Es ¿DIOS O DIOSES

Dios o dioses

Éxodo 20:4-6 No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

El rey Salomón edificó en Jerusalén un templo enorme y muy hermoso. Cuando lo hubo terminado, organizó una celebración que duró varios días. Pero, aun en medio de la euforia, el gran sabio no perdió de vista el verdadero significado de lo que había hecho. Se dirigió a Dios en oración y dijo: “He aquí, los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener, cuánto menos esta casa que yo he edificado” (2 Crónicas 6:18).

¡Con cuánta frecuencia el débil ser humano se ha hecho a sí mismo la pregunta!: ¿Habitará con la gente de la tierra el gran Dios del cielo? Dios dio la promesa a Moisés: “Yo estaré contigo” . A Jacob le dio esa misma promesa. El salmista dijo confiadamente: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo” ” (Sal. 23: 4). Jesús prometió: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” ” (Mat. 28: 20). A todo el que abre la puerta, Dios extiende la promesa: “Entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” ” (Apoc. 3: 20). Todo el que esté dispuesto, en este mismo mundo podrá disfrutar del compañerismo de Dios y los ángeles. Dios es mayor que todo el universo que ha hecho. ¡Los cielos de los cielos no pueden contenerlo! ¡Mucho menos tan templo hecho por manos humanas! Nuestra gran necesidad es aprender a ser humildes y apacibles para caminar ante Dios con reverencia y santo temor. ¿Por qué el segundo mandamiento prohíbe la hechura de ídolos o imágenes para representar a Dios?

Juan 4:24 Dios es Espíritu. Y los que lo adoran, deben adorarlo en espíritu y en verdad.

Los antiguos pueblos que rendían culto a las imágenes muy pronto terminaron haciendo dioses del tamaño de su imaginación. Precisamente por eso empezó el politeísmo, la idea de que hay muchos dioses. Como sus dioses eran pequeños, no podían creer que con uno solo bastaba para atender las múltiples necesidades de la humanidad. Cuando empezó la era cristiana, los apóstoles y sus seguidores anunciaron el evangelio con gran fervor, y el resultado fue que en menos de dos siglos la iglesia perseguida llegó a ser la iglesia popular. Todos la aplaudían y los mismos emperadores se vieron obligados muchas veces a consultar su opinión. Bajo estas circunstancias, convenía ser cristiano, y millones de personas vinieron para solicitar el bautismo. Pero, tristemente, muchos de estos nuevos conversos entraron en la iglesia con el mismo concepto de Dios que habían tenido antes. Lo concebían como uno de los dioses paganos, olvidadizo e indiferente, no muy dispuesto a ayudarlos. Pensaban que había que rogarle mucho para convencerlo de cualquier cosa. Sería difícil pensar en otro error más triste.

La Biblia compara el amor de Dios con la más poderosa expresión de amor humano, diciendo: ¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas. Aunque ellas se olvidaran, yo no te olvidará. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpido( Isaías 49:15,16)A pesar de esto, muchas personas llegaron a imaginar que Dios necesita un ejército de intercesores alrededor de su trono que claman día y noche para conseguir que nos ayude. Pero Jesús mismo dijo a sus seguidores: “No os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama” Juan 16:27 Y el apóstol nos anima diciendo: Acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna (Hebreos 4:16) La idea de la intercesión de parte de los santos difuntos es una violación del segundo mandamiento, porque está basada en una imagen mental muy pobre de Dios.

El temor y la ansiedad se deben a una falta de fe. Son una violación al segundo mandamiento, porque revelan que, en nuestra mente, Dios es muy pequeño. El Salmista escribió acerca de los ídolo: “Los que los hacen se volverán como ellos”(Salmo 115:8) Es muy lógico, ¿no les parece? El apóstol Pablo observó este fenómeno en sus días. Romanos 1:23,24 “ y cambiaron la gloria de Dios inmortal por imágenes de hombre mortal, y hasta de aves y cuadrúpedos y reptiles.” Pero, ¿ cuál es la consecuencia de entregarnos a la idolatría y desobedecer el segundo mandamiento?

