Los rollos no mienten

losrollosnomienten

La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Jehová sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo. Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra de Dios nuestro permanece para siempre. Isaías 40:7,8

Cada vez que se menciona la palabra “profecía” muchos piensan inmediatamente en las revistas sensacionalistas que se venden en los quioscos y los centros comerciales. Publicaciones que hablan de guerras, plagas y conflictos, colapsos de las bolsas de valores, el impacto de meteoritos y de un sinfín de desastres. Algunas de las profecías que resaltan, parecieran basarse en la Biblia. Sin embargo, tales predicciones sensacionalistas llevan a las personas sensatas a dudar acerca de las profecías en general. En el mundo religioso, en las novelas populares y en algunas películas se presentan otras formas de profecías que afirman tener un mayor fundamento bíblico. La Biblia ciertamente tiene mucho que decirnos acerca del futuro. Pero el hecho de que existan interpretaciones diametralmente opuestas de profecías bíblicas, hace que algunos se pregunten si en realidad podemos comprender lo que dicen las Escrituras. Si las profecías son tan importantes ¿por qué entonces Dios hizo que en algunos casos resultara tan difícil interpretarlas? ¿Cuál es la clave para descifrar las profecías de la Biblia? ¿Se han cumplido ya algunas de ellas? ¿ O es que acaso no son más que escritos arcaicos sin mucho significado? Las respuestas a estas preguntas serán el tema de nuestros siguientes programas. Pero algo te podemos asegurar: Las profecías de la Biblia claramente nos dan esperanza. Éstas no nos deben producir temor, sino gozo. ¡Aportan una esperanza que está garantizada por un Dios todopoderoso! ¿Cuál es la seguridad acerca del futuro y de que se seguirán cumpliendo cada una de las profecías que quedan en el futuro?

Porque Jehová de los ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá? Y su mano extendida, ¿quién la hará retroceder? Isaías 14:27

Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero. Isaías 46:9-10

Hay quienes llenos de suficiencia se autoproclaman profetas capaces de predecir los acontecimientos que merecerán los titulares de la prensa. Estos “expertos” nos advierten acerca de un sinnúmero de acontecimientos: el posible desplome de la bolsa de valores, enormes cambios climáticos, hambrunas, catástrofes naturales etc…Uno de los adivinos más populares fue Nostradamus, quien aún cuenta con millones de seguidores. Este vidente francés del siglo XVI aseguraba que al sentarse sobre un trípode de bronce podía adivinar el futuro. Nostradamus realizó cientos de predicciones. La versión- más bien interpretación- actualizada de una de sus más famosas profecías afirma que a principios de 1999 o de 2000, “las luchas entre grupos raciales, étnicos y nacionalistas en Europa del este tendrán un desenlace catastrófico con el uso de armas nucleares. De la civilización europea no quedará más que el recuerdo” Es obvio que esta profecía falló. Simplemente no ocurrió nada de todo eso. Lo mismo pudiera decirse de otras muchas predicciones acerca del fin del mundo. Desgraciadamente, esos llamados “profetas” han dejado confundidos una y otra vez a millones de sus seguidores. ¿Habrá alguien capaz de predecir el futuro con certeza? ¿Habrá alguna esperanza para el mañana? ¿Habrá alguna fuente confiable de información respecto al futuro? ¿Por qué podemos confiar en la veracidad de la Biblia?

