CRECIMIENTO EN CRISTO – DÍA 19

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“El mismo constituyó a unos, apóstoles a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros, a fin de capacitar al pueblo de Dios [… ]. Al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo” (Efe. 4:11 -15).

La hormona del crecimiento (HC) es una sustancia producida por una glándula en el cerebro llamada hipófisis. Esta hormona promueve el crecimiento durante la infancia y continúa teniendo un papel importante en el metabolismo durante Ia vida adulta. La deficiencia de esta hormona del crecimiento provoca varias anomalías, entre ellas, el enanismo (www.novonordisk.com.br y
www.copacabanarunners.net).

Crecer es una ecuación inseparable de la vida física y espiritual. El crecimiento físico exige cuidado, ambiente, alimento, ejercicio y entrenamiento adecuado, como también una vida que tenga un propósito. ¿Cómo crecemos en Cristo y maduramos como cristianos? ¿Cuáles son las evidencias del crecimiento espiritual?

La vida cristiana comienza con la muerte. En realidad, con dos muertes:

A). La muerte de Cristo. La cruz está en el centro del plan de Dios para la salvación. Sin ella, el enemigo de Dios y sus fuerzas demoníacas no habrían sido derrotados, no habría sido resuelto el problema del pecado, ni aplastada la muerte. Sin la cruz, no podría haber perdón de los pecados, ni vida eterna ni victoria sobre el enemigo de Dios. La cruz fue el sacrificio supremo. La verdad es que Cristo, al dar su vida en Ia cruz, aplastó el poder del enemigo. En la cruz el Salvador ganó Ia batalla. “Su mano derecha y su brazo santo le habían conquistado la victoria. Como Conquistador plantó su estandarte en las alturas eternas. […] Todo el cielo se asoció al triunfo del Salvador. Satanás estaba derrotado, y sabía que había perdido su reino” (Elena de White, El Deseado de todos los gente edición 2007, p. 462).

B). La muerte del yo. El apóstol Pablo definió apropiadamente esta verdad al afirmar: ”He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí” (GáI. 2 : 20).
La vida cristiana, por Io tanto, no comienza con el nacimiento. Comienza con Ia muerte. Hasta que el “yo” muera, hasta que sea crucificado, o¡no hay ningún comienzo. Elena de White expresa esta misma idea al declarar: “La vida del cristiano no es una modificación o mejora de la antigua sino una transformación de la naturaleza. Se produce una muerte al yo y al pecado, y [surge] una vida totalmente nueva. Ese cambio puede ser efectuado únicamente por la obra eficaz del Espíritu Santo” (Elena de White, El deseado de todas las gentes, edición 2007, p. 98). El apóstol Pablo habla tanto de la muerte al pecado como de Ia resurrección a una nueva vida, a través de la experiencia del bautismo: ¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús, en realidad fuimos bautizados para participar en muerte? Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva” (Rom. 6:3,4).

Algo sucede con alguien que acepta a Jesús com Salvador y Maestro. Simón, el titubeante, se transformó en Pedro, el corajudo. Saulo, el perseguido se transformó en Pablo, el proclamador, Tomás el incrédulo, se transformó en el misionero de ultramar. La cobardía dio lugar a la valentía. La incredulidad dio lugar a la antorcha de Ia fe. La envidia fue sustituida por el amor. EI interés propio se deshizo, dejando aparecer la preocupación por el prójimo. No había más lugar para el pecado en el corazón. EI ”yo” estaba crucificado.

En la vida cristiana Ia muerte del “yo” no es una opción, sino una necesidad. Dietrich Bonhoeffer afirmó: “Si nuestro cristianismo dejó de ser serio lo que se refiere al discipulado, si diluimos el evangelio transformándolo en puro éxtasis emocional sin ninguna exigencia costosa, a tal punto que ya no puede distinguir entre la existencia natural y la cristiana, entonces consideraremos la cruz como nada más que una calamidad cotidiana ordinaria, como una de las provocaciones y tribulaciones de la vida. [… ] Es Ia misma muerte cada día, la muerte de Jesucristo, la muerte del viejo hombre que respondió a su llamado” (The cost of discipleship, PP. 78, 79).

Un tercer aspecto del crecimiento en Cristo es vivir la nueva vida. Una de las mayores incomprensiones sobre la vida cristiana es que la salvación es una dádiva gratuita de la gracia de Dios, y se acabó la historia. Sí, Ia gracia es gratuita. Pero la gracia le costó la vida al Hijo de Dios. Gracia gratuita no significa gracia barata. Citando a Bonhoeffer otra vez: “Gracia barata es predicar sobre el perdón sin requerir el arrepentimiento; sobre el bautismo, sin Ia disciplina de la iglesia; sobre la Santa Cena sin la confesión; sobre la absolución, sin la confesión personal. Gracia barata es gracia sin discipulado, gracia sin la cruz, gracia sin Jesucristo vivo y encarnado” (The cost of discipleship, p. 47).

