Mi Dios Espiritu Santo
Millares de personas tienen una comprensión equivocada de Dios Espíritu Santo. Por eso caen en el engaño satánico de pensar que una posesión (en realidad demoníaca) o un éxtasis de sentimientos y emociones descontroladas son manifestaciones de su santa presencia. O, en el otro extremo, por temor a esas manifestaciones, se apartan completamente de su influencia e intentan vivir un cristianismo frío, no envolvente y sin poder para transformar la vida.
Dios Espíritu Santo aparece por primera vez en las Sagradas Escrituras en el relato de la creación de nuestro mundo, yendo y viniendo “sobre la superficie de Ias aguas” (Gén. 1:2). David pide que el Espíritu Santo no sea retirado de él (Sal. 51:11). En Isaías 63:10 se dice que el Espíritu Santo puede ser contristado. En los evangelios y demás libros del Nuevo Testamento el Espíritu Santo aparece de manera más explícita o, podríamos decir, más revelada. Él da las profecías, conduce a las personas, bautiza a quien cree, concede dones y da poder para que el evangelio sea llevado a los confines del mundo.
Lo que queda claro en Ia Biblia, de acuerdo con Io que aprendimos en el Seminario de Enriquecimiento Espiritual Ill, es que el Dios Espíritu Santo es una persona real, que siente, actúa y toma decisiones. Siendo así, es un ser real y completo, pues piensa, siente y actúa. Lo que puede ser complicado es el nombre por el cual Io conocemos. Cuando hablamos de Jesús tenemos un nombre, por decirlo de alguna manera, real; además de conocerlo como el Hijo. El Padre, a pesar de no tener un nombre humano, tiene una designación al relacionarlo con el Hijo, que establece; de cierta manera, una relación entre dos personalidades, ya que difícilmente consideramos, o comprendemos, a un padre y un hijo que sean dos personas.
Cuando pensamos en el nombre “Espíritu Santo”, que le damos a la tercera persona de Ia Deidad, viene a nuestra mente, influida por la cultura greco-romana, la idea de algo no material, no físico, algo como un humo, una sombra, una neblina. En fin, es difícil visualizar al Espíritu Santo en pie de igualdad junto con el Padre y el Hijo. Es, tal vez, por, esta percepción que algunas personas entienden mal a la persona del divino Espíritu Santo, tratándolo como si fuese algo sin forma, sin mente, sin personalidad, un no-ser, una energía o una especie de forma activa de Dios.
Cualquier definición que difiera de la que afirme que el Espíritu Santo es Dios, tanto como el Padre o el Hijo, es contraria a la Biblia y no es fruto de la Revelación, sino un intento de adaptar la Palabra de Dios a aquello que nuestra mente quiere creer, o sea, un vil engaño.
Incluso entre aquellos que dicen creer en Io que la Biblia revela, hay algunos que ven al Espíritu Santo como una mera fuerza que puede ser dominada, o una energía que debe ser transmitida, como si él fuese una especie de poder místico, o incluso mágico, que puede ser manipulado por el ser humano. Eso es una blasfemia. Es de esa forma que algunos líderes religiosos han lidiado con Aquel que es bendito eternamente.
Sin embargo, principalmente entre los miembros de nuestra iglesia, las personas, por miedo a desviarse del camino, o incluso por tener una religión ritualista, controlada y definida por ellas mismas, ignoran la presencia del Señor Espíritu Santo en los cultos y hasta Io expulsan de su propia vida. Pero, nos olvidamos de que no es posible vivir el cristianismo verdadero sin Ia presencia del Espíritu Santo como guía de nuestras vidas. Cualquier intento de religión sin comunión diaria y real con él será un fracaso y llevará a que nos enfriemos en el liberalismo o en la falsa experiencia del legalismo. En ese caso, la religión se resumirá en rituales y costumbres, será fría y vacía de sentido, será una religión que no transforma y, además de todo esto, del tipo que no conduce al cumplimiento de la misión.
El mismo Jesús dijo que el Señor Espíritu Santo sería nuestro Consolador, que estaría siempre a nuestro lado, y que convencería al mundo de pecado, de justicia y de juicio. ¿Puedes imaginar una vida cristiana sin estos elementos? iEs imposible! Entonces, creo que una cuestión queda bien clara en nuestra mente necesitamos, urgentemente, del Señor Espíritu Santo en nuestra vida.
La presencia del Señor Espíritu Santo no lleva a Ia esclavitud mental. Jamás hará que un éxtasis de sentimientos desgobierne tu sentido de la realidad. Jesús fue el mayor ejemplo de Ia actuación del Espíritu Santo en la vida de una persona, y no conocemos ningún relato que diga que él quedaba en trance, saltando, gritando, girando, contorsionándose o hablando en lenguas sin sentido. En realidad, conocemos a un Jesús manso, suave y gentil, con el control total de sus emociones, con mente abierta y liberada por el poder de Ia verdad. Y así debe ser en la vida del cristiano sincero. La presencia del Espíritu Santo en nuestra vida traerá paz y serenidad. Liberará nuestra mente de los engaños satánicos por el poder de Ia verdad de su Palabra, y hará de nosotros hijos e hijas de Dios.
Parafraseando a Martin Luther King, puedo decir que “yo tengo un sueño”. Ese sueño está constantemente delante de mis ojos. Anhelo el día en el que el pueblo de Dios, con la fuerza y la libertad que trae la verdad, y repleto con el poder de la presencia del Señor Espíritu Santo en la vida, proclamará este mensaje maravilloso de modo tan espectacular y sorprendente que nadie será capaz de impedirlo. Tal poder ya fue visto en escala reducida en los tiempos apostólicos. Sin embargo, está a disposición de todo aquel que Io desea y Io busca intensamente. ¡Eso es Io que nos falta! Necesitamos del Señor Espíritu Santo en nuestras vidas hoy, ahora, en este instante. ¿Ya clamaste a Dios por eso hoy? El Señor Espíritu Santo es real. No es una energía vacía. Es una persona y, por Io tanto, tú puedes comunicarte y relacionarte con él.
Para reflexionar
Un amigo siempre me repetía una frase que decía: “EI mundo desconoce el poder de un hombre entregado al Espíritu Santo al ciento por ciento”. E inmediatamente me preguntaba:”¿tú serás ese hombre?”. En el nombre de Jesús, ¡responde “Si”! Pídele ahora al Espíritu Santo “Bautízame una vez más de acuerdo con Io que haces todos los días y dame ese poder vivificante y santificador para las próximas 24 horas”. De acuerdo con Io que aprendiste en el Seminario de Enriquecimiento Espiritual III, vive hoy en Ia plenitud de la bendición del Cielo y lleva esa atmósfera a todas las personas con quienes entres en contacto.


