Entender que eres amado

Lucas 22: 14; 21-22 Cuando era la hora se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo: -¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta Pascua antes que padezca!… Pero la mano del que me entrega está conmigo en la mesa. A la verdad el Hijo del hombre va, según lo que está determinado; pero ¡ay de aquel hombre por quién es entregado!

Durante este programa examinaremos las vidas de hombres ordinarios, como lo fueron los 12 discípulos que conformaron el círculo más cercano y de trabajo de Jesucristo. Estos hombres mediante la enseñanza de Jesús y teniendo un encuentro decisivo con el Salvador fueron transformados… En una ocasión Jesús se reunía con sus discípulos, con los doce. Era una extraña cena llena de presagios. Nunca se habían sentido tan unidos, ni tan amenazados por la separación. Nunca habían apreciado tanto la compañía de quien, por primera vez, temen perder. Jesús mira a sus amigos e inesperadamente dice: – La mano del que me va a entregar está aquí, en la mesa. Un escalofrío recorre el grupo mientras todos examinan, unas tras otras, sus propias manos. Por ejemplo, Natanael vio sus manos, francas, sencillas, acostumbradas a tomar la posición de la oración: manos que ya estaban orando la primera vez que Jesús lo vio bajo la higuera. Cuando Natanael fué al Señor Jesús, el Salvador exclamó: “He aquí verdaderamente un israelita, en quien no hay engaño.”

Dícele Natanael: “¿De dónde me conoces?” Y Jesús respondió: “Antes que Felipe te llamara, cuando estabas bajo la higuera, te vi.” Así también nos verá el Señor Jesús en los lugares secretos de oración, si le buscamos para que nos dé luz y nos permita saber lo que es la verdad. Los ángeles del mundo de luz acompañarán a los que busquen con humildad de corazón la dirección divina.

¿Cómo reaccionaba el discípulo Andrés ante los desafíos que Jesús les encomendaba?

Juan 6: 8,9 Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo:- Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pecados; pero ¿qué es eso para tantos?

Las manos de Andrés, fuertes, callosas, curtidas por el sol y por el mar, manos activas, de pescador, de marinero; manos de quien desea ayudar, donde sea y en lo que sea: a repartir el pan multiplicado, a llevar a otros a Cristo… Pero también estaban las manos de Juan, muy jóvenes, inquietas, sin endurecer por la vida, Jesús las mira, con cariño. Esas manos inexpertas que cometerán aún muchos errores pero que, después purificadas por el fuego del afecto al Maestro, le dedicarán el evangelio de la verdad y del amor. ¿Cómo se resume la experiencia de Juan en su relación con Jesús?

Juan 13:23 y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús.

En la última reunión con Jesús, éste había señalado unas manos que le iban a entregar a sus enemigos. Al mirar todos los discípulos sus propias manos, bien pudo ser ese un momento de profunda reflexión. Ahí estaba Jacobo quien poseía bruscas manos, con carácter, firmes. Eran manos ambiciosas, que quieren aferrarse con tanta fuerza a las bendiciones de Dios que se atrevieron a reclamar un lugar privilegiado junto al trono de Jesús. La mirada se detiene en las manos de Mateo; manos de escribiente, de intelectual, de banquero. Finas, pulcras, hábiles: Acostumbradas a contar las monedas, a anotar con cuidado, a calcular bien; manos que un día dejaron la caja de dinero por la pluma y escribieron el Evangelio más extenso; manos del que puso sus talentos al servicio de Jesús, atreviéndose a decirle que sí…Ahora se observa las manos de Pedro. Manos gastadas, endurecidas por el trabajo, impulsivas, prontas a amenazar a golpear duro; manos que gesticularían desaforadamente aquella misma madrugada para negar a Jesús. ¿Qué incidente con las manos de Pedro reveló el carácter de éste?

Juan 18:10,11 Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, hirió al siervo del Sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco. Jesús entonces dijo a Pedro.

