La batalla final

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¿Quién de nosotros habitará con el fuego consumidor? ¿Quién habitará con las llamas eternas? El que anda en justicia y habla lo recto, el que rehúsa la ganancia de violencias, el que sacude sus manos para no recibir cohecho, el que tapa su oreja para no oír propuestas sanguinarias, el que cierra sus ojos para no ver cosa mala; este habitará en las alturas, la fortaleza de las montañas será su refugio; se le dará su pan, y su agua será segura. Isaías 33:14-16

En agosto de 1945 cayeron dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. El resultado fue que Japón se rindió rápidamente a los aliados y se produjo el fin de la Segunda Guerra Mundial. Poco después, en un mensaje pronunciado en las primeras horas del 2 de septiembre, el general Douglas McArthur expresó un pronóstico para el futuro: “Hemos tenido nuestra última oportunidad. Si no creamos un sistema mejor y más justo, el Armagedón está a las puertas”. Durante la llamada guerra fría, los comentaristas a menudo presentaban la amenaza de un holocausto atómico mundial como el “Armagedón que nos espera”. Y en la actualidad la palabra Armagedón se ha convertido en el pensamiento popular en sinónimo de una batalla final, catastrófica; o de una calamidad que puede exterminar la vida en la tierra. El Armagedón será de hecho la última batalla que se libre en la tierra, y tanto como el concepto como el nombre de la batalla provienen directamente del libro de Apocalipsis. La cuestión final en el largo conflicto entre Cristo y Satanás, entre el bien y el mal, se centrará en la lealtad, se enfoca a la lealtad y obediencia en los 10 mandamientos. Leemos en Apocalipsis capítulos 15 y 16 que la ira de Dios en la última hora de la tierra se manifestará en forma de 7 plagas, reservadas para quienes reciban la marca de la bestia o la marca de deslealtad a Dios . El “vino de la ira de Dios” es una extraña expresión para un Dios de amor. Pero, ¿De qué se trata exactamente?

Después miré, y vi que se abrió el santuario en el cielo, la tienda del pacto. Y salieron del santuario siete ángeles que llevaban siete plagas. Iban vestidos de lino limpio, y resplandeciente, con bandas de oro alrededor del pecho. Uno de los cuatro seres vivientes dio a los siete ángeles siete copas de oro, llenas de la ira de Dios, que vive para siempre jamás”. Apocalipsis 15:5-7

Dios no siente hostilidad hacia los pecadores. El vino de la ira de Dios es una expresión que indica el juicio de Dios contra el pecado. Él permite que cada cual tome su decisión eterna. El resultado lógico del pecado y la rebeldía es la separación de Dios, la fuente de la vida. Si el Señor permitiera que el pecado continuara para siempre, la rebelión se podría extender a todo el universo. Los juicios de Dios, las siete últimas plagas, caerán sobre los que se pierden como consecuencia de sus propias decisiones.

La primera plaga (Apoc 16:1,2) caerá sobre los que estuvieron dispuestos a recibir la marca de la bestia. ¿Por qué la recibieron? Porque querían obtener una seguridad de carácter material. La primera plaga pone de manifiesto la insensatez de confiar nuestra seguridad material a otro que no sea Jesús. La primera plaga declara que no hay ninguna seguridad física fuera de Cristo. ¿En qué consiste la 2ª y 3ª plaga?

El segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y se convirtió en sangre como la de un muerto, y murió todo ser viviente que estaba en el mar. El tercer ángel derramó su copa sobre los ríos y las fuentes de agua, y se convirtieron en sangre”. Apocalipsis 16:3,4

El mar es útil principalmente como vía para el comercio e intercambio internacional. Se ha sugerido que con la obstrucción de los viajes y el comercio internacional bajo esta plaga, Dios tiene el propósito de demostrar claramente su desagrado por el plan de Satanás de unir a las naciones bajo su dominio.

A continuación, el cuarto ángel derrama su copa, que provoca quemaduras a los impíos, por el fuego y un tremendo calor ( Apoc 16:8-9) Quienes reciban la marca de la bestia, sin darse cuenta, estarán aceptando el culto paga al sol al honrar un falso día de adoración ( el domingo). La cuarta plaga se refiere a la adoración verdadera, que solamente se realiza en Cristo. ¿En qué consiste la quinta plaga?

El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia, y su reino se volvió tenebroso, y se mordían sus lenguas de dolor. Apocalipsis 16:10

Los impíos buscarán la luz en la bestia, pero ahora andarán errantes en medio de las tinieblas. Jesús es “la luz del mundo” (Jn 8:12) Dice el Salmista: “Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero” (Salmo 119:105) La quinta plaga anuncia que la luz y la verdad provienen de Jesús. La oscuridad del error envuelve a los seguidores del Enemigo.

De acuerdo al estudio bíblico, todo parece indicar que las plagas serán sucesivas y no simultáneas, ya que sus efectos se superponen. Entonces se produce la sexta plaga. Apoc 16:13 Y vi salir de la boca del dragón, de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus impuros como ranas, que son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de todo el mundo, para reunirlos para la batalla de aquel gran día el Dios Todopoderoso. Pero en medio de tales pruebas, ¿Qué poderosa advertencia y también abarcante bendición se destacan en el texto bíblico?

