EL GRAN CONFLICTO – DÍA 16

PermanezcanEnMiHoyDia16

¿Ya te pusiste a pensar en que estás participando de una guerra donde tu enemigo te sigue invisiblemente a cada paso que das? ¿Pensaste alguna vez que él usa toda su astucia y estrategia de engaño para derrotarte? ¿Eres consciente de que en este conflicto está en juego en la salvación diaria? No nuestra jornada de hoy focalizará la necesidad de comprender y considerar la importancia de esta enseñanza de Cristo y la extrema necesidad que tenemos de entender plenamente en la palabra de Dios como nuestra única salvaguardia contra este enemigo.

¿Dónde comenzó y cuál fue el desenlace de este gran conflicto, en su fase inicial? ¿Hacia donde fue transferido? ¿Cómo volvió a actuar el enemigo en ese nuevo ambiente? ¿Cómo fue derrotado y cómo podemos salir victoriosos en este conflicto? Meditemos en las respuestas.

Donde comenzó el conflicto
“Se desató entonces una guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron al dragón; este y sus ángeles, a su vez, les hicieron frente, pero no pudieron vencer, y ya no hubo lugar para ellos en el cielo. Así fue expulsado el gran dragón, aquella serpiente antigua que se llama diablo y Satanás, y que engaña al mundo entero. Junto con sus ángeles, fue arrojado a la tierra” (Apoc. 12:7-9).

Es posible que en este momento tengas algunas preguntas. ¿ por qué pecó Lucifer? Ya que Dios sabía las consecuencias del pecado para el universo, ¿porque no destruyó el ángel rebelde cuando comenzó su rebelión, antes de que engañan sea otros ángeles?

Para que podamos estudiar este tema, desde la perspectiva correcta, vamos escuchar la palabra profética: “Satanás estaba decidido a echar por tierra el plan de Dios. Ni debiéramos intentar comprender los motivos por lo que el ser más cercano a Cristo en los atrios celestiales introdujo en la envidia y los celos en las huestes angelicales. Les comunico a muchos su insatisfacción, y hubo una guerra en el cielo que culminó con la expulsión de Satanás y de sus simpatizantes. No necesitamos concentrar nuestra mente a fin de desentrañar la razón por la que Satanás actuó como lo hizo. Si hubiese razón, habría una excusa para el pecado. Pero el pecado no tiene justificación alguna. No hay razón por la que los seres humanos transiten por el mismo terreno que anduvo Satanás” (Elena de White, Cristo triunfante, p. 21)

Lo que podemos entender es que, aunque el surgimiento del pecado se inexplicable e injustificable, sus raíces pueden ser encontradas en el orgullo de Lucifer. Los pasajes decide Ezequiel 28:17 e Isaías 14:13 y 14 dejan claro que, por causa del orgullo, Lucifer se reveló contra Dios, su carácter y su ley. Por causa de esa rebelión, Satanás se transformó en adversario y enemigo de Dios. Después de ser rechazado en todos los mundos no caídos, decidió establecer su reino aquí en la tierra.

El conflicto vino a la tierra
“Luego de ser expulsado del cielo Satanás decidió establecer su reino en este mundo. Por su medio el pecado entró en el mundo y con el pecado la muerte. Al escuchar su versión tergiversada de Dios, Adán cayó desde su elevada posición y un diluvio de aflicciones se derramó sobre nuestro mundo” (Elena de White, Cristo triunfante, p. 21).

Cristo, quien derrotó este enemigo en el cielo, afirmó: “Yo veía Satanás caer del cielo como un rayo” (Luc. 10:18).

Viviendo felices diariamente en la presencia del padre como antes vivía la tercera parte de Los Ángeles que pecaron, el matrimonio de Nico, inexplicablemente, fue seducido y engañado. No había disculpas para colocarse contra Dios dudando en sus palabras y su mujer. “La transgresión de Adán no tiene justificación. Yo sabía hecho provisión para satisfacer todas sus necesidades. No necesitaba nada más. Sólo se estableció una prohibición […]. Y Satanás usó esta limitación con el fin de diseminar la sugerencias malévolas” (Elena de White, Cristo triunfante, p. 21).

Con la caída de Adán y Eva, el nuevo planeta estaría para siempre arruinado por el pecado, y el ser humano se degradaría ese pervertiría de tal forma que sería igual al propio satanás. Estaría eternamente perdido.

Sólo había una salida para que Dios fuese justo y amoroso al mismo tiempo: cumplir con el plan de la redención (Apoc. 13:8), por medio de su Hijo, “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Sin vacilar ni dudar, el padre le hizo a Adán y Eva la primera promesa de salvación, diciéndole a la serpiente, el instrumento del enemigo de Dios: “pondré enemistad entre tú y la mujer, entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza, pero tú le morderás el talón”(Gén. 3:15).

