La marca distintiva – 4to mandamiento

LaMarcaDistintivaAcuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó. Éxodo 20:8-11

Pensemos por un momento, ¿cuántas personas viven hoy frustradas y abrumadas por sus responsabilidades y problemas? Corremos y nos afanamos, pero el tiempo no alcanza nunca. Debemos ganarnos la vida, mantener el hogar, atender las relaciones y los compromisos, educar a los hijos, cuidar la salud, hacer compras, pagar las cuentas y realizar miles de tareas más. El problema es que somos finitos y la vida siempre exige más. El gran Cecilio Rodhes lo dijo en su lecho de muerte: ¡Tanto que hacer! ¡Tan poco tiempo! .. Ante el interminable ajetreo, ante las exigencias de una vida exigida, muchos se frustran en el camino. Pero nuestro Creador nos ofrece el apacible oasis del sábado. Un famoso dramaturgo y creyente en Dios escribió: “ El sábado es un sorbo de agua fresca que aguarda al caminante al final de un viaje largo y fatigoso. Es como los brazos de una madre que se extienden para recibir a un niño cansado”. “Seis días trabajarás”, dice el cuarto mandamiento. Éste es el tiempo tuyo. Pero todo esto tiene un límite: es el sábado. En él debes descansar. ¿Cuál es la primera referencia acerca de lo especial que es el día sábado?

Así quedaron acabados los cielos y la tierra, y su gran contenido. Y acabó Dios en el séptimo día la obra que hizo, y reposó en el séptimo día de cuando había hecho. Entonces Dios bendijo el séptimo día y lo santificó, porque en él reposó de cuanto había hecho en la creación. Génesis 2:1-3

Un grupo de misioneros que se encontraban en la costa noreste de Guatemala, emprendieron un viaje que jamás olvidaron. A los pocos minutos de haber zarpado, densas nubes cubrieron el cielo y de pronto cayó una persistente lluvia. Ráfagas de viento y lluvia arremetían contra las ventanas de la embarcación, con una furia que amenazaba con romperla. El ruido del viento hacía imposible cualquier conversación, pero de cuando en cuando se oían gemidos y llantos. En condiciones normales el viaje duraba unos 90 minutos; ahora parecía eterno. Los pasajeros pensaron que el capitán había perdido el rumbo y que estaban saliendo a mar abierto, cuando sorpresivamente, sobrevino una maravillosa calma. En vez de bambolearse de un lado a otro, la lancha empezó a moverse tranquilamente sobre el agua y adelante se visualizó por primera vez, a través de la lluvia, las luces de su destino. ¿Qué había producido esa maravillosa transformación? Habían entrado en el puerto. En realizado el viendo no se había aplacado. En realidad el viento no se había aplacado. Allá, en mar abierto las olas se alzaban tan bravas y peligrosas como antes, pero ya no les asustaban, porque habían alcanzado el albergue y estaban seguros. El sábado es el oásis en el tiempo, donde podemos tomar un respiro en todo sentido. ¿Para quién dijo Cristo que fue hecho el sábado?

También les dijo: El sábado fue hecho para el hombre, no el hombre para el sábado. Así, el Hijo del hombre es también Señor del sábado. Marcos 2:27

El Señor Jesús dijo que el sábado fue hecho para el hombre. Y efectivamente es un regalo preciosísimo dado para nuestro provecho y protección. Es el puerto que alcanzamos después de la tormenta, el oasis donde el fatigado viajero encuentra sosiego y repone sus fuerzas para seguir las luchas de la vida. Fue un viernes en el Edén cuando el Creador terminó su obra y reposó de su obra perfectamente. En otro viernes, el Señor Jesucristo acabó la obra de la redención y, al morir, exclamó: “Consumado es”(Jn 19:30) Acto seguido, sus discípulos bajaron su cuerpo de la cruz y lo acostaron en un sepulcro. En ese momento el sol estaba por ocultarse y , dice la Escritura, “el sábado estaba a punto de empezar” (Luc 23:54) Así, por segunda vez, el Salvador reposó de una obra consumada en el séptimo día. Entonces, el sábado, creado para conmemorar la provisión de Dios para un mundo perfecto, llegó a tener un significado adicional. A partir de ese día, también simbolizaría su perfecta provisión para un mundo perdido en el pecado, su plan de redimirnos y para sanar y devolvernos a una relación de fe y confianza en él. Este segundo significado del sábado fue anticipado mucho antes de la cruz. Cuando el Señor dio los 10 Mandamientos en el Monte Sinaí y cuando Moisés los repitió 40 años más tarde, los citó de una manera que claramente anticipaba la segunda razón para la observancia del sábado.

Acuérdate que fuiste esclavo en Egipto y que el Señor tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y brazo extendido. Por eso el Señor tu Dios te ha mandado que guardes el sábado. Deuteronomio 5:15

Así que el sábado, es una celebración no sólo de la creación, sino también de nuestra liberación de la esclavitud. Y ese rescate es precisamente lo que significa la palabra redención. Ya notamos el significado del 4º mandamiento como complemento y garantía de los primeros tres mandamientos. Como señal de nuestra redención de la esclavitud, el sábado llama nuestra atención a la necesidad de respetar a nuestro prójimo. Nos insta a recordar la roca de donde fuimos tallados, la cantera de donde fuimos excavados ( Isaías 51:1) “Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis al Señor. Mirad la piedra de donde fuisteis cortados, y el hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados”. De esta manera el cuarto mandamiento también imparte significado a los siguientes seis preceptos, los cuales hablan de nuestro deber para con otros seres humanos. Karl barth no exagera al decir que el mandamiento del sábado ilumina todos los demás, y todas las formas de entenderlos. Por lo tanto, tiene que ocupar su lugar como cabeza de todos.

Notas y referencias

Loron Wade, Los Diez Mandamientos

Shaw Boonstra, Clifford Goldstein, En Tablas de Piedra

 

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