LA NATURALEZA DEL HOMBRE – DÍA 15

PermanezcanEnMiHoyDia15La afirmación de que Dios creó los cielos y la tierra ha causado mucha crítica, indiferencia y excepticismo. La comprensión de esas discordias está en el conflicto entre el bien y el mal. Al presentar el evolucionismo como verdad, el enemigo de Dios intento derrumbar mucho de los pilares que fundamentan la fe cristiana, como por ejemplo, el sábado. Si el ser humano en la tierra vinieron a la existencia por un proceso evolutivo, no hubo una semana de creación y, consecuentemente, nunca existió el sábado como el séptimo día de la semana. En consecuencia, los 10 mandamientos de la ley de Dios pierden toda su veracidad.

La explicación más segura para los orígenes del mundo es la que está en la Biblia: Dios es el creador. En sus planes estaba en la idealización de un lugar donde los seres humanos pudiesen tener su hábitat ideal para crecer y desarrollarse. El padre y el Hijo emprendieron la grandiosa y admirable obra que habían proyectado: la creación del mundo. La tierra que salió de las manos del creador era sumamente hermosa (Elena de White, La historia de la redención, p. 20).

Pues lo hiciste un poco menor que un dios, y lo coronaste de gloria y de honra; lo entronizaste sobre la obra de tus manos, todo lo sometiste a su dominio: todas las ovejas, todos los bueyes, todos los animales del campo, las aves del cielo, los peces del mar y todo lo que surca los senderos del mar (Sal. 8:5-8). El salmista estaba refiriéndose al hombre que salió de las manos del creador.

No había en toda la naturaleza alguien a quien Dios lo hubiese confiado tantos poderes. Al hombre, Dios le dio vida, poder de elección, reproducción y autoridad. El ser humano iba poder decidir, pensar y reflexionar. También iba poder generar nuevas vidas, iba tener autoridad, inteligencia y dominio sobre todo en lo que fue creado en la tierra.

Fue una semana entera de creación, con tantos elementos creados y conducidos para un propósito final: la creación del hombre y de la mujer. Por una semana Dios invirtió su tiempo en producir un mundo que sería la morada de ese matrimonio. Elena de White dice: “El hombre estaba dotado originalmente de facultades nobles y una mente bien equilibrada. Era perfecto y estaba en armonía con Dios. Sus pensamientos eran puros; sus designios, santos. Pero por causa de la desobediencia, sus facultades se pervirtieron y el egoísmo tomo el lugar del amor. La naturaleza se debilitó tanto por causa de la transgresión, que le fue imposible, por su propia fuerza, resistir el poder del mal. Fue hecho cautivo por Satanás, y hubiera permanecido así para siempre si Dios no hubiese intervenido de una manera especial. El propósito del tentador era frustrar el plan divino en la creación del hombre, y llenar la tierra del miseria y desolación. Quería señalar todo este mal como el resultado de la obra de Dios al crear al hombre” (Elena de White, El camino a Cristo, edición 2007, p. 11).

Al describir la formación del hombre, la biblia dice que se fue formado del barro y Dios sopló en el aliento de vida (Gén. 2). Así, barro + aliento = “alma viviente” (Gén. 2:7). La vida recibida de Dios debía ser eterna, en el caso que el hombre continuase siendo obediente a las órdenes de Dios. Si pecase moriría y finalmente volvería el polvo; como dice Eclesiastés 12:7, donde el sabio dice: “Volverá entonces el polvo de la tierra, como antes fue, y el espíritu volverá a Dios, que es quien lo dio”.

Al intentar hacer caer al primer matrimonio, el enemigo de Dios negó la seriedad y la gravedad del pecado, con su frase mentirosa: “¡No es cierto, no van a morir!” (Gén. 3:4). Elena de White dice que él hizo eso por envidia. “Satanás fue una vez un ángel a quien se honraba en el cielo, el que seguían en orden a Cristo. Su semblante, como el de otros ángeles, era benigno y denotaba felicidad. Su frente, harta y espaciosa, indicaba poderosa inteligencia. Su figura era perfecta, y soporte noble y majestuoso. Pero cuando Dios dijo a su hijo: hagamos al hombre a nuestra imagen, Satanás sintió celos de Jesús. Deseo que se lo consulté hace acerca de la formación del hombre, y porque esto no se hizo, se llenó de envidia, celos y odio. Deseo recibir los más altos honores después de Dios, en el cielo” (Elena de White, Primeros escritos, p. 145).

¿Cuál era el plan de Dios el colocar su imagen en el ser humano? La creación del hombre a imagen de Dios es uno de los mejores medios para comprender a Dios.

Dios creó al hombre común ser integral. Dios es, en ese sentido, también un ser integral, total.

Nada sucede, en cualquier parte del universo, desde la caída de un gorrión hasta el llanto de uno de sus hijos, sin que él lo vea. No solamente creo el universo, Sino que también lo mantiene continuamente. Toda la naturaleza es importante para Dios. Él consideró todo era muy bueno; y ese “todo” incluía el ser humano, comisionado por Dios para cuidar de los demás seres creados, además de cuidar su propio cuerpo.

Dios no solamente nos creó indivisibles (no tenemos “un alma”, sino que somos “un alma viviente”), si no también libres. Eso también refleja la imagen de Dios en el hombre. Nuestra capacidad de ir más allá, no solamente descubrir, si no de ser conscientes de todo el proceso de descubrimiento, es lo que nos da una calidad única entre todas las criaturas de la tierra. Cuando Dios deseo miríadas de ángeles, Dios creó miríadas de ángeles. Sin embargo, cuando quiso poblar la tierra con seres humanos, creo solamente dos: un hombre y una mujer. Y los hizo compartir el cuidado de las cosas y los seres creados. Eso significa que, en cierta forma, ellos serían responsables por el carácter de todas las generaciones futuras. Dios también permitió que los seres humanos pensaran y actuaran, no que simplemente reaccionaran, y que incluso pudieran discordar con sus ideas. Y cuando nuestros primeros padres se revelaron contra Dios y sus órdenes, él no lo rechazó simplemente ni los abandonó común padre chasqueado. Dios había ideado el plan de la salvación antes de crear al hombre, iba poner en práctica dicho plan a través de la encarnación de su Hijo, Jesucristo. Todo lo que el enemigo de Dios nos robó por medio del pecado, Jesús nos lo restituyó por medio de su sacrificio. La imagen y la semejanza divinas en el ser humano serán completamente restauradas por medio del sacrificio de Jesucristo, el “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

Para reflexionar:
¿De qué forma el hecho de haber sido creado a la imagen y la semejanza de Dios puede mejorar mi autoestima? ¿Como ayuda esta verdad mi relación con las demás personas? Dios me dotó de todos los recursos para que pueda vivir con dignidad hoy. Ora y piensa en esto durante las próximas 24 horas.

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