De la misma forma que inexplicablemente ocurrió el misterio de la iniquidad, también sería necesario el misterio en explicable del amor: la venida del ciervo sufriente mencionado en Isaías 53 (Lee este capítulo, medita en él y considera el contraste entre estas fuerzas antagónicas).

Por medio del pecado, era el plan del enemigo de Dios hacer de cada criatura un ser igual así mismo. Rápidamente se dio cuenta de que eso era imposible. ¡Como debió haberse alegrado al ver a su primer seguidor, en Caín, hacer lo mismo que él haría Cristo! ¡Cómo debió haber vibrado, al percibir que las multitudes antidiluvianas estaban haciendo exactamente lo que él quería! La razón humana fue tan lejos que tuvo que ser destruida por un diluvio, debido a su pecaminoso aprobación. Pero el enemigo no desistió. Continúa su obra maléfica con los descendientes de Noé, prolongando la hasta nuestros días. “pero cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su hijo” (Gál. 4:4) para ponerle fin a la acción del enemigo. El cordero “que fue sacrificado desde la creación del mundo” (Apoc. 13:8) debía manifestarse, de acuerdo con lo que las escrituras predecían.

Cómo fue derrotado
“A la muerte de Cristo, Satanás comprendió que había sido derrotado. Vio que su verdadero carácter había sido revelado claramente a todo el cielo, y que lo seres celestiales y los mundos que había creado Dios estarían plenamente de parte de Dios. Vio que quedarían definitivamente cortada sus perspectivas de futuro influencia sobre ellos. Los maní dad de Cristo demostraría por lo siglos eternos la cuestión que definían la controversia” (Elena de White, Mensajes electos, t. 1, p. 299).
Pero el enemigo no desiste de atacar a toda persona que cree en el hijo de Dios y arremete de 10 de noche. Nos dice la palabra de Dios: “Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en la regiones celestiales” (Efe. 6:12).

Cómo ser un vencedor
“Ellos lo han vencido por medio de la sangre del cordero y por el mensaje del cual dieron testimonio” (Apoc. 12:11).

Detente por un momento y medita: el pecado la ruina, destruye, hace del hombre un enemigo de Dios. Pero la sangre de Cristo nos purifica de todo pecado, aunque sea como en la escarlata. Ora y alaba Dios por la dádiva de su hijo.

Cristo nos proporciona todo lo que necesitamos para que venzamos las tentaciones del enemigo de Dios: su palabra, su ejemplo, su sangre, su gracia, su misericordia, su Espíritu. Pero debemos apropiarnos de todos esos medios. Y es allí donde tenemos que hacer nuestra parte. Debemos decidir usar las armas del Cordero. El uso que hagamos de ellas determinará nuestra victoria o nuestra derrota.

Podemos ser victoriosos en este conflicto cuando decidimos buscar diariamente los recursos divinos en la primera hora de cada mañana. Me diste en ese texto:”Bien sabes Satanás que todos aquellos a quienes puede inducir a descuidar la oración y el estudio de las sagradas escrituras serán vencidos por sus ataques” (Elena de White, El colportor evangélico, p. 91).

Conclusión
Tenemos delante de nosotros una batalla, un conflicto para toda la vida, con el enemigo de Dios y su seductoras tentaciones. El empleará todos los argumentos, todos los engaños, para causar nuestra caída. Sabiendo esto, “debemos hacer esfuerzos fervientes, perseverantes, para ganar la corona de la vida. No debemos deponer la armadura ni dejar el campo de batalla hasta que llamas ganado la victoria y podamos triunfar en nuestro redentor. Mientras tengamos la mirada fija en el autor y consumador de nuestra fe, estaremos seguros. Pero debemos colocar nuestros afectos en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Por medio de la fe debemos elevarnos cada vez más en adquisición de las gracias de Cristo. Contemplando diariamente sus incomparables encantos, debemos crecer más y más en la semejanza decir maje gloriosa. Mientras vivimos así en en comunión con el cielo, Satanás nos tenderá en vano sus redes” (Elena de White, Mensajes para los jóvenes, p. 102).

Para reflexionar:
Como vimos, en gran medida, nuestro mayor conflicto cada día es contra nuestro yo no consagrado. Sin embargo, cuando compartimos nuestras inclinaciones carnales con las armas del cordero nos transformaremos en más que vencedores.¿Cómo me puede ayudar esto vivir mejor hoy? Ora Y piensa en ello durante las próximas 24 horas.

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