Hechos para otro mundo
“Mira hacia afuera. iMira el cielo!”. Mi esposa repetía la orden cada vez que nuestra hijita Marcela
(que en ese entonces tenía un año y medio de edad) insistía en jugar mirando el suelo del auto. Viajábamos rumbo a la ciudad de Lavras, en el estado de Minas Gerais, a fin de participar de una semana de clases en un curso de posgrado en la Facultad Adventista de Minas Gerais (Fadminas), donde yo dictaba clases de Ciencia y Religión. La carretera estaba bastante sinuosa y cuando faltaban unas dos horas para llegar a la facultad, Marcella comenzó a sentirse descompuesta, justamente por no prestarle atención al consejo de la madre. Tuvimos que parar el auto para que ella se pudiera recuperar.
En esta jornada por la vida, debemos siempre recordar este consejo “¡Mira hacia el Cielo, mira más allá!”. Cuando concentramos nuestra atención solamente en las cosas de este mundo, en las vanalidades de los medios de comunicación, en las conversaciones frívolas, en las teorías humanas, Ia vida se hace desagradable como un viaje mareado, sin sentido y vacía. Muchos viven fastidiados, se acaban acostumbrando al malestar y tal vez ignoren el remedio.
En el libro Cristianismo puro e simples [Cristianismo puro y siemple], C.S Lewis escribe: “Las criaturas no nacen con deseos, a menos que exista satisfacción para ellos. Un bebé siente hambre: bien, existe una cosa llamada comida. Un patito quiere nadar: bien, existe una cosa llamada […] si yo encuentro en mi mismo un deseo que ninguna experiencia en este mundo pueda satisfacer, la explicación mas probable es que fue hecho para otro mundo”.
Hechos para otro mundo. Por eso es bueno estar constantemente mirando hacia allá, para no olvidarnos de nuestro origen y de nuestro destino. En Coloreases 3:1-2, el apóstol Pablo aconseja: “Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde esta Cristo sentado a la derecha de Dios. Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra”. Cuando aceptamos a Jesús como Salvador y Señor, experimentamos el nuevo nacimiento, un nuevo origen, y le damos un nuevo rumbo a nuestra vida. Las “cosas de arriba” comienzan a tener precedencia sobre las cosas temporales, pasajeras. Al mirar hacia Io hacia lo alto, Ia existencia aquí en la tierra asume un nuevo sentido y las cosas son colocadas en su debida posición. El viaje se hace placentero y, aunque vengan curvas y obstáculos en el camino, se hace más fácil transponerlos.
Cuando te sobrevenga el desánimo y el “mareo” que acometen a los viajantes de la vida, no te olvides: mira para Io alto, mira para el Cielo, mira a Jesús. Recuerda que tú tienes un noble origen y un futuro maravilloso.
Creados en un Jardín, no en una caverna
Es justamente esa comprensión de nuestro origen y de nuestro destino como humanos que el enemigo de Dios lucha por nublar nuestra mente, para que volvamos los ojos hacia abajo y quedemos descompuestos, y es amplio el menú de teorías de las que dispone. Una de ellas, el evolucionismo.
Apocalipsis 14:6 y 7 dice: “Luego vi a otro ángel que volaba en medio del cielo, y que llevaba el evangelio eterno para anunciarlo a los que viven en la tierra, a toda nación, raza, lengua y pueblo. Gritaba a gran voz: Teman a Dios y denle gloria, por que ha llegado la hora de su juicio. Adoren al que hizo el cielo, la tierra, el mar y los manantiales”.
Si Juan hubiera usado una computadora para registrar la visión, diríamos que “copió parte del texto de Éxodo 20:11 y lo “pegó” en su libro profético. Apocalipsis 14 llama nuestra atención a una cuestión determinante de Ia adoración: debemos temer (respetar) a Dios. ¿A qué Dios? Al Todopoderoso y único Dios Creador del universo, nuestro Creador y Redentor.
