Si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial os perdonará también a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas. Mateo 6:14,15
Una vez al salir de un supermercado un hombre, se movía dentro de una multitud de compradores y vendedores. Casi le era imposible caminar y llevar la cortadora de césped que había comprado unos minutos antes. La familia delante de él caminaba con lentitud. De pronto, con la parte delantera de la cortadora de césped, el hombre alcanzó los zapatos de la señora que iba caminando exactamente enfrente de él. El incidente fue leve, pues la dama no miró hacia atrás. Sin embargo, su esposo que iba a su lado, se dio cuenta y le reclamó muy enojado. Asustado el hombre que llevaba la cortadora le dijo: “Disculpe, no fue mi intención”… Pedir perdón por lo que hacemos erradamente a nuestros semejantes, es algo de rutina, que hasta se ha convertido en una frase de cortesía, civismo o urbanidad. Sin embargo, la frase que incluyó Jesús en el Padrenuestro: “Perdona nuestras deudas, como nosotros también perdonamos a nuestros deudores”, es más que eso. El perdón incumbe a todos los seres racionales del planeta. Pues desde la entrada del pecado a esta tierra, llegamos a ser ofensores y víctimas. Víctimas u ofensores. Es tan importante el tema del perdón que se han escrito muchísimos libros con diferentes enfoques y perspectivas. Pero la perspectiva bíblica es la que nos interesa…
En relación al orden, es decir, ¿quién perdona a quién primero, el ofensor o la víctima? ¿Qué nos dice Dios?
Sean mutuamente tolerantes. Si alguno tiene una queja contra otro, perdónense de la misma manera que Cristo los perdonó. Colosenses 3:13
El verdadero perdón es una expresión de amor o compasión. Dios nos amó primero. Amó y perdonó al mundo en general, pero también ama y perdona particularmente. El ruego a Dios: “Perdónanos nuestras deudas”, implica que Dios es la víctima, es decir: el ofendido. “Deuda” no se refiere a la falta de pago de una suma de dinero, se refiere a los pecados. El pecado es el mayor problema que Dios ha tenido en esta tierra. Este planeta es la oveja extraviada en todo el universo.
¿Cómo podemos entender el ofrecimiento de amor y perdón del Padre celestial?
En esto consiste el amor; no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. 1 Juan 4:10
Se piden disculpas y perdón cuando se ha roto una relación, cuando hay una ofensa, una traición, cuando se debería haber hecho algo bueno y se omitió, o al contrario, se hizo algo malo. Por lo tanto, para que vuelva la relación perdida, para que vuelva la paz, la reconciliación, es necesario un proceso de perdón por parte del ofensor que pide perdón y un proceso por parte de la víctima, quien acepta o no el perdón. En el caso de Dios, a quien los pecadores han ofendido, el proceso se llama plan de salvación. Desde que Adán y Eva pecaron, Dios tomó la iniciativa para que ellos volvieran a él. Inició el proceso de perdón al buscarlos. Y dice la Biblia: Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo: ¿Dónde andas?… Como en el Edén, Dios aún busca al pecador. Quiere tener un encuentro personal. La iniciativa divina está cargada de piedad, compasión, amor. Como un padre amoroso cuando el hijo se ha ido, toma la iniciativa de la reconciliación. En la parábola de la oveja perdida, el pastor sale en busca de una oveja -el menor número que podía mencionarse. Al descubrir que falta una oveja, no mira con negligencia el rebaño que está albergando en seguridad, ni dice: Tengo noventa y nueve, y me costaría demasiada molestia salir en busca de la extraviada. Cuando vuelva la oveja, le abriré la puerta del redil y la dejaré entrar. Pero eso no hace el pastor. Apenas se extravía la oveja, el pastor se llena de pesar y ansiedad. Dejando las noventa y nueve en el redil, sale en busca de la que se perdió. Por oscura y tempestuosa que sea la noche, por peligroso e incierto que sea el camino, por larga y tediosa que sea la búsqueda, no se desalienta hasta encontrar la oveja perdida.
¿Cuál es el ofrecimiento de restauración que nos hace el buen Pastor?
