Vosotros pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy el pan nuestro de cada día. Perdona nuestras deudas, como nosotros también perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por todos los siglos. Amén. Mateo 6:9-13
Esta es la oración más repetida en la cristiandad pero a su vez la menos conocida. Es la oración modelo porque Jesucristo dijo: Ustedes deben orar así. Cada frase contiene un mensaje que dejó el Maestro para sus discípulos y para los creyentes de todos los tiempos; inclusive para ti y para mí, que vivimos en el siglo XXI…
Un niño llamado Daniel, creció en el sur de Veracruz. Y aunque vivía rodeado de muchos niños, con los cuales jugaba, iba al templo y tenía muchas aventuras, pero había un problema. Ellos tenían padres, pero Daniel no. Muchas veces le preguntó a su mamá porqué sus amigos tenían padre y el no. ¿Quién era su padre? ¿Podía conocerlo? Le respuesta era siempre la misma: Tu padre terrenal murió cuando eras muy pequeño, pero tienes un Padre mayor, tu Padre celestial. Por consejo y norma maternal, aprendió a respetar y obedecer a los mayores, a sus tíos y vecinos, hombres piadosos de la comunidad que él conocía como si hubieran sido sus padres. Ya en la escuela, los “padres” a quienes debía respeto y obediencia fueron sus maestros y mentores, hombres que dejaron huella de excelencia, respeto y amor en su mente y su corazón. Sin embargo, aunque podemos llegar a tener una afinidad con algunas personas y así como en el caso de este niño Daniel, poder adoptar una lista de “padres terrenales” quienes le cuidaron y guiaron.
¿Porqué mucha gente no conoce realmente a Dios?
Padre justo, aunque el mundo no te ha conocido, yo te he conocido; y ellos han conocido que tú me enviaste. Yo les di a conocer tu nombre, y seguiré dándolo a conocer, para que el amor con que me has amado esté en ellos, y yo en ellos. Juan 17:25-26
Juanita era una joven estudiante de la Ciudad de México. Había viajado para estudiar en la Universidad. Tenía lo esencial para vivir entre miles de estudiantes, pero le faltaba algo: alimentar su espíritu. Sentía un vacío en su alma. Sus padres la habían enseñado a rezar el Padrenuestro pero no conocía a ese Padre el cual menciona esa oración. En cierta ocasión un amigo suyo la invitó a un día de recreación con otros compañeros. Aquel domingo hicieron deporte, platicaron y comieron juntos. Juanita vio y sintió que esos jóvenes y señoritas eran diferentes. En los días siguientes fue invitada a un grupo de estudio de la Biblia. Con ellos aprendió cómo estudiar la Palabra de Dios y conocer en plenitud a Dios, a Jesús y el Espíritu Santo. Cuando Juanita terminó sus estudios universitarios se casó con un joven ingeniero que pertenecía a ese grupo y llegó a ser una joven esposa cristiana. Su historia nos recuerda el caso de millones de personas que han repetido incluso orado al Padre Celestial sin conocerlo realmente. Una de las características del Padre de la oración modelo es que a través de la historia humana se ha revelado a sí mismo. Se revela en la naturaleza, la Biblia y a través de su Hijo Jesús. Para reconocer a Dios como nuestro Padre celestial, es necesario conocerlo y saber quién es. Nombrarlo correctamente. Tener una relación familiar con él, amarlo y obedecerlo. Por toda la Biblia el Dios verdadero reúne, salva y redime.
¿Cómo podemos saber que adoramos al verdadero Dios?
El Señor en las alturas es más poderoso que el estruendo de las muchas aguas, más que las recias olas del mar. Tus testimonios son muy firmes. La santidad adorna tu casa, Señor, por los siglos y para siempre. Salmo 93:4
Cierto rey de la antigüedad tenía un hijo, al cual le había asignado una pensión anual. En una determinada fecha del año, el hijo visitaba a su padre y éste le entregaba la suma establecida. Pero al cabo de unos pocos años, el único día que el padre veía a su hijo era cuando éste iba a retirar su dinero. Entonces el rey cambió de proceder, y comenzó a darle a su hijo un poco cada día, lo que él necesitaba para el sustento diario. De esta manera, el joven príncipe debía visitar cada día a su padre… De igual manera, si no aprendemos a convivir con nuestro Padre Celestial día tras día no le conoceremos realmente.