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. 2 Timoteo 3:16

Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. 2 Pedro 1: 21

Los 66 libros de la Biblia encierra numerosas predicciones. Esas profecías tratan acerca del surgimiento y la caída de imperios; el derrocamiento y muerte de reyes y gobernantes; la destrucción de ciudades; el nacimiento, la vida, la muerta y la resurrección del Salvador del mundo: Jesús; también hay profecías acerca del destino de la nación de Israel, los acontecimientos de los últimos tiempos, y el regreso de nuestro Señor. Las profecías se han cumplido en el pasado; podemos pues confiar que en el futuro también se cumplirán. Una profecía que se ha cumplido nos ayuda a creer en lo que Dios ha predicho acerca del futuro. Y es precisamente la predicción de acontecimientos futuros, la mejor prueba en cuanto a la inspiración de la Biblia. Dios no adivina: él sabe todo y hace que las cosas sucedan. Nada ni nadie como Dios. ¿Por qué? El Señor puede predecir el futuro. Para Dios el futuro es como si fuera el presente. Él conoce el mañana mejor de lo que nosotros conocemos el día de hoy. Dios se ha revelado a sus profetas en visiones, en sueños y a través dela inspiración directa de su Espíritu. Por lo tanto, la Biblia es la revelación de Dios para la humanidad. Sus profecías ayudan a establecer su credibilidad, ya que son un testimonio de la capacidad del Señor para revelar los acontecimientos futuros antes de que sucedan. Consideremos esta predicción bíblica. Los egipcios dominaron el escenario mundial durante siglos. El poderoso imperio de los faraones, con sus fabulosos tesoros, ha cautivado el interés de la gente. Lujosos palacios, enormes pirámides, y esplendorosas. Las mundialmente famosas pirámides de Gizeh se consideran una de las maravillas de la civilizacón antigua. Durante su apogeo, Egipto parecía invencible. ¿Sin embargo qué profecía acerca del futuro de Egipto se cumplió?

Así ha dicho Jehová el Señor: Destruiré también las imágenes, y destruiré los ídolos de Menfis; y no habrá más príncipe de la tierra de Egipto, y en la tierra de Egipto pondré temor…Haré, pues, juicios en Egipto, y sabrán que yo soy Jehová. Ezequiel 30:13,19

Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor Heme aquí contra Faraón rey de Egipto, y quebraré sus brazos, el fuerte y el fracturado, y haré que la espada se le caiga de la mano. Y esparciré a los egipcios entre las naciones, y los dispersaré por las tierras. Ezequiel 30: 22-23

Tal como dijo el profeta Ezequiel, los babilonios atacaron a Egipto y derrotaron a aquel poderoso imperio. Los esparcieron por toda Mesopotamia. Además, durante siglos los ladrones saquearon los tesoros de los palacios, las tumbas y las pirámides egipcias. Hoy aquella ciudad que una vez fuera tan poderosa y arrogante yace en ruinas. En el siglo XIX, la egiptóloga Amelia Edwards declaró que “casi no se puede creer”, o “comprender” cómo Menfis la capital de Egipto, pudo ser destruida por completo. La explicación es fácil de entender si se observa el asunto desde la perspectiva de las profecías bíblicas. Y atención, Dios no es que adivine. Él sabe todo, porque a través de su poder él dirige los acontecimientos.

En la actual Jordania, se puede visitar la ciudad de Petra. Petra era la capital de los edomitas. El escenario es sorprendente. Durante siglos los habitantes de la ciudad cincelaron unos tres mil edificios en enormes paredes de piedra caliza de los desfiladeros. Palacios, edificios, templos teatros, todos fueron cuidadosamente labrados, todos son testigos de la pujante civilización que una vez existió allí. Durante siglos la ciudad ha permanecido desolada. Hoy nadie vive en ella. Las calles están vacías. Los establecimientos, y las que una vez fueron lujosas fachadas, todos se desmoronan en el ardiente desierto jordano. Todo este escenario nos puede recordar las palabras del profeta Isaías sobre la destrucción que sobrevendría a Edom “De generación en generación quedará asolada” (Isaías 34:10). Las palabras del profeta resuenan y hablan a todas las generaciones: “La hierba se seca, la flor se cae; pero la Palabra de nuestro Dios permanece para siempre” (Isaías 40:8). La Palabra de Dios es una roca inconmovible. Su fiabilidad ha sido puesta a prueba por el escrutinio de la historia. Los antiguos pergaminos nos hablan hoy a nosotros en el siglo XXI. Aunque en esta vida no haya demasiadas