EL BAUTISMO – DÍA 23

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Cierta vez, mientras un pastor predicaba sobre el bautismo, uno de los visitantes se sintió incomodo al oír al predicador leer Marcos 16:16 “El que crea y sea bautizado será salvo, pero el no crea será condenado”. El visitante se levantó y preguntó en voz alta: Y si yo creo y no quiero ser bautizado, ¿voy a ser condenado?

El predicador respondió que aunque el bautismo no salva a nadie, es la respuesta de aquellos que realmente creen y aceptan el sacrificio de Cristo. Que la verdadera fe lleva a la obediencia y que el bautismo no es una opción, es un mandato.

Muchas personas pueden ser salvas sin haber pasado por las aguas del bautismo, como el ladrón que fue crucificado al lado de Jesús. Ese ladrón no tuvo la oportunidad de ser bautizado después de su conversión. Sin embargo, ese hecho no hace que el bautismo sea opcional.

Es claro que nadie es salvo por las obras, sino por la fe. Las obras son la evidencia de la fe. El bautismo no tiene poder en sí mismo, sino que es una demostración pública, y para todo el universo, de qué lado estás.

Elemento esencial de la fe
Por el bautismo confesamos nuestra fe en la muerte y resurrección de Jesucristo. Damos testimonio de nuestra muerte al pecado y el propósito de andar en novedad de vida. Así, reconocemos a Cristo como nuestro Señor y Salvador, nos transformamos en parte de su pueblo y somos aceptados como miembros de su iglesia. El bautismo es un símbolo de nuestra unión con Cristo, el perdón de nuestros pecados y de haber recibido al Espíritu Santo. Es realizado por inmersión en el agua, y depende de una afirmación de fe en Jesús y de la evidencia del arrepentimiento del pecado. Es el paso que sigue a la instrucción de las Sagradas Escrituras y la aceptación de sus enseñanzas (Mat. 3:13-16; 28.19,20; Hech.2:38; 16:30,33; 22:16; Rom. 6:1-6; Gál. 3:27; 1Cor. 12:13; Col. 2:21; 1Ped. 3:21).

El significado del bautismo
Del griego baptisma (bautismo) que significa “inmersión”, puesto que es exactamente esta la etimología del verbo baptizein (sumergir, hundir). Bautizar, por lo tanto, debe ser semánticamente comprendido como el acto de sumergir un cuerpo dentro de un recipiente, un tejido para ser teñido en líquido colorante, por ejemplo. Por extensión, la acción de sepultar un muerto, también refleja entera y perfectamente todo el significado de la palabra bautismo.

Hay, sin embargo, un significado teológico que se proyecta más allá de la sepultura (muerte) y de la inmersión en el agua. La muerte de Jesús significa poco si es considerada de forma aislada. Lo que hace que la muerte de Jesús sea tan gloriosamente diferente es su resurrección. Y esa es exactamente la idea claramente implícita en el bautismo (Col. 2:11,12). La resurrección es el punto básico de la fe cristiana (1Cor. 15:14). Cristo afirmó que él mismo es la resurrección y la vida (Juan 11:25)

La inmersión necesita ser completa para que haya verdadero bautismo, ya que el significado mayor de este debe ser encontrado exactamente en la resurrección después de la muerte con Jesús, representada por la inmersión (Efe. 2:1,5;  Col. 2:13). Así como la resurrección revierte la muerte, el emerger del agua, revirtiendo la inmersión, identifica al converso, no solamente con la muerte, sino -principalmente- con la resurrección de Cristo (Rom. 6:3). La segunda etapa (emerger/resucitar) no puede ocurrir sin que antes se dé la primera (inmersión/sepultura).

Los bautismos narrados en el Nuevo Testamento llevan a la irrefutable conclusión de que se llevaron a cabo bajo la forma del bautismo por inmersión. Entre los ejemplos que pueden ser mencionados se destaca, principalmente, el bautismo al que el mismo Jesús se sometió personalmente (Mat. 3:16; Mar. 1:9,10). La expresión “subir del agua” encontrada en estas referencia, no deja la menor sombra de duda de que Jesús realmente fue bautizado por inmersión. Lo mismo se aplica al bautismo del Etíope por Felipe (Hech. 8:36-39)

Un solo bautismo
En el mundo religioso, el bautismo es considerado una parte importante de la doctrina. cuando se les pregunta al respecto de esto, muchos citan las palabras del apóstol Pablo, en Efesios 4:5, para mostrar su importancia. El apóstol Pablo afirma que hay un solo bautismo. No es necesario mirar muy lejos para ver grupos religiosos con diferentes tipos de bautismos e ideas en relación con este asunto. Algunos bautizan niños. Algunos asperjan o derraman agua sobre la cabeza de los creyentes. Otros enseñan que el bautismo es simplemente un acto para mostrar a qué iglesia pertenece. ¿Dónde, pues, podemos encontrar ese “único bautismo”? En medio de la confusión religiosa con respecto al bautismo, solamente podemos encontrar la verdad al regresar a la enseñanza del Nuevo Testamento.

