Una generosa invitación

Lucas 19:1-3 Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. Y sucedió que un hombre Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, procuraba ver quién era Jesús pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura.

Cuando Jesús llegó a Jericó, le dan la bienvenida, un cortejo de ciegos, cojos, enfermos, mutilados, paralíticos, endemoniados. Todos los damnificados de la vida, los hijos de la vergüenza, a los que casi nadie quiere ver, son sacados, por su acaso, a la luz de la esperanza que pasa, con el nombre que llega. Porque ese nombre, dicen, saca del túnel de la noche a los resignados a la muerte y hace brillar un nuevo amanecer sobre los náufragos de la esperanza. A su paso, Jesús habla con los que encuentra. Allí mismo, en la encrucijada de sus vidas. Allí les habla palabras que no se las lleva el viento y cuyo eco atraviesa calles y plazas, resuena por patios y tejados, y llega al banco de los tribunos ( cobradores de impuestos), donde se encuentra un hombre llamado Zaqueo. Aquí empieza la historia del hombre que encontró a Jesús del modo más inesperado. El recaudador de impuestos nunca había tenido la simpatía de nadie. Zaqueo, jefe de los publicanos de la ciudad, era un hombre rico, poderoso, con un importante cargo en la administración del gobierno, pero odiado por todos. Zaqueo el traidor, estaba excluido de la comunidad religiosa de Israel por colaborar con el enemigo. Incluso su nombre, que significaba “puro”, era motivo de burlas por parte de los contribuyentes. Y para colmo era bajo de estatura, lo que sin duda no mejoraba su humor. ¿Cómo se realizó el encuentro entre Jesús y Zaqueo?

Lucas 19:4,5 Y, corriendo delante, se subió al sicómoro para verlo, porque había de pasar allí. Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba lo vio, y le dijo: – Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que me hospede en tu casa.

Zaqueo había llegado a la cumbre del árbol buscando alivio a sus problemas. Pero Jesús, le mira diferente, con respeto, se dirige a él, y con la mayor naturalidad del mundo le saca de aquella situación incómoda y le trata como a un viejo amigo. Ante semejante gesto de amistad, casi se paraliza su corazón. Cuando salta entre la gente que se aparta asombrada para dejarle paso, Jesús le saluda como a un compañero de toda la vida. A Zaquel le parece estar soñando. Él , el despreciado, el maldito, el solitario, es aceptado por el gran maestro y va a compartir con él techo y mesa. ¿Cuál fue la reacción de Zaqueo ante la generosa invitación de Jesús?

Lucas 19:6 Entonces él descendió aprisa y lo recibió gozoso.

En su casa, lejos del gentío, Zaqueo le abre su corazón a Jesús y traza,con él, un nuevo rumbo para su vida. Una nueva puerta se abría en su futuro. Antes se consideraba un marginado ( porque también hay ricos marginados), antes sufría de soledad. Como tantos, a fuerza de ser menospreciado había acabado por desesperarse. El hecho de ser un opresor nunca disminuyó su angustia. Al contrario, reforzaba su sentimiento de culpabilidad. La conciencia le atormentaba, y no sabía que hacer hasta ahora. Desde que su colega Mateo de Capernaúm habia dejado su lucrativo cargo de la noche a la mañana para seguir a Jesús, que para sorpresa de todos, le había aceptado entre sus colaboradores más íntimos, la obsesión de saber más sobre tal maestro no le dejaba en paz. ¿Cómo había sido la invitación de otro publicano, y la cual seguramente le dio esperanza a Zaqueo?

Mateo 9:9-10 Saliendo Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo que estaba sentado en el banco de los tributos públicos, y le dijo: -Sígueme. Él se levantó y lo siguió. Aconteció que estando él sentado a la mesa en la asa, muchos publicanos y pecadores, que habían llegado, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos.

