nuestros ideales y recursos, lo hacemos a partir del ideal y con la fuerza de “arriba”. Porque Dios no exige lo imposible, sino que propone lo inimaginable. El nuevo nacimiento no es algo que se nos pide, sino algo que se nos da. Porque nadie puede darse nacimiento a sí mismo. Para nacer se depende siempre de otros. El hombre es incapaz de reconstruirse sin ayuda exterior. Para iniciar una vida realmente nueva, resulta imprescindible que cada ser humano tome antes conciencia de su necesidad de ayuda. El nuevo nacimiento es una nueva creación. Dicho de otros modo: No se trata de un acto humano, sino de una intervención divina. El nuevo nacimiento supone entrar en una nueva realidad cuyo centro no está en el hombre. Pasar de una vida dependiente, restringida y acotada en el seno de lo humano a una vida propia, libre y abierta a todas las posibilidades del Ser. Pasar de una existencia antropocéntrica (centrada en el hombre) a una existencia teocéntrica (centrada en Dios). Pasar de una realidad condenada a la muerte a una realidad enfocada en la Vida. ¿Cómo explicó Jesús el método de Dios para que tengamos vida eterna?

Juan 3:14,15 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna.

Juan 3: 17,18 Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree no es condenado; pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

Al renacer espiritualmente, hombres y mujeres violentos se convierten en defensores de la paz. Seres bloqueados por el odio son capaces de perdonar. Egoístas profundos se entregan a las más generosas empresas…No importa que no se sepa razonar el proceso de la regneración. Lo que importa es que se produzca. Y para ellos lo único imprescindible, es el consentimiento de nuestra voluntad. El resto viene de la mano poderosa de la gracia. El nuevo nacimiento no se explica; se experimenta. Y no una vez por todas, sino cada día. Dios ama sin barreras y desea la felicidad sin medidas, su objetivo al enviar a Jesús es llevar a la vida, traer esperanza para todos. Y como no quiere súbditos forzados, su reino no se impondrá por el poder de la fuerza sino por la persuasión del amor.

Comments

comments

Show Buttons
Hide Buttons
Scroll Up