85° ANIVERSARIO DEL TEMPLO ADVENTISTA DE VALLARTA
(1938-2023)
FOLLETO CONMEMORATIVO
Una compilación de Neftalí Lázaro Carvallo
ORIGEN DE LA IGLESIA ADVENTISTA DEL SEPTIMO DIA
La Iglesia Adventista del Séptimo Día nació en los Estados Unidos de Norteamérica, algún tiempo después del chasco de 1844. Fue organizada el 21 de mayo de 1863, en algún lugar de Nueva Inglaterra. Las figuras pilares de los comienzos fueron Hiram Edson, James Springer White y su esposa Ellen G. White, Joseph Bates y John N. Andrews. Pero sus comienzos no fueron nada conciliadores, pues se dieron intensas discusiones entre sus iniciadores para llegar a un consenso. Lograda la conciliación, la Iglesia Adventista naciente emigró de Nueva Inglaterra a Battle Creek, Míchigan, en donde como una iglesia organizada comenzó a expandirse..
Elena de White y la expansión de la Iglesia Adventista
Aunque Ellen G. White (1827–1915) nunca ocupó un cargo jerárquico en la Asociación General, fue un personaje importante para la naciente iglesia. Junto a su esposo James White, y al pionero Joseph Bates, dirigieron la Iglesia hacia un enfoque basado en el trabajo misionero y médico, el cual sigue siendo de gran importancia para la iglesia en la expansión por todo el mundo. Fue así que, haciendo obra misionera médica, los Dirigentes de la Iglesia Adventista decidieron llevar el evangelio más allá de las fronteras de Estados Unidos..
LA IGLESIA ADVENTISTA EN MÉXICO
Primeras incursiones en territorio mexicano: Chadwick y Marchisio
Casi 30 años después de haberse organizado la Iglesia Adventista en Nueva Inglaterra, los Dirigentes estadounidenses decidieron expandirla por Latinoamérica. Pero fue hasta mediados del otoño de 1891 cuando Decidieron compartir el mensaje adventista con Latinoamérica, empezando por México.
Para ello, enviaron al Pr. L. C. Chadwick, quien viajó en tren desde Míchigan hasta Nuevo Laredo, de ahí a Monterrey, y continuó hasta llegar a San Luis Potosí. Ahí visitó algunas instituciones evangélicas que ya tenían presencia en México, como la de los metodistas, bautistas y presbiterianos. Finalmente, llegó a la Cd. De México en donde visitó a algunas familias estadounidenses cristianas y luego partió a Cuba para posteriormente regresar.
Por ese tiempo, Salvador Marchisio, un laico adventista italiano que residía en Estados Unidos, ya andaba vendiendo El Conflicto de los Siglos a las familias estadounidenses e inglesas residentes en la urbe azteca. Sin embargo, ni Marchisio ni el Pr. Chadwick coincidieron en la metrópoli, ni se conocieron, pues cada uno hizo su labor independientemente. Sin embargo, ni Chadwick, ni Marchisio dejaron establecida alguna congregación adventista.
Construcción de un sanatorio en Guadalajara
En 1893 la Asociación General decidió construir un sanatorio naturista en Guadalajara para introducir la obra adventista. El Pr. D. T. Jones fue el encargado del proyecto, acompañado de la Dra. Lillie Wood, la enfermera Ida Crawford, la Sra. Cooper y la Mtra. Ora A. Osborne, que hablaba español. Con el tiempo se unieron el laico y colportor Salvador Marchisio y la joven maestra Kate Ross.
Mientras se construía el edificio, el personal atendía a enfermos que se acercaban. Además, a diario realizaban el culto matutino al aire libre al igual que el culto del sábado, lo cual atraía a gente interesada en escuchar la palabra de Dios, a pesar de las advertencias nefastas que hacían los sacerdotes católicos durante la misa, en el sentido de que “todos los que se acerquen a escuchar a esos adventistas gringos, se irán al infierno”. Así empezó la obra adventista en Guadalajara.
Por 1897 Salvador Marchisio se enamoró de la maestra Kate Ross con quien se casó ahí mismo en la Perla Tapatía. Por instrucciones de su Jefe, el Pr. D. T. Jones, abandonaron la Misión, mas no la misión adventista, y se fueron a vivir a Ameca, un municipio del norte de Jalisco que colinda con Nayarit. Ahí enseñaban la Palabra de Dios, ayudaban a los pobres y curaban enfermos.
La Iglesia Adventista en la Ciudad de México
Para 1899 se terminó la construcción del Sanatorio y empezó a funcionar, ofreciendo consultas y terapias para la gente de cierto nivel económico. Fue entonces cuando los Dirigentes decidieron llevar la obra adventista a la Cd. De México. La encomienda se la dieron al Pr. Caviness, quien junto con sus colaboradores, entre ellos Marchisio y esposa, viajó en tren.