Es por medio de este acto que Dios añade a los verdaderos creyentes a su familia (Hech 2:38,47). Muchos han intentado enseñar que el bautismo no es esencial. Pero Cristo lo vinculó al discipulado: “Vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mat. 28:19).

La Biblia menciona diversas personas que fueron bautizada: Crispo (Hech 18:8), el eunuco etíope (Hech. 8:36-38), Saulo  (Hech. 22:16), el carcelero de Filipos (Hech. 16:25-34) son los ejemplos más conocidos. En vista de estos pasajes, percibimos que el Nuevo Testamento enseña que el bautismo es esencial en el plan de Dios para el ser humano.

Jamás debemos olvidarnos de que es a través de la gracia de Dios que podemos tener la salvación. Por causa de su amor por nosotros, enviando a su hijo, tenemos esperanza de vida eterna. También debemos recordar que Dios espera obediencia a todas sus instrucciones. Sea la del rito del bautismo o cualquier otra, tenemos que cumplirlas exactamente de la manera como él lo determinó.

Más que un simple simbolismo
En la conversación con Nicodemo, Jesús le resaltó la importancia y el significado del bautismo. “Quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios. […] Quien no nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:3,5). Por lo tanto, de acuerdo con Jesús, necesitamos nacer “de agua y del Espíritu”. “Nacer del Espíritu” significa entrar en una nueva vida mediante un cambio de mente y corazón. Por involucrar un tipo de experiencia completamente nueva, y no solamente un perfeccionamiento del viejo estilo de vida, el acto de formar parte del Reino de Dios es denominado nuevo nacimiento. El bautismo en las aguas es un símbolo exterior que retrata el cambio interior.

Nuestra salvación es posible en virtud de tres grandes actos de Cristo: Cristo MURIÓ por nuestros pecados, fue SEPULTADO y RESUCITÓ  al tercer día (Col. 15:3,4). Cristo hizo posible nuestra salvación mediante su muerte, su sepultura y su resurrección. “¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús, en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte? Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una nueva vida” (Rom. 6:3,4).

Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y entonces resurgió de la tumba para hacernos posible una nueva vida de justicia. Al ser bautizados estamos simbólicamente participando de su muerte, sepultura y resurrección. El bautismo significa que morimos al pecado con  Cristo, que sepultamos nuestra vida de pecado con él y que estamos resurgiendo para vivir una nueva vida en él. La muerte y la resurrección de Jesús se transforman en  nuestra propia muerte y resurrección. Dios puede hacer que muramos al pecado y que nuestra vida antigua sea crucificada. Él puede resucitarnos para las cosas del Espíritu.

De acuerdo con Jesús, el bautismo es esencial para aquellos que desean entrar en el cielo: “Quien no nazca de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5).

Los que oyeron el sermón del apóstol Pedro el día del Pentecostés preguntaron: “Hermanos, ¿qué debemos hacer?. Respondiéndoles Pedro les dijo: “Arrepiéntanse y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados” (Hech. 2:37,38). “Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos” Hech 2:47).

Si todavía no eres bautizado, ¿qué te falta para obedecer este mandamiento del Señor? Si alguien  no tiene ningún impedimento para ser bautizado y no acepta el bautismo, con esa actitud está diciendo que no desea unirse a Cristo ni a su iglesia. Y sin la unión con Cristo es imposible ser salvo. ¿Cuál es tu situación frente a esta afirmación?

Para reflexionar:
Como miembro bautizado del cuerpo de Cristo debes ser vivificado y santificado diariamente con el bautismo del Espíritu Santo. Es imposible vivir como una nueva criatura y cumplir los votos bautismales sin esa experiencia. De acuerdo con lo que aprendimos en el Seminario de Enriquecimiento Espiritual III, en ocasión del bautismo en las aguas también somos bautizados con el Espíritu Santo y comenzamos nuestra carrera cristiana. Cuando estamos orando, leyendo, meditando y alabando en las primeras horas de la mañana, el Espíritu Santo continúa bautizándonos y concediéndonos poder para que actuemos de tal manera que en todo glorifiquemos el nombre de Dios durante este día.

¿Cómo te ayuda en tu vida, en la de tu familia y en la de las personas que te rodean el hecho de que hayas sido bautizado en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo?

Piensa y Ora sobre esta verdad durante las próximas 24 horas.

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