El apóstol Pablo escribe a los corintios reforzando resultados de la gracia en la vida del cristiano. Primero habla sobre su propia experiencia: ”Pero por la gracia de Dios soy Io que soy, y la gracia que él me concedió no fue infructuosa. Al contrario, he trabajado con más tesón que todos ellos, aunque no yo sino la gracia de Dios que está conmigo” (1 Cor. 15 : 10). EI apóstol Pablo, por Io tanto, reconoce la supremacía de la gracia de Dios en su vida. De forma semejante, él ruega a los creyentes que ”no reciban su gracia en vano” (2 Cor. 6:1).

Aunque no pueda ser vista naturalmente, la hormona del crecimiento tiene un papel fundamental en el crecimiento humano. Su resultado puede ser observado cuando los niños son medidos y el pediatra constata que el desarrollo de ellos está dentro de la normalidad. Así debe ser con todos aquellos que experimentaron el nuevo nacimiento: deben crecer hasta “una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo” (Efe. 4:13). ¿Cuáles son las evidencias de ese crecimiento?

1. Una vida llena del Espíritu Santo. Sin el poder regenerador del Espíritu Santo  la vida cristiana ni puede comenzar. Es el poder transformador y la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida Io que nos hace hijos e hijas de Dios (Rom. 8:14).

2. Una vida de amor y unidad. El pecado nos separó de Dios y dividió la humanidad en una multitud de fracciones: raciales, étnicas, de género, de nacionalidad, color, castas, etc. EI apóstol Pablo afirmó: “Ya no hay judío, ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús” (GáI. 3:28).

3. Una vida de estudio. EI alimento es esencial y básico para el crecimiento. Pero ¿dónde encontraremos nuestro alimento espiritual? Primordialmente en dos fuentes: en la Palabra de Dios y en la oración. Jesús demostró la importancia de la Palabra de Dios al afirmar: ”No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mat. 4:4).

4. Una vida de oración. si la palabra de Dios es el pan que alimenta nuestra espiritualidad, la oración es la respiración que la mantiene viva.”La oración” dice Elena de Whiite, “es uno de los deberes más esenciales. Sin ella no puedes observar una conducta cristiana. Eleva, fortalece y ennoblece; es el alma en conversación con Dios” (Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 280).

5. Una vida que produce frutos. Producir frutos es un aspecto importante del crecimiento cristiano. La salvación por Ia gracia es frecuentemente considerada una negación de la obediencia y de Ia producción de frutos. Si, somos salvos gratuitamente por Ia fe en Io que Ia gracia de Dios hizo por medio de Cristo, y nada tenemos, en nosotros mismos, para gloriarnos (Efe. 2:7,8; Juan 3:16). Pero no somos salvos para hacer lo que nosotros querramos. Somos salvos para vivir de acuerdo con Ia voluntad de Dios.

6. Una vida de guerra espiritual. EI discipulado cristiano no es una jornada fácil. Estamos involucrados en una guerra real y peligrosa. Dice el apóstol Pablo: ”Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. Por Io tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza” (Efe. 6:12, 13).

Dios no nos deja solos en esta guerra. El nos dio la victoria en y a través de Jesús.”¡Gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!” (1 Cor. 15:57).

7. Una vida de adoración, testimonio y esperanza. El crecimiento cristiano no ocurre en e! vacío. Ocurre, por un lado, dentro de Ia comunidad de los redimidos y, por otro lado, como un testigo delante de la comunidad que necesita ser redimida.

Sin la adoración colectiva, perdemos Ia identidad.
EI crecimiento cristiano exige crecimiento en servicio y un crecimiento que lleva a testificar. “Como el Padre me envió a mi, así yo los envío a ustedes” (Juan 20:21). La vida cristiana nunca significó una vida encerrada en el círculo del propio “yo”, sino una vida siempre dirigida al servicio y dedicada a testificar a otros.

(Extraído y adaptado del libro Creencias de los adventistas del séptimo día).

Para reflexionar:
Así como un niño pasa por un proceso de crecimiento día tras día hasta llegar a ser grande, Io mismo ocurre en la vida cristiana. Entonces, mi primer compromiso con Dios debe ser buscar ese
crecimiento. ¿Estás creciendo dentro de la expectativa del Padre? ¿Existe alguien o algo que te haya sacado tu momento habitual de comunión con Dios? Piensa y ora acerca de esto en las próxima 24 horas.

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