¿Cómo eran las manos de Simón? Unos lo llamaban el Zelote, es decir, el terrorista. ¿Manos de terrorista en la mesa del Señor? ¿Habría llegado a matar a alguien? Otros lo llamaban el cananita, es decir patriota. Esas eran las manos de alguien que pudo ser un héroe de su patria, pero prefirió ser un héroe para Dios. Las manos de Simón eran las manos de quien es fiel a sus principios hasta las últimas consecuencias.. Continuemos con las manos de Tomás, un hombre que no eran fácil convencer; tiene manos realistas, casi pesimistas, del que está dispuesto a morir por Jesús, pero le cuesta vivir por él, del que asume antes la desgracia que el gozo; manos prontas al gesto escéptico, cortante y negativo; manos del que no siempre está en el grupo, del individualista, manos que ocho días más tarde van a verse forzadas a tocas las heridas, aún abiertas del costado de Jesús, y que tras esa dolorosa experiencia se asirán firmemente a las de su Maestro aceptándolo como su Señor. Después de su resurrección, ¿Cómo fue el encuentro de Jesús y Tomás?

Juan 20:27-28 Luego dijo a Tomás:- Pon aquí tu dedo y mira mis manos; acerca tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo:- ¡Señor mío y Dios mío!

Jesús había advertido en la cena con sus discípulos: “La mano del que me entrega está conmigo en la mesa”. Es la mano de Judas, nada en ella la delata ni la hace parecer más falsa o mas traidora que las demás. Nadie diría que es criminal. Ésta era una mano que nadie creería capaz de vender a un amigo por tan poco. “Aunque Judas tenía por naturaleza mucho amor al dinero, no siempre había sido depravado y malo hasta el extremo de poder hacer tamaña villanía. Pero había fomentado dentro de sí el mal espíritu de la codicia hasta transformarlo en la pasión dominante de su vida, y hacerse capaz de vender a su Señor por treinta monedas de plata, el precio de un esclavo. Se atrevió a entregarlo en Getsemaní con un beso”. {CNS 108.2} Cuando todos los discípulos alarmados hicieron un examen interior, acerca de quién podría atreverse a traicionar a su amado Maestro, Juan le preguntó ¿Quién es el que te traicionará?- Y respondió Jesús- A quien yo le de el pan mojado , ese es. Y mojando el pan, lo dio a Judas…(Juan 13:25-26) Esto fué para el falso discípulo el último llamamiento al arrepentimiento. El corazón divino-humano de Cristo no escatimó súplica alguna que pudiera hacer. Las olas de la misericordia, rechazadas por el orgullo obstinado, volvían en mayor reflujo de amor subyugador. Pero aunque sorprendido y alarmado al ver descubierta su culpabilidad, Judas se hizo tan sólo más resuelto , Ante el ofrecimiento de amor de Jesús de perdón y restauración ¿Cómo reaccionó Judas?

Mateo 26:47-49 Aún estaba él hablando cuando llegó Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo. Y el que lo entregaba les había dado señal, diciendo: “Al que yo bese, ese es; prendedlo”. En seguida se acercó a Jesús y dijo: – ¡Salve, Maestro! Y lo besó.

Mateo 27:3-5 Entonces Judas, el que lo había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: – Yo he pecado entregando sangre inocente Pero ellos dijeron: – ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Entonces, arrojando las piezas de plata en el Templo, salió, y fue y se ahorcó.

¿Acaso nuestras manos no han traicionado un poco a Jesús alguna vez? Nuestras manos. ¿A las de quien se parecen? ¿ a las de Tomás, a las de Felipe o las de Juan? Quizá hayan sido tan agresivas como las de Simón o hayan defraudado más que las de Mateo? O quizá, han sido impulsivas como las de Pedro? No importa el aspecto de tus manos, ni tu historia: jóvenes o gastadas, cuidadas o arrugadas, hábiles o torpes, fuertes o finas, limpias o sucias, notables o anónimas. Jesús las invita a todas a su cena. Si al mirarlas, nos parecen indignas, es que necesitamos aceptar su invitación. Porque es precisamente nuestra necesidad lo que la ha motivado. Y no hay nada que desee más que reunir un día, en un gran encuentro en torno a su mesa, todas nuestras manos.

Comments

comments

Show Buttons
Hide Buttons
Scroll Up