Cuando Zaqueo le abre a Jesús, no solo las puertas de su casa, sino también de su corazón, la gente en la calle murmura contra el despreciable recaudador de impuestos y sobre el dudoso maestro que ha entrado a hospedarse con él. Sin embargo, ambos hacen planes para ayudar con sus bienes a sus detractores más necesitados. Y puesto que nadie puede dejar que Jesús entre en su vida sin empezar a cambiar, la gratitud de Zaqueo ante esa presencia que ha colmado su vacío empieza a rebosar de manera natural. De pronto se siente solidario con aquellos cuya miseria ha contribuído a prolongar o agravar. Aunque se burlen de él, ya no los ve como seres a quienes explotar o despreciar sino como a hermanos. El ex- opresor toma conciencia de la nueva dimensión que Jesús le ha aportado . Zaqueo ha crecido prodigiosamente desde el momento en que empezó a volverse como un niño subiéndose al árbol, así que desde ahora, su verdadera estatura se medirá por la talla de su generosidad. ¿Cuál fue la resolución que tomó Zaqueo?

Lucas 19:8 Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: – Señor, la mitad de mis buenes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguien, se lo devuelvo cuadruplicado.

La riqueza que acumuló Zaqueo durante tanto tiempo, y a costa de los demás ya no lo hace feliz. Ya no la quiere. Decide dar la mitad a los pobres y restituir cuatro veces lo que ha cobrado de más. Su encuentro con Jesús le ha revelado el placer de dar. Una de las mayores necesidades del ser humano es descubrir el valor infinito que tiene su vida, cada vida; las posibilidades increíbles que tiene todo hombre y toda mujer cuando se los trata con suficiente respeto y amor. Porque a todos nos hace falta otro que nos ayude a vernos tal cual somos, y sobre todo, a descubrir lo que podemos llegar a ser. Alguien que nos dé la fuerza que nos falta para aceptarnos y, lo que es más difícil, para transformarnos hasta el punto de ser capaces de aceptar a los demás tal como son y ayudarlos, a su vez, a realizarse. En este mundo, donde reina la indiferencia y la desesperanza, el cristiano no puede encogerse de hombros y desentenderse de los demás. Porque sabe que nadie está destinado a desembocar en el vacío. Que cada ser humano es un candidato a la vida eterna, no importa su punto de partida. Encontrar a Jesús es pasar a la acción. Seguirle es más que simpatizar con una ideología; supone una toma de posición ante la vida. Quien está realmente comprometido allá arriba está forzosamente comprometido aquí abajo. Si nos cuesta compartir, ya sea nuestro dinero, nuestro tiempo o nuestra fe, es que necesitamos un encuentro que nos abra los ojos a los verdaderos valores y a la profunda necesidad humana. ¿Cómo resumió Jesús el resultado de este encuentro?

Lucas 19:9 Jesús dijo:- Hoy ha venido la salvación a esta casa, por cuanto él también es hijo de Abraham.

Lucas 19:10 porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

El contacto con Jesús nos contagia y nos impulsa a la solidaridad. Lo que somos y tenemos se pone al servicio del bien y nuestra vida adquiere un poder irresistible. Esta nueva actitud frente a la existencia supone, entre otras cosas, como enseguida se dio cuenta Zaqueo, compartir fraternalmene en un mundo donde hay tantos que acaparan egoístamente, preferir la sencillez a la vanidad del consumo, definirse ante la injusticia y esforzarse no solo por aliviar el sufrimiento sino por eliminar sus causas. Jesús nos propone un ideal de servicio frente a la idolatría del poder económico o del triunfo social; un ideal de generosidad frente a la extorsión. La labor que Jesús empezó en este mundo, nos invita a nosotros sus seguidores a aceptar ser la sal de la tierra y la luz del mundo. Al encontrarnos con Jesús todos descubriremos, como Zaqueo, que una vida que valga la pena no se puede vivir de forma solitaria, sino solidaria.

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