Sin embargo, el evolucionismo afirma que todos los seres vivos en Ia tierra evolucionaron a partir de un ancestro en común que habría surgido en el pasado remoto. Para los evolucionistas naturalistas, Dios es innecesario en este proceso. Somos solamente animales racionales. Nada tenemos de especial en relación con los otros seres, a no ser la capacidad mental, y hay más: Ia historia de Ia creación, tal como es relatada en el libro de Génesis, seria apenas un mito. Pura leyenda o alegoría.
Sucede que cuando desconsideramos el relato bíblico de la Creación, ocasionamos un efecto dominó en toda Ia teología cristiana. Si no hubo un árbol del conocimiento del bien y del mal ni la transgresión voluntaria de nuestros primeros padres, consecuentemente la muerte, las enfermedades y el dolor son inherentes a Ia creación. ¿Para qué habría muerto Jesús, si el pecado forma parte de una historia mitológica? Y el regreso de Jesús para rescatar a quienes aceptaron la redención, ¿sería otro mito? Obviamente que no.
La verdad es que Ia doctrina de Ia creación le confiere sentido a la vida justamente porque muestra el tipo de existencia que Dios proyectó para sus criaturas. En el mundo ideal de Dios, seres dotados de libre albedrío vivirían felices, libres del sufrimiento y capaces de desarrollar todas las maravillosas facultades con que fueron dotados. El pecado estragó todo, pero el plan de la recreación está de pie y es gratuitamente ofrecido por Jesús a cada ser humano. Mientras el nuevo cielo y la Tierra Nueva no llegan, Dios nos presenta en su Palabra la guía para una vida plena, incluso aquí de este lado de la eternidad:
*Alimentación: Génesis 1:29 nos presenta Ia dieta apropiada para el ser humano.
*Matrimonio: Génesis 2:24 muestra el tipo de relación ideal entre el hombre y la mujer (1) ambos dejan la casa de los padres, (2) se casan, (3) se transforman en “una sola carne”. Esa es Ia secuencia de eventos que, cuando es seguida, hace del casamiento una bendición.
*Mayordomía: Génesis 1:28 muestra que Dios encargó al hombre y a Ia mujer de cuidar la naturaleza, como buenos administradores. Eso es compromiso ecológico.
*Trabajo: El hecho de que el creador haya colocado al primer matrimonio en un jardín, para que ellos Io cuiden, revela desde los inicios de Ia historia de este planeta la nobleza y Ia importancia del trabajo.
Resumiendo: el relato de la creación en Génesis ofrece los pilares de Ia vida con propósito. Si no fuimos creados como Ia Biblia registra, la moral, Ia santidad del matrimonio, los valores éticos, etc., son vaciados de sentido.
Si solamente somos animales racionales, ¿por qué deberíamos confiar en nuestros patrones de conducta? Al final, “si Dios no existe, todo está permitido”, como tan bien Io expresó Dostoievski.
Gracias a Dios, Jesús vino a este mundo en la condición de segundo Adán para mostrarnos que hay esperanza para Ia humanidad. Refiriéndose a la resurrección de Cristo, el escritor G. K. Chesterton dice que “[los amigos de Cristo] estaban contemplando [… ] el primer día de una nueva creación, con un nuevo cielo y una Nueva Tierra, y, bajo las apariencias de un jardinero, Dios paseaba nuevamente por el jardín, no en el fresco de la noche, sino en el amanecer” (Citado por James Stuart Bell y Anthony P. Dawson, en lo biblioteca de C. S. Lewis, p. 46).
Recuerda
Fuimos hechos para otro mundo y debemos mirar hacia Io alto, al mundo que vendrá y que perdimos por algún tiempo. Pero que será nuestro de nuevo, si aceptamos a Jesús como Salvador y permitimos que él nos vuelva a crear.
(Michelson Borges, periodista y editor en la Casa publicadora Brasilera mantiene el blog www.criacionismo.com.br)
Para reflexionar
Tu origen está inseparablemente relacionado con el Dios creador de los cielos y de la tierra.
¿De qué forma esto te puede ayudar en tu vida hoy? Piense y ore sobre eso durante las próximas 24 horas.


