Desde antes de crear el mundo Dios nos eligió, por medio de Cristo, para que fuéramos sólo de él y viviéramos sin pecado. Dios nos amó tanto que decidió enviar a Jesucristo para adoptarnos como hijos suyos, pues así había pensado hacerlo desde un principio. Efesios 1:4-5 TLA
Creo que todos estamos buscando algo más que un buen empleo; estamos buscando nuestra vocación. El tiempo es precioso, y consumimos demasiado de nuestras vidas tratando de salir a flote. Quizá necesitamos ver nuestra identidad de una manera más duradera. Parte de aprender a vivir la voluntad de Dios para nuestra vida incluye conocer la diferencia entre la vocación y la carrera. La palabra vocación proviene del latín vocare, que significa “llamar o convocar” Hablamos de concientizarnos de una vocación como “sentir un llamado” o “escuchar una voz”. Una carrera es meramente una categoría laboral. Comparemos dos respuestas de estudiantes que fueron interrogados acerca de la razón por la que eligieron ingresar a la carrera de enfermería. Uno profesó: “Ingresé a enfermería porque las horas de trabajo son flexibles, puedo viajar y la remuneración es bastante buena”, mientras otra respondió: “Voy a ser enfermera porque quiero ayudar a las personas que están enfermas o adoloridas, puedo prestar atención a los detalles y está acorde con mi estilo de vida”. La primera declaración parece estar enfocada en la manera de acomodar la vida con el trabajo. La segunda declaración conlleva un sentido de llamado. La mayoría de las personas quieren trabajar de una manera que refleje quiénes son. Una de las señales de la adultez es un deseo por algo que hace la diferencia, al igual que algo que tiene sentido… En el centro nuestra búsqueda del plan de Dios para nuestras vidas, se encuentra una curiosidad acerca de quiénes somos. Y lo maravilloso del este asunto es que Dios sabe quiénes somos desde antes de que naciéramos. ¿Cómo describió David la realidad de los conocimientos de Dios acerca de nosotros?
Tus ojos veían mi embrión, todo eso estaba escrito en tu libro, habías señalado los días de mi vida, cuando aún no existía ninguno de ellos. Dios, ¡cuán preciosos me son tus pensamientos! Salmo 139:16,17
Po Bronson escribía para programas de televisión y columnas de revistas hasta que sus oportunidades disminuyeron hasta el desempleo y se encontró a sí mismo buscando trabajo con su primer hijo en camino. Siendo escritor talentoso, Bronson podría haber encontrado trabajo fácilmente, pero sus preguntas acerca de lo que debía hacer lo impulsaron a pasar un año concentrado en la vida de personas que estaban pasando por una metamorfosis personal similar. Su investigación sacó a la luz historias de personas comunes en busca de propósito y dirección. Bronson explicó: “Buscando dirección y coraje en esta encrucijada, me interesé en personas que habían descubierto su verdadero llamado, o al menos aquellos que estaban dispuestos a intentarlo. Aquellos que pelearon con la seducción del dinero, la intensidad y lo novedoso, pero superaron su atracción. Aquellos que se separaron del coro para aprender el sonido de su propia voz”.
Pero a lo largo de nuestro estudio acerca de la voluntad de Dios hemos aprendido que debemos de percibir y escuchar nítidamente la voz de Dios que nos guía y nos alienta a cada paso de nuestra vida. Si alguna vez te preguntas acerca de si te encuentras dentro del plan de Dios o no, refresca tu memoria con la siguiente promesa: “el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”( Fil 1:6) Como creyentes en Cristo, nuestro sentido de quiénes somos está formado por más que simplemente lo que se encuentra en nuestros corazones
¿Cuál debe ser nuestra oración diaria?
Ordena mis pasos con tu palabra, y ninguna iniquidad se enseñoree de mí. Salmo 119:133
Hay una lección objetiva que nos llama a organizar nuestra vida según nuestras prioridades. Y esta ilustración es así: Colocamos una jarra de vidrio, un envase con arroz crudo y un montón de piedras. Esta jarra representa nuestra vida diaria; las piedras representan nuestros valores fundamentales, creencias y compromisos eternos; y el arroz representa todas las pequeñas cosas de la vida. Si vertimos el arroz en la jarra hasta llenarlo a la mitad, podemos llegar a la siguiente conclusión: Tomar la vida simplemente tal y como viene es como echar el arroz en la jarra: las cosas pequeñas pueden llenar la mitad de nuestras vidas. Pero de vez en cuando sentimos la convicción de que necesitamos algo más sustancial por lo cual vivir, así que intentamos meter las piedras (nuestros principios y valores fundamentales) con el arroz. Intentaríamos agregar las piedras a la jarra, pero debido a que está medio llena de arroz, solo podemos colocar algunas piedras. Y la explicación es: que podemos llegar a colocar algunas piedras, pero inevitablemente algunas tendrán que quedar afuera. Algunas personas viven de esta manera, sin saber cómo integrar las cosas más importantes a sus vidas ajetreadas. Cuando vaciamos la jarra, y colocamos todas las piedras adentro de ella y lentamente colocamos la misma cantidad de arroz, llenando las grietas y espacios entre las rocas- podemos llegar a la siguiente conclusión: Quizá la mejor manera es comenzar con las piedras, asegurándose de que todas entren. Los mejores antídotos para la impaciencia son la confianza en Dios y hallarse siempre ocupado en lo que tiene valor ante Dios y para el prójimo. Entonces, al vivir nuestra rutina diaria, las cosas de la vida entran en los espacios. Esto es lo que llamaríamos “una vida bien ordenada”. ¿Cuál debe ser nuestra elección para encontrar la felicidad plena y cumplir la voluntad de Dios?
Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en Jehová. Y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará. Salmo 37:3-5
Descubrir qué significa vivir la voluntad de Dios para tu vida es más un proceso que una revelación dramática. El intercambio y la interacción con Dios en el camino hacia donde sea que él te está guiando es un canje, un canje de palabras, preocupaciones, valores y deseos que unifican tus propósitos. En nuestras pruebas y luchas, quizá en vez de preguntar por qué, nos podríamos preguntar cómo podemos glorificar a Dios en la circunstancia actual. Cuando estamos enfrentando situaciones adversas en nuestra vida, sentimos que la vida se “desacomoda”, que las piezas del “rompecabezas” que conforman nuestros planes han sido sustituídos por el caos, pero recordemos que aun cuando la vida nos golpea, aquellos creyentes que tienen un espíritu enseñable ascienden más alto y descubren otras maneras de avanzar… Un termómetro simplemente mide la temperatura del ambiente. Un termostato contiene el estándar ideal y acciona los recursos necesarios para alcanzarlo. No importa la vocación a la que entres ¡ piensa como un termostato! Pablo instó a todos los creyentes a ser termostatos con su apelación que dice: Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto. ( Romanos 12:2) No cabe duda, el desafío es inmenso, pero Dios proveerá su ayuda; sus bendiciones serán inconfundibles.
Es tentador simplemente dejar que el mundo determine qué opciones son alcanzables y cuales son imposibles. Cuando Jesús se encontró con un hombre paralítico sentado al borde del estanque, le preguntó: ¿Quieres ser sano? (Juan 5:6) Entiendo perfectamente la frustración del hombre enfermo. La adversidad fácilmente provoca la impotencia. Cuando perdemos el control de uno de los aspectos de nuestras vidas, nos sentimos como si hemos perdido el control de todo y nos volvemos esclavos de nuestras circunstancias. En el caso bíblico, la respuesta del hombre enfermo a Jesús pone en evidencia que se sentía de esa manera: “Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo” Jesús le dio una forma alternativa de sanarse en la que él no había pensado antes, y fue sanado. El hombre podría haberse detenido a dudar, y haber perdido su única oportunidad de sanar. Pero creyó la palabra de Cristo, y al obrar de acuerdo con ella recibió fuerza. Por la misma fe podemos recibir curación espiritual y recibir la oportunidad de recibir el orden en nuestra vida.
Charles Spurgeon predicó un sermón muy útil llamado: “La vida bien ordenada”. Y su lectura bíblica era el Salmo 119:133 “Ordena mis pasos con tu palabra, y ninguna iniquidad se enseñoree de mí”. En otras palabras David estaba diciendo: Señor, dirige, endereza o encuadra correctamente mis pasos. David, mirando en general a la naturaleza, vio el orden que reinaba por doquier en el cielo y en la tierra y aún entre las aves del cielo y los peces del mar. Deseaba, por lo tanto, ocupar su lugar y mantener la armonía del universo. Él no tenía miedo de ser objeto de burla por vivir por método y regla, pues vio que el método y la regla eran instituciones divinas. No aspiraba una vida al azar, ni envidiaba a los fomentaban el libertinaje. David no tenía deseo alguno de ser su propio maestro. Él deseaba ser gobernado en todas las cosas por la voluntad superior y enteramente perfecta. EN el versículo, el rey David se arrodilla en homenaje al Rey de reyes. Aquí vemos en la oración de David un deseo intenso por la dirección de Dios en cada aspecto de su vida. Al igual que David, muchos desean que Dios ordene sus pasos de tal manera que sus vidas tengan sentido y hagan una diferencia. No importa la etapa de la vida en la que nos encontremos una de las más maravillosas promesas es la de ser tocados por la perfecta y poderosa mano de Dios, y al permitirle al Padre celestial involucrarse en nuestra vida, veremos hecha realidad estas palabras:
Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus veredas.(Proverbios 3:6)


