Yo Soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, sin embargo murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que quien coma de él, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo. El que come de este pan, vivirá para siempre. El pan que daré por la vida del mundo es mi carne. Juan 6:48-51
En Mateo 6:11 está escrito “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. El tema de la comida o la alimentación es un tema global. Incumbe a todos. Se supone que todo ser viviente en la tierra come cada día. Las células se nutren o mueren. De allí la importancia de la frase, en la oración modelo: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. ¿Cuánto alimento o comida se necesitará cada día para los 7 mil millones de habitantes de este planeta? Mucho, ¿verdad? Si recordamos que también los animales necesitan comer cada día, el asunto se complica. La realidad es que Dios, bueno y Todopoderoso, tiene que ver mucho en la alimentación de todos los seres vivos del planeta. La alimentación es un tema de toda la Biblia. Comienza en Génesis y termina en Apocalipsis. La primera referencia de la comida es: Les he dado toda planta que da semilla y que está sobre toda la tierra, y todo árbol que da fruto y semilla. Ellos les servirán de alimento. (Génesis 1:29) y la última referencia indica el fruto y a las hojas del árbol de la vida y del agua de vida: “En medio de la calle de la ciudad, y a cada lado del río, estaba el árbol de la vida, el cual produce doce frutos y da su fruto cada mes; las hojas del árbol era para la sanidad de las naciones”. Se entiende también que la Biblia tiene referentes del alimento físico, pero también emocional y sobre todo espiritual.
¿Cómo revelan los salmos la dependencia que tenemos del amor, poder y la misericordia de Dios?
Los ojos de todos esperan en ti, y tú les das su comida a su tiempo. Abres tu mano y colmas de bendición a todo viviente. Salmos 145:15,16
Es interesante que la afirmación bíblica diga que Dios les da comida a todos los seres. Esto abre la imaginación de la cantidad de comida que se necesita diariamente para dar de comer a todos los animales, desde la más pequeña criatura, hasta el más grande. ¿Cuál es el más pequeño y el más grande? Si tu no lo sabes, te interesará la siguiente información: Para los científicos es complicado definir el animal vertebrado más pequeño pero todos los candidatos son peces. La bióloga Maurice Kottlelat de la Universidad Nacional de Singapur, descubrió una capa en miniatura de apenas 8 milímetros en la isla indonesia de Sumatra. Pero el biólogo Ted Pietsh de la Universidad de Washington, descubrió un rape macho que medía 6 milímetros en las aguas profundas del mar de Filipinas. Estas milimétricas criaturas también necesitan comer para vivir. Ahora bien, el animal más grande, sin discusión es la ballena azul, que puede tener más de 30 metros de longitud y pesar 136,000 kilos. Si un elefante come mucho, ¿cuánto comerá la ballena azul? Es casi increíble la cantidad de alimento que necesita Dios para alimentar a los animales. La declaración bíblica dice a todos y a su tiempo.
Dios usa agentes humanos y a los animales mismos para dar de comer. Este es un concepto que se pasa inadvertido: si tu eres padre, trabajas para ganar recursos financieros y comprar comida; al llevar los comestibles a casa, tu eres el medio de Dios para dar de comer a tu familia. Si tu eres una esposa y madre, al preparar los alimentos y servirlos a cada uno de tus hijos y a tu esposo, tu eres la “mano de Dios” para darles de comer. En cambio si tu eres un niño o joven y tienes una mascota, perro, gato, perico, lo que sea, cuando le das de comer y de beber, tú eres el agente de Dios para dar de comer a esos animalitos. Todo el que da de comer debe tener la responsabilidad, gusto y prontitud. Se puede pensar también en las organizaciones filantrópicas, los gobiernos y las organizaciones mundiales, cuando dedican recursos financieros y humanos para dar de comer a sus pueblos y enseñarlos a producir, así como reservas ecológicas de fauna y flora, todos ellos son los agentes de Dios para dar de comer a sus criaturas. Cuando se ora: EL pan nuestro de cada día, dánoslo hoy, se debe agradecer a Dios y a los que ayudan. Porque ellos son la mano de Dios en la tierra para alimentar.
El papel divino y el humano se ilustran bien en la historia bíblica de la multiplicación de los panes y los peces. ¿Cómo solucionó Jesús el hambre en aquella ocasión?
