Me rindo a ti

Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará. Mateo 21:44

Hay dos expresiones que son símbolo de derrota: “No puedo mas” “Me rindo”. Estas dos expresiones están entre las más deplorables y autodestructivas.

Una vez el ejército ingles se rindió ante los norteamericanos al final de la Guerra de Independencia en 1781, su banda de músicos tocó la pieza “El mundo al revés”, mientras las tropas se embarcaban en sus navíos para regresar a Inglaterra. Después de muchos años de luchar contra aquella rebelión; finalmente se rindieron…En el cristianismo, estamos familiarizados con el concepto de la rendición. De hecho, tenemos un himno que dice: “Yo me rindo a ti” ¿Qué significa esto? Es posible que cuando oigas ésta expresión: “Me rindo a ti” pienses en dejar de fumar, en que debes de dejar las bebidas alcohólicas. O tal vez sea tu mal carácter, y le digas: “Señor, te lo entrego todo, quiero decir, mi mal carácter. Señor quiero, obtener la victoria sobre mi mal temperamento”. O tal vez el adulterio, o el uso de lenguaje inadecuado,  o podría ser la deshonestidad.  ¿Pero le decimos a Dios, te entrego un asunto de mi vida a la vez? Y la respuesta es no, porque cuando admitimos nuestra impotencia y finalmente nos entregamos, lo que entregamos realmente es la idea de que podemos solucionar cualquier problema por nosotros mismos. ¿Cuál es la dinámica por la cual podemos obtener victorias para Dios?    

Ni tampoco ofrezcáis más vuestros miembros al servicio del pecado, sino ofreceos a Dios, como quienes han vuelto de la muerte a la vida; y ofreced vuestros miembros a Dios por instrumentos de justicia. Romanos 6:13

Con Cristo estoy crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó, y se entregó a sí mismo por mí. Gálatas 2:20

En una huelga, ambos bandos, los patrones y los empleados discuten asuntos. Los primeros desearían un salario limitado, y los obreros dirían: “!Absolutamente no! ¡De ninguna manera! ¡No cederemos un ápice! Nunca, nunca ,nunca.” Bueno, al final generalmente llegan a un acuerdo: Y los patrones ceden temporalmente en algunos puntos y en unas pocas y mínimas cláusulas aquí y allá. Ambos bandos están dispuestos a ceder en algunos detalles pero ninguno de los dos dice: “Cedemos en todo. Nos damos por vencidos. Tiramos la toalla y admitimos que este problema es muy grande para resolverlo nosotros”. Aquellos que se rinden en tiempo de guerra, como sucedió durante la Segunda Guerra Mundial, tratan de hacerlo poniendo condiciones. El perdedor dice: “Bueno, nos ganaron. Haremos esto: Nos damos por vencidos y les entregamos esto y aquello, y eso es todo”. Raramente verás a un ejército vencido que declare: “De acuerdo, lo entregamos todo. Nos rendimos por completo”. De hecho, este fue el punto crítico entre los aliados y Alemania. Los perdedores ofrecieron algunos términos semicondicionales, pero las victoriosas fuerzas aliadas demandaron una rendición incondicional. Esto es lo que queremos recalcar. Dios no te llama simplemente con el fin de recibir pocas cosas. El quiere que nos rindamos y reconozcamos la idea, de que no podemos hacer nada por nosotros mismos. Ahora bien, esto es algo muy difícil. Esto es algo que no podemos hacer. La autoentrega en un asunto imposible…Un hombre a quien se le dañó el claxon de su auto se dirigió a un taller de reparaciones. Al llegar encontró que las puertas estaban cerradas, pero había un letrero que decía: “Toque el claxon( bocina) para ser atendido”. Precisamente allí estamos. No podemos hacer nada, y lo vemos como una tarea descomunal. Entregarnos es imposible. ¿Cuál es la incentivación que recibimos de parte de Dios para entregárselo todo a él?