Mirad que yo vengo como ladrón. ¡Bienaventurado el que vela y guarda su ropa, para que no  ande desnudo y vean su vergüenza. Apocalipsis 16:15

Los santos deben estar alerta, vigilando para que no sean engañados. Guardar las ropas es una expresión que quiere describir la acción de mantenerse fiel en su fe y carácter. El que guarda sus ropas es aquel que es plenamente leal a Dios. Aun cuando el destino de cada uno ya ha sido fijado al finalizar el tiempo de gracia, el pueblo de Dios no debe cesar en su vigilancia, sino permanecer alerta a medida que Satanás intensifica sus engaños.

Del pasado podemos aprender una lección que nos servirá para el futuro. Después que los hijos de Israel hubieran sufrido siglos de esclavitud en Egipto, llegó el momento para que Dios cumpliera su promesa de liberarlos de la esclavitud. El Señor envió a Moisés y Aarón a Faraón con un mensaje: “Deja ir a mi pueblo” (Ex 5:1). Y Faraón respondió: ¿Quién es el Señor, para que yo obedezca su voz y deje ir a Israel? . El Señor respondió a la pregunta de faraón de modo impresionante, por medio de diez plagas que cayeron sobre Egipto antes que Dios liberara a su pueblo. Pero, ¿qué pasó con los hijos de Israel durante este tiempo de gran sufrimiento y angustia en la tierra? Moisés y su hermano Aarón instruyeron a sus hermanos israelitas para que supieran cómo responder a la maravillosa intervención del Señor. En el día catorce del primer mes del calendario judío debían sacrificar un cordero y rociar con su sangre el dintel de la puerta de su casa. Esta señal no debía de tomarse livianamente. Marcaba con toda claridad la diferencia entre los que estaban dispuestos a confiar en Dios y los que dudaban y tenían miedo de declarar abiertamente su lealtad por temor a las represalias de los egipcios. Fue una noche de prueba para Israel y para los egipcios. Y así sucederá en los momentos finales de este mundo. Las plagas postreras caerán sobre aquellos que hayan rechazado la liberación y la salvación divinas ¿En que consiste la última plaga descrita en el libro de Apocalipsis?

Y el séptimo ángel derramó su copa por el aire. Y del santuario del cielo salió una gran voz desde el trono, que dijo: Hecho está. Entonces hubo relámpagos, voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande como no lo hubo jamás desde que existen hombres sobre al tierra… Y los hombres blasfemaron a Dios por la plaga. Apocalipsis 16:17-18,20

Dios ha dado un maravilloso panorama para quienes eligen seguirlo. A través de las edades hay múltiples promesas que nos deben dar la tranquilidad al enfrentar esos futuros acontecimientos. Las buenas nuevas de la Biblia nos dicen que si bien las plagas caerán, ¿Cuál será la seguridad de todos los creyentes?

Caerán mil a tu lado, y diez mil a tu diestra, pero a ti no llegará…Porque has puesto al Señor, que es mi refugio, al Altísimo, por tu habitación, no te vendrá mal, ni plaga tocará tu morada. Salmo 91: 7,9-10

Se cuenta la historia de un leñador que construyó una sencilla cabaña en un bosque. Un día, al regresar a su hogar después de la jornada de trabajo, quedó sorprendido y acongojado al encontrar su hogar reducido a un puñado de ruinas humeantes. Todo lo que quedaba eran unos pocos pedazos de madera calcinada y metal ennegrecido. Al dirigirse hacia el lugar donde había estado su viejo gallinero, descubrió solo un montón de cenizas y tela metálica quemada. Instintivamente, comenzó a remover los escombros. Entonces mirando hacia el suelo, sus ojos descubrieron algo curioso: un montón de plumas chamuscadas. Despreocupadamente las hizo a un lado con su pie. Cuatro pollitos emergieron rápidamente, habían sido amorosamente protegidos por el cuerpo de su amante madre. Dios utilizó el lenguaje más bello y significativo de las Escrituras para descubrir lo que hará por cada uno de sus hijos cuando sobrevengan las plagas finales: “Con sus plumas te cubrirá, debajo de sus alas estarás seguro”.

Nosotros ya sabemos cómo terminará la batalla del Armagedón, sabemos quiénes sobrevivirán, tal vez temblando, pero con una canción en sus labios. En Apocalipsis 15:3, el apóstol Juan menciona el nombre de ese canto:

“El canto de Moisés, y el canto del Cordero”. Los valientes héroes del conflicto final de la tierra, calificados para entonar el cántico de victoria, son “los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Apoc 14:12)

¡Qué privilegio pertenecer a este grupo! Muy pronto el sol saldrá en el último amanecer de la tierra, una áurea mañana cuando todos los conflictos habrán terminado para siempre, cuando nos reuniremos con nuestros seres queridos que nos arrebató la muerte, cuando Jesús regrese en indescriptible gloria para llevar a su pueblo al hogar celestial

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