Mateo 14:15-20 Al atardecer, se acercaron a él sus discípulos, y le dijeron: El lugar es despoblado, y ya es tarde. Despide a la gente, para que vayan por las aldeas, y compren de comer. Pero Jesús les dijo: No necesitan irse. Dadles vosotros de comer. Ellos respondieron: Tenemos aquí solo cinco panes y dos pescados. Y él les dijo: Traedlos acá. Entonces mandó a la gente que se recostara sobre la hierba. Y él tomó los cinco panes y los dos pescados, alzó los ojos al cielo, y los bendijo. Después partió y dio el pan a los discípulos, y ellos a la gente. Y comieron todos, y se saciaron. Después juntaron los pedazos sobrantes, y llenaron doce cestas.
De la historia de la alimentación milagrosa que hizo Jesús con sólo cinco panes y dos peces, podemos sacar varias lecciones: una de ellas es que, la imposibilidad del hombre, es la posibilidad divina. Jesús, que es Dios, resolvió el problema. Pero dejó algunas lecciones:
1.- Orar antes de comer. Es una buena costumbre del creyente. Hay que dar gracias a Dios por los alimentos cada día. Con la bendición de Dios, los alimentos se multiplican y son mejores.
2.- En la cadena de distribución están las funciones de Dios y del hombre. Jesús ponía en las manos de los discípulos, y ellos lo repartían a la gente. Dios nos da para que demos. El egoísmo, la avaricia o la envidia, no deben existir en el proceso alimentario.
3.- A Dios no le gusta el desperdicio y el mal uso de los alimentos, pues dice la Biblia: “Cuando quedaron saciados, les dijo a sus discípulos: Recojan los pedazos que sobraron para que no se pierda nada”
4.- Los planes del hombre no son siempre los planes de Dios. Jesús quiso probar a sus discípulos, para que por medio de este milagro pudieran comprender la obra que ellos mismos tendrían que realizar en un futuro, al darles alimento físico y espiritual a todos los que lo necesiten.
Uno de los dilemas mayores en la actualidad es la malnutrición. El problema es complejo y global. Por ejemplo, en algunas regiones del mundo el “pan de todos los días” es la falta de pan. Miles de niños esta misma noche irán a la cama con hambre. Por el otro lado, hay regiones donde el sobrepeso y la obesidad se han disparado. Es tan complejo el asunto de la alimentación, que se organizó la ONU para tener una dependencia exclusiva para solucionar los problemas de la alimentación y la agricultura a nivel mundial. Las estimaciones más recientes de este organismo indican que el 12.5% de la población mundial está desnutrida, que el 26% de los niños del mundo padecen de retraso de crecimiento, pero que la mayoría de los países arrastran múltiples tipos de malnutrición. Los contrastes son claros. Por un lado falta de comida, por el otro, exceso de comida. ¿Cómo poder entender esos marcados contrastes?
¿Cómo describió Jesús que el asunto de los excesos y la escasez en el mundo es el resultado de un problema espiritual, de la idolatría en el corazón humano?
Mirad por vosotros mismos, que vuestro corazón no se cargue de glotonería y embriaguez, y de las preocupaciones de esta vida, y aquel día venga de repente sobre vosotros. Lucas 22:34
Con frecuencia, concentramos más nuestro pensamiento en lo que quisiéramos tener que en lo que ya poseemos. Y así nos excedemos en nuestras ambiciones, nos sentimos insatisfechos, y perdemos la alegría de la vida. Pero sobre todo, perdemos el sentido de la gratitud hacia lo que recibimos cada día del Padre celestial. Es por eso que al pedir “cada día nuestro pan cotidiano”, implícitamente estamos pidiendo las cosas necesarias del día a día , y estaremos cultivando un espíritu de contentamiento, y dependencia constante en nuestro Dios. ¿Solemos valorar lo que tenemos, aunque no sea una gran abundancia material? La salud, el trabajo, la familia, el alimento y el amor que recibimos cada día de Dios, ¿despiertan gratitud en nuestro corazón? Por eso David el salmista, a pesar de sus muchas luchas valoraba lo que tenía, y llegó a decirse a sí mismo: ¡Alaba, alma mía, al Señor; y alabe todo mi ser su santo nombre! ¡Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios! (Salmo 103:1,2) Piensa en este preciso momento, ¿te está faltando algo en particular? Pídeselo al Buen Pastor Jesús, con la humildad de la oveja, y con la confianza que él te inspira.
Notas y referencias
Daniel Sosa Reyes,El Padrenuestro
Enrique Chaij, A pesar de todo ¡No nos falta nada!