El grupo se estableció en Tacubaya y de inmediato el Pr. Caviness usó a Marchisio y su esposa para instruir al resto del equipo en relación a como introducir el evangelio entre los capitalinos. La estrategia de Marchisio consistió en hacer visitación casa por casa, orar por los enfermos y de ser posible, curarlos con remedios básicos, dar consejos de salud y alimentación, regalar folletos en los que se informaba del inminente segundo retorno de Jesucristo a este planeta, leer pasajes de la Biblia con gente que lo permitía y dar esperanza a los abatidos por las tribulaciones.
Pronto Marchisio y sus colaboradores comenzaron su labor en Ciudad de México, tocando puertas, hablando de la palabra de Dios, distribuyendo literatura, leyendo la Biblia cuando se les presentaba la oportunidad, tratando a los enfermos y dando pláticas sobre
salud. Todos los días las huestes adventistas recorrían los barrios de aquella gran ciudad.
Ante la gran necesidad de literatura, el Pr. Caviness compró una imprenta y se instaló en la calle Prosperidad, en donde comenzaron a publicar folletos y revistas, entre éstos El Mensajero de la verdad para que fuera distribuido y vendido por los colportores laicos que comandaba Marchisio.
Como empezaron a publicar Cristo nuestro Salvador y El camino a Cristo. En español, el propio Marchisio y su esposa llegaron a vender cien ejemplares de El camino a Cristo. Lamentablemente cincuenta fueron
quemados en Mixcoac por instrucciones de los líderes católicos. Esta fue una de las más dolorosas experiencias como misionero en México.
La tragedia de Marchisio al regresar a la Ciudad de México
Hacia 1900 aun reinaba la tranquilidad y la paz en todo México, gracias al gobierno de don Porfirio Díaz, pero el cambio de milenio y de siglo y el incremento de inventos tecnológicos (electricidad, teléfono, cine, automóvil, avión) creaban zozobra entre la gente y se creía que el fin del mundo vendría pronto.
En 1901 la zozobra llegó al hogar de Marchisio y Kate. Viviendo en la Cd. De México, Kate dio a luz a Iven Ross Marchisio, el único hijo que tuvieron en el breve período de su matrimonio (1897-1901). Desde que nació mostró una salud precaria y por desgracia, la madre empezó a enfermarse también. Ante esta situación y por consejo de su jefe, el Pr. Caviness, Marchisio tuvo que regresar octubre de 1901, moría su amada Kate a los 33 años de edad. Una gran tragedia para el misionero, pero éste jamás le pidió una
explicación a Dios, sino que se fortaleció en él.
Bodwell y Marchisio llevan el mensaje adventista a San Luis Potosí
Allá por 1902, tras la muerte de su hijo unigénito y su esposa Kate, Marchisio decidió regresar a México para continuar con el proyecto misionero. La tranquilidad y paz que mantenía el gobierno porfirista, así como la apertura religiosa, facilitaba la
expansión de la obra adventista. A su regreso, encontró que ya era numeroso el número de laicos y colportores y que ya no solo expandían la obra en la Cd. De México, sino también hacia el norte y sur del país.
Lleno de entusiasmo por el crecimiento de la obra y por instrucciones del Pr. Caviness, Marchisio fue enviado a la ciudad de San Luis Potosí para que se unirse al colportor estadounidense A. G. Bodwell, quien estaba sembrando la semilla adventista en esa ciudad. Bodwell era tan arrojado que un día visitó al Gobernador potosino Blas Escontría y Bustamante y aunque éste no se interesó en el mensaje, sí lo hizo su Secretaria y el Secretario del Congreso local, a quienes suscribió a la revista El Misionero de la verdad.
San Luis Potosí fue el tercer sitio en donde la obra adventista se instaló y creció.
Por el trabajo misionero de Bodwell, Marchisio y otros colportores en San Luis Potosí, el mensaje adventista se expandió poco a poco a Aguascalientes, Zacatecas, Durango, Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila. Pero el carácter inquieto de Marchiso hizo que
su labor misionera no se limita a la capital potosina, sino a hacer obra misionera entre los pobres del estado. Entonces se separó de Bodwell y caminando en medio de palmas y cactus, se dedicó a ir de ranchería en ranchería hacia el norte del estado, enseñando a la gente a cómo encontrar a Jesucristo a través de la lectura de la Biblia. Usando sus escasos recursos regalaba biblias a los que sabían leer y enseñaba a leer a los analfabetas. Además, dedicaba tiempo para enseñar a cómo construir viviendas
más seguras y limpias. A los muy pobres les regalaba el poco dinero que ganaba en la venta de libros. Además, los enseñaba a cómo preparar platillos saludables, a cómo vestir a los niños y cómo confeccionar sus ropas. Por eso la gente lo seguía.