Venid entonces, y razonemos -dice el Señor-. Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos. Aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Isaías 1:18
El perdón de parte de Dios gira en torno a la vida y la muerte de Jesús en la cruz, su resurrección e intercesión actual a favor de los creyentes en el Santuario celestial. El tema de la redención, el perdón y la salvación, es el tema que como un hilo de oro se encuentra en toda la Biblia desde el Génesis hasta el Apocalipsis.
¿Cómo describe el profeta Isaías, lo que tuvo que hacer Jesús para que nosotros tuviéramos acceso al perdón?
Sin embargo, él llevó nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores. Y nosotros lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Pero él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. El castigo que nos trae paz, lo cargó él, y por su llaga fuimos sanados. Isaías 53:4,5
Estudios recientes han demostrado que el perdón está relacionado con la salud física y emocional. El ministro Michael Barry, que se ha dedicado a estudiar el poder sanador del perdón como una atribución de Dios, ha descubierto lo que los científicos escépticos llaman “remisión espontánea” ( como, por ejemplo, la que ocurre cuando un tumor canceroso desaparece de repente). Barry ha llegado a la conclusión de que el estrés por falta de perdón tiene un efecto negativo sobre el sistema inmunológico. El perdón, por otro lado, tiene un efecto inmediato y saludable, un beneficio a largo plazo que fortalece al sistema inmunológico, y tiene un efecto positivo en el proceso de sanidad. Por otro lado, Cristina Puchalski profesora de la facultad de medicina de la Universidad de Washington, ha recopilado los estudios más recientes sobre la falta del perdón e identificado algunas de las características comunes de las personas que no perdonan:
- Aumento de ansiedad
- Paranoia
- Narcisismo
- Aumento de enfermedades cardiacas
- Menor resistencia a las enfermedades físicas
- Aumento en la depresión.
Y las personas que sí practican el perdón muestran:
- Menos ansiedad y depresión
- Mejores desenlaces clínicos
- Mejores modos de disminuir el estrés
- Más cercanía de Dios y a los demás.
¿Qué buen consejo nos otorga la Biblia, para no vivir pensando en las ofensas que hemos recibido en el pasado?
Filipenses 3:13,14 Hermanos, no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago, olvido lo que queda atrás, me extiendo a lo que está delante, y prosigo a la meta, hacia el premio del soberano llamado celestial en Cristo Jesús.
Ofender o que nos ofendan, tiene su precio. Para volver por la autopista de la paz, rehacer una relación perdida, con Dios y nuestros semejantes, llegamos a la caseta de cobro y hay que pagar. Es de valientes reconocer, confrontar, arrepentirse y confesar. Todo es posible con la ayuda de Dios.
¿Cuál debe ser nuestra actitud ante las ofensas que otros nos hacen?
En lo posible, en cuanto dependa de vosotros, vivid en paz con todos. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, antes dad lugar a la ira de Dios. Porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Romanos 12:18-19
Uno de los pecados más comunes y que produce los resultados más desastrosos es el sometimiento a un espíritu no perdonador. ¡Cuántos albergan animosidad o deseos de venganza y acto seguido se inclinan delante de Dios para pedirle que los perdone como ellos perdonan!. Ciertamente no pueden tener una verdadera comprensión de la importancia de esta oración, pues si así no fuera no se atreverían a pronunciarla. Dependemos de la misericordia perdonadora de Dios cada día y a cada hora. ¿Cómo podemos, entonces, albergar amargura y malignidad hacia nuestros semejantes pecadores?. El que no perdona suprime el único conducto por el cual puede recibir la misericordia de Dios. No debemos pensar que a menos que confiesen su culpa los que no han hecho daño, tenemos razón para no perdonarlos. Por mucho que nos hayan ofendido, no debemos pensar de continuo en los agravios que hemos sufrido ni compadecernos de nosotros mismos por los daños. Así como esperamos que Dios nos perdone nuestras ofensas, debemos perdonar a todos los que nos han hecho mal
Notas y referencias
Daniel Sosa Reyes, El Padrenuestro
Enrique Chaij, A pesar de todo ¡No nos falta nada!