Entonces Pedro le dijo: “Nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido”. Jesús respondió: “Os aseguro que ninguno que haya dejado casa, hermanos o hermanas, padre o madre, esposa o hijos, o heredades, por causa de mí y del evangelio, dejará de recibir cien tantos ahora, en este tiempo, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y heredades, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna. Marcos 10:28-30

Sin fe es imposible agradar a Dios, porque el que se acerca a Dios, necesita creer que él existe, y que recompensa a quien lo busca. Hebreos 11:6

Los seres humanos no solamente somos criaturas imperfectas que necesitamos mejorar: somos rebeldes que necesitamos rendirnos, deponer nuestras armas y entregarnos diciendo “Lo siento; reconozco que estuve en el camino equivocado, y estoy listo a reiniciar mi vida desde abajo”. Es la única forma de salir del hoyo. Este proceso de entrega, este movimiento de rápido retroceso, es lo que lo la Biblia llama arrepentimiento” Pero escucha algo más: Arrepentirse no es del todo divertido. Es mucho más difícil que comerse un pastel. Significa despojarse de toda opinión propia y de la autosuficiencia en que fuimos instruidos durante muchos años. Significa aniquilar una parte de nosotros mismos, y experimentar una especia de muerte. Únicamente Jesús, el perfecto Hijo de Dios, estaba espiritualmente dispuesto a rendirse, a arrepentirse, y no necesitaba hacerlo. Pero Jesús se rindió perfecta y totalmente por nosotros en la cruz del Calvario. Él es quien nos ayuda a llevar a cabo la imposible tarea de entregarnos a nosotros mismos, o de rendirnos plenamente. Existe una idea muy común entre la gente creyente en Dios que dice así: Tu puedes entrar por la perta de una iglesia y sentarte en uno de los bancos, pero primero debes abandonar tus pecados y entonces acudir a Dios”. Esa es una mentira inventada por el mismo Enemigo. Si tu decides acudir a Jesús, solo existe una forma de hacerlo. Y es ahora mismo, tal y como tu eres, en este mismo momento. No tienes primero que dejar de mentir, dejar de maldecir, etc.. Si vas a entregarte, entrégate ahora mismo. Ven a Jesús tal y como estás. Eso es lo que realmente significa a rendirse. ¿Cuál debe ser nuestra petición diaria?

Mírame y ten misericordia de mí, como acostumbras con los que aman tu nombre. Afirma mis pasos en tu palabra, ninguna iniquidad se enseñoree de mí. Salmo 119:132-133

Imagina que vas caminando por la calle y un perfecto desconocido te pide 1000 pesos. Yo sé que tu respuesta sería: ¿ésta persona ha perdido la razón? Ni siquiera lo conozco. No le daría ni 100 pesos. Y es muy respetable esa actitud. Porque la confianza viene a partir del conocimiento. Para rendirnos a Dios, debemos confiar en él; al creer que Dios cumple sus promesas, al anhelar rendirnos a él todo será mucho más fácil.

Y sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero. Y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna. 1 Juan 5:20

Establecer una buena relación toma tiempo. ¿Cuánto? ¿Podemos conocer a Dios utilizando dos minutos diarios? Mediante una lectura monótona de un texto bíblico y con la mano puesta en el picaporte, ¿mientras salimos de la casa para un largo día de trabajo y escuela? Bueno, podrás edificar una amistad dedicando dos minutos diarios, pero no será una amistad muy profunda. Si pensamos seriamente en esta nueva relación, le dedicaremos más tiempo.

Establecer una relación diaria con Jesús debe ser una experiencia básica. De hecho, es todo lo que podemos hacer respecto a la salvación. Y a medida que exploramos los pasos de la salvación, concluimos que conocer a Dios es la clave de todo proceso:

Paso 1. Desear algo mejor

Paso 2. Saber que hay algo mejor, el don de la salvación de Dios.

Paso 3. Reconocer que somos pecadores, que necesitamos del plan de salvación.

Paso 4. Reconocer que somos incapaces de hacer nada respecto a nuestra salvación; que sencillamente nos rendimos.

Paso 5. Entregarnos.

¿Cómo logramos conocer a Dios? ¿Cómo tu puedes llegar a conocer a alguien? ¿Cómo pudiste conocer a la persona con la cual te casaste? “Dios es una persona, y puede ser conocido en grados ascendentes de familiaridad íntima. Y construimos esa amistad, como construimos cualquier otra: pasando tiempo juntos. Encontrándonos con la otra persona, entregándonos a la otra persona.

Podemos encontrar a Jesús a través del estudio de la Biblia y la oración. Cualquier parte de la Biblia que estés estudiando, cualquiera que sea el libro cristiano que estés leyendo, asegúrate de que todo te conduzca a Jesús.

Show Buttons
Hide Buttons