Cuando David pastoreaba sus ovejas, permanentemente recordaba que él mismo era pastoreado por el Señor. Se sentía unido a él. Estaba siempre consciente de la presencia de Dios en su vida. De ahí que escribiera en primera persona: El Señor es mi Pastor. Porque lo sentía como propio. Es como si hubiese dicho: Dios es mi Padre; no soy huérfano; él está conmigo y se ocupa de mí. Y esta seguridad lo llenaba de gozo, como lo expresó en otro de sus salmos: “En tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra para siempre ( Salmo 16:11) ¿Con qué frecuencia vamos al Padre? ¿Alegramos su corazón y fortalecemos nuestro espíritu hablando cada día con él? Cuando el amante Padre nos encuentra hundidos en el pesimismo o el rencor, nos toma en sus brazos y nos colma de salud espiritual. Su amor no conoce límite. El se interesa por cada uno de nosotros, nos conoce por nombre, sabe qué hacemos , dónde vivimos y cómo nos sentimos.
De acuerdo a las palabras de Jesús, ¿cuál es el valor que Dios le da a cada ser humano?
¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin que lo permita vuestro Padre. Aun vuestros cabellos están todos contados. Mateo 10:29-30
Cuando oramos o meditamos en el Padrenuestro, podríamos llegar a preguntarnos cómo se llama nuestro Padre celestial. En una ocasión Moisés le dijo a Dios: Si yo voy y les digo a los hijos de Israel: El Dios de sus padres me ha enviado a ustedes, qué voy a responderles si me preguntan: ¿ Y cuál es su nombre? Dios le respondió a Moisés: YO SOY EL QUE SOY ( Éxodo 3:14,14) En la Biblia aparecen distintos nombres de Dios. La exitosa escritora Ann Spangler clasifica los nombres de Dios de acuerdo a su naturaleza y carácter. Ella enlista 52 nombres y títulos dados a Dios en la Biblia. Y uno de los nombres y títulos más impactantes que se le da a Dios en la Biblia es el de Abbá o Padre. Jesús habló de Dios como su Padre unas 156 veces, la primera fue cuando dijo: ¿Acaso no sabían que es necesario que me ocupe de los negocios de mi Padre? (Lucas 2:49) La última vez quedó registrada en el Evangelio de San Juan: “La paz sea con ustedes. Así como el Padre me envió, también yo los envío a ustedes” (Luc 20:21) Al invitar a sus seguidores que llamaran a Dios, “Padre”, convirtió esta apelación en el nombre primordial por el cual Dios debe darse a conocer a sus seguidores. Gracias a Jesús, podemos recitar sin temor la oración que enseñó a sus discípulos: “Padre nuestro, que estás en los cielos”
¿Qué seguridad tenemos en la Biblia de que nuestro Padre celestial, no es un Padre distante?
En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Si así no fuera, os lo hubiera dicho. Voy, pues, a preparar lugar, vendré otra vez, y os llevaré conmigo, para que donde yo esté, vosotros también estéis. Juan 14:2,3
Una vez un predicador, desarrolló su tema acerca de la promesa del cielo de Juan 14:1-3,según enseña la Biblia, el cielo es un lugar hermoso de paz y felicidad, donde Dios será nuestro Dios y nosotros seremos sus hijos. Al terminar la reunión, una dama se le aproximó y dijo: Usted debería haber predicado sobre nosotros aquí en la tierra. El cielo está muy lejos. Aquí es donde vivimos y sufrimos. Aquí es donde tenemos que trabajar duro para vivir. Donde tenemos enfermedades, accidentes y lágrimas”. Pero este predicador inspirado por el Espíritu Santo le dio esta contestación: Es cierto, el cielo está muy lejano, pero Dios está muy cerca de nosotros. Tan cerca como la rodilla al suelo. Únicamente hace falta creer y obedecer. En el Padrenuestro, Jesús enseñó a llamar a Dios “Padre”. Un buen padre procura estar cerca de sus hijos, por amor y responsabilidad. Dios, mediante el profeta Isaías, dijo:
Yo habito en las alturas, en santidad, pero también doy vida a los de espíritu humilde y quebrantado, y a los quebrantados de corazón (Isaías 57:15)
Notas y referencias
Daniel Sosa Reyes,El Padrenuestro
Enrique Chaij, A pesar de todo ¡No nos falta nada!


