La fuente de Curación

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Nuestro mundo está lleno de enfermedad y dolor. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), existen entre 5.000 y 8.000 enfermedades raras, de las cuales más del 80% son de origen genético. Cada semana se descubren 5 nuevas enfermedades. Por otro lado las enfermedades “más comunes” causan millones de muertes anualmente por ejemplo: las enfermedades cardíacas, las afecciones cerebrovasculares, las infecciones respiratorias, etc.

No es el propósito del Creador que la humanidad se vea agobiada por una carga de dolor, ni que sus actividades sean cercenadas por la enfermedad, ni que su fuerza se desvanezca ni que su vida quede abreviada por las dolencias. Sin embargo, con frecuencia excesiva las leyes establecidas por Dios para regir la vida son transgredidas abiertamente; el pecado entra en el corazón y el ser humano se olvida de que depende de Dios, la fuente de la vida y la salud. A esto siguen las penalidades de la transgresión: el dolor, la enfermedad y la muerte. Cuando aparece la enfermedad, es esencial que recurramos a los diversos factores que, al cooperar con los esfuerzos de la naturaleza, fortalecerán el cuerpo y restaurarán la salud. Queda, además, una cuestión todavía mayor y de importancia aun más vital.

¿Cuál es la postura que toma nuestro Salvador con respecto a nuestras enfermedades?

Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias. Mateo 8:18

Un hombre llamado Sam, intentó secuestrar a un avión en los Estados Unidos. En su frustrado intento, exigía que le condujesen a la Habana Cuba y amenazó con matar a piloto y demás ayudantes si no accedían a su orden. El piloto consintió, pero una de las azafatas valiéndose de astucia, logró sorpresivamente dominar al secuestrador. ¿Qué había orillado a ese hombre a realizar ese atentado? La policía indagó y salió a la luz pública que ese hombre había perdido a su esposa de cáncer y que él pensaba que no tenía nada por lo cual vivir. En otras palabras, que por desesperación había intentado tal cosa… La enfermedad y la muerte traen desesperación. Desgraciadamente la desesperación es cosa de todos los días y azote de infinidad de personas. Vivimos en un mundo en el que aun los que no están desesperados o enfermos están expuestos a los extravíos y abusos que comenten quienes se encuentran en tan lamentable estado emocional.

Hoy por hoy, un sentido de insatisfacción y de frustración domina a muchas personas. Podemos experimentar frustración, y nuestra voluntad y deseo pueden ser aplastados; pero tengamos la seguridad de que el Señor nos ama. Puede ser que el fuego del horno purificador se encienda para nosotros, no con el propósito de destruirnos, sino para consumir la escoria a fin de que salgamos como oro purísimo.

En medio de la multitud, muchos lloran sus enfermedades y sus pérdidas. Dios ha provisto un bálsamo para cada herida. Hay un bálsamo en Galaad, y también hay un médico allí. ¿No estudiaremos las Escrituras como nunca antes? Busquemos al Señor para que nos proporcione sabiduría para cada emergencia. En cada prueba roguemos a Jesús que nos muestre el camino que nos hará salir de nuestros problemas, dolores y enfermedades, y entonces nuestros ojos serán abiertos para que contemplemos el remedio y apliquemos a nuestro caso las promesas sanadoras registradas en la Palabra de Dios. En esta forma el enemigo no encontrará lugar para induciros a lamentarnos y a ser incrédulos; en lugar de esto tendremos fe, esperanza y valor en el Señor. El Espíritu Santo nos dará un claro discernimiento para que veamos y nos apropiemos de cada bendición, que servirá de antídoto contra la aflicción, como una rama sanadora para cada gota de amargura que se vierta en nuestros labios. Nuestro Salvador Jesús en su ministerio terrenal asistía tanto al alma como al cuerpo. El Evangelio que enseñó fue un mensaje de vida espiritual y de restauración física. La salvación del pecado y la curación de la enfermedad iban enlazadas.

Como creyentes e hijos de Dios, ¿Por qué podemos aspirar a una restauración integral?

Él perdona todos tus pecados, sana todas tus dolencias, rescata del hoyo tu vida, te corona de amor y de ternura, sacia de bienes tu vida, y te rejuvenece como el águila. Salmo 103:3-5

Algunos parecen esperar que la lectura de la Biblia actúe en ellos como una especie de inyección de adrenalina que cause efectos inmediatos. Aunque ese efecto de “inyección” puede sucedernos de una vez en cuando, los beneficios de la Palabra de Dios son más a semejanza de las vitaminas. La gente que toma vitaminas lo hace por los efectos beneficiosos a largo plazo, no porque sientan en sus cuerpos efectos inmediatos. Los toman regularmente porque les ayudará a tener mejor salud y mayor resistencia contra las enfermedades. Lo mismo sucede con la Biblia. A veces tiene en nosotros un impacto repentino e intenso. Sin embargo, el verdadero valor está en el efecto acumulativo tan beneficioso que viene al leerla y asimilarla en forma regular. Cada uno de nosotros podemos experimentar lo que registró el fiel profeta Jeremías cuando dijo:

“Fueron halladas tus palabras, y yo las comí, y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos.” (Jeremías 15: 16).