Romanos 1:24,25 Por eso, Dios los entregó a la inmundicia, debido a la concupiscencia de sus corazones, de modo que deshonraron sus propios cuerpos entre sí mismos. Cambiaron la verdad de Dios en mentira, y adoraron y sirvieron a las criaturas antes que al Creador, que es bendito por los siglos. Amén.

Si visitas las runas de Monte Albán, en Oaxaca, México,allí hay un museo, donde están colocadas imágenes de los dioses que adoraban los antiguos mesoamericanos: serpientes emplumadas, bestias acurrucadas y figuras humanas con expresiones grotescas de odio y enojo. Allí estaba también el altar donde los sacerdotes arrancaban el corazón de sus víctimas. También en ese lugar hay un campo deportivo donde dicen los historiadores que el equipo perdedor o el ganador era sacrificado. La frase : somos lo que contemplamos, es muy cierta. Y los ídolos tienen el poder… pero de degradarnos. EL salmo 115 nos habla de lo inútil que es la adoración a los ídolos cuando dice: “Los ídolos son de plata y oro, obra de manos de hombres. Tienen boca, pero no hablan; tienen ojos pero no ven. Orejas tienen, pero no oyen; tienen nariz, pero no huelen. Manos tienen, pero no palpan; tienen pies, pero no andan; ni hablan con su garganta”…Y la frase más impactante es esta: Como ellos son los que los hacen, cualquiera que en ellos confía, – y este salmo concluye con esta frase: “por tanto confía en el Señor. El sí es tu ayuda y tu escudo”.

Algunas personas se sorprenden porque el segundo mandamiento incluye una solemne advertencia: “Soy Dios celoso que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación”. Se sorprenden porque Dios dice que es “celoso” y que los hijos y hasta los bisnietos tienen que sufrir por lo que hicieron sus antepasados. Una lectura superficial del texto nos indicaría que es una sanción arbitraria aplicada por Dios. Pero lo que realmente quiere decir es que la adoración de imágenes, la exaltación de lo creado por encima del Creador, quita las barreras y abre paso a la maldad natural del corazón humano. Cuando la gente llega a ser semejante a sus ídolos, la tierra se llena de violencia y el corazón del pueblo se entrega a “injusticia, maldad, avaricia.. envidia, homicidios, pleitos, engaños – ¿Te parece que sería un castigo vivir en medio de esta clase de gente? Ése es precisamente el castigo que alcanza “hasta la tercera y cuarta generación”. Es el resultado terrible contra el cual nos quiere advertir el Señor al darnos el segundo mandamiento. Por esto Dios es “celoso”. El celo humano es una manifestación de amor propio. Pero Dios es celoso por su pueblo.

¿Cuántas personas hay en el mundo que aún se inclinan ante dioses de piedra o de madera? ¿Cuántos de nosotros conocemos a alguien que se postre frente a imágenes de sapos o de cabras, de algún hombre o mujer cuya vida fue inspiradora?… Cualquier cosa que se convierta en el centro de nuestra vida o en el objeto supremo de nuestro amor y devoción, o que gobierne nuestra alma y sea más importante que Dios se convierte en un ídolo. En la historia del antiguo Israel los hebreos estuvieron rodeados de naciones idólatras: personas que construían imágenes de animales, peces o aves para adorarlas. Y pensemos en lo siguiente: si el dios que adoramos es una cabra o un pez o un ave ¿de verdad pensamos que nos elevaremos a un nivel moral más alto que el de un ídolo? Por eso repasemos de nuevo el segundo mandamiento que dice: “No te hagas ningún ídolo ni figura de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en el mar debajo de la tierra. No te inclines delante de ellos ni les rindas culto, porque yo soy el Señor tu Dios, Dios celoso que castiga la maldad de los padres que me odian, en sus hijos, nietos y bisnietos; pero que trato con amor por mil generaciones a los que me aman y cumplen mis mandamientos:”

 

Notas y referencias

 Loron Wade, Los Diez Mandamientos

Shaw Boonstra, Clifford Goldstein, En Tablas de Piedra

 

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