Y si hablamos de buenas medicinas, ¿que les parece esta?:

“El corazón alegre es una buena medicina.” (Prov. 17: 22)

Muchas de las enfermedades que padece la humanidad son resultado de la depresión mental. Penas, ansiedad, descontento, remordimiento, sentimiento de culpabilidad, desconfianza, todo esto menoscaba las fuerzas vitales, y lleva al decaimiento y a la muerte. La enfermedad es muchas veces originada y agravada por la imaginación. Muchos hay que llevan vida de inválidos cuando podrían estar bien si pensaran que lo están…En cambio el valor, la esperanza, la fe, la simpatía, el amor: todas estas cosas fomentan la salud y alargan la vida. Un espíritu satisfecho y alegre es como salud para el cuerpo y fuerza para el alma. El agradecimiento, la alegría, la benevolencia, la confianza en el amor y en el cuidado de Dios, son otras tantas incomparables salvaguardias de la salud. Hay en la Escritura una verdad fisiológica que necesitamos considerar: “El corazón alegre es una buena medicina”. Los verdaderos principios del cristianismo abren ante todos nosotros una fuente de inestimable felicidad. Por consiguiente, deberíamos cultivar un estado de ánimo alegre, optimista y apacible; porque nuestra salud depende de ello.

¿Qué promesa hay para los obedientes hijos de Dios?

Pero para vosotros que respetáis mi nombre, nacerá el Sol de Justicia, y en sus alas traerá sanidad. Y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada. Malaquías 4:2

El papel de la gratitud y la salud

La gratitud es el mejor antídoto contra el desaliento. Una leyenda cuenta que un hombre encontró el almacén donde Satanás guardaba las semillas que tiene listas para sembrar en los corazones humanos, y al encontrar que la semilla del desánimo abundaba más que las otras, se enteró que dicha semilla podía crecer casi en cualquier parte. Cuando le preguntaron a Satanás, admitió de mala gana que había un lugar donde no la podía hacer crecer.- ¿Dónde es?- le preguntaron. A lo que Satanás respondió con tristeza: – En el corazón de una persona agradecida…Todo lo que el mundo proporciona no puede sanar al corazón quebrantado, ni dar la paz al espíritu, ni disipar las inquietudes, ni desterrar la enfermedad. La fama, el genio y el talento son impotentes para alegrar el corazón entristecido o restaurar la vida malgastada. La vida de Dios en el alma es la única esperanza del hombre. Es la única fuente de curación.

La mejor medicina para la enfermedad

Según datos de la revista Forbes en su edición de este mes de enero del 2016- aseguran que: cada familia en México desembolsa el equivalente a un mes de ingresos al año en gastos asociados al cuidado de la salud, desde consultas por malestares comunes, hasta atención de contingencias catastróficas como fracturas o cirugías de emergencia. Hay una gran necesidad en el mundo de satisfacer las demandas de salud. Pero, ¿tiene Dios algunos lineamientos generales que nos ayudarán a mejorar nuestra salud física? La religión de la Biblia no es perjudicial para la salud del cuerpo ni de la mente. La influencia del Espíritu de Dios es la mejor medicina para la enfermedad. El cielo es todo salud; y mientras más profundamente experimentemos las influencias celestiales, más segura será la recuperación del enfermo. Los verdaderos principios del cristianismo se abren delante de todos como una fuente de felicidad inestimable. La religión es un manantial inagotable, en el cual el cristiano puede beber cuanto desee sin que jamás se termine.

La oración por los enfermos

Un día mientras trataba de reparar el tejado de su modesta vivienda, un hombre muy pobre se cayó y se hizo daño. Como resultado se iba a pasar unas pocas semanas sin trabajar. Con una familia numerosa para alimentar y escasos ahorros, el futuro se presentaba bien negro. Los miembros de su iglesia se reunieron para orar por él. Aquellos creyentes elevaron al Señor oraciones muy fervientes para que él proveyera para las necesidades de aquel hombre y su familia. Justo en medio de una de aquellas piadosas oraciones, se oyó que alguien llamaba con fuerza en la puerta. Alguien se levantó presurosa a abrir y allí se encontró con un joven campesino. El muchacho dijo en voz baja: “Mi padre no ha podido venir a la reunión hoy, así que envió sus oraciones en la camioneta” Y allí, en una esquina del templo, estaba estacionado el vehículo con una buena cantidad de papas, verduras y frutas… Cuando tenemos un enfermo en casa, debemos orar por él, pero también debemos hacer los cambios necesarios en nuestra alimentación, estilo de vida para que si es la voluntad de Dios se vea reflejada en la recuperación de nuestros enfermos.

 

Conclusión:

Muchas personas traen la enfermedad sobre si por actos de complacencia. No han vivido de acuerdo con la ley natural ni con los principios dé pureza estricta. Otros han violado las leyes de la salud en sus hábitos de comer y beber, vestir o trabajar. Muchas veces, alguna forma de vicio es la causa de la debilidad de la mente o del cuerpo. La restauración es la esencia misma del Evangelio, y el Salvador quiere que invitemos a los enfermos, a los desesperados y a los afligidos a confiar en su poder. El médico divino está presente en la pieza del enfermo; oye toda palabra de las oraciones a él elevadas con la sencillez de la verdadera fe. Hay enfermedades en todas partes, y las más de ellas podrían evitarse si se prestara atención a las leyes de la salud. Necesitamos comprobar la relación que hay entre los principios que rigen la salud y su bienestar tanto en esta vida como en la venidera. Necesitamos comprender la responsabilidad que nos responsabiliza como administradores de nuestro cuerpo. Necesitamos dejarnos impresionar por la verdad encerrada en las palabras de la Santa Escritura:

“Vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: ” Habitaré y andaré en ellos; y seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo.” 2 Corintios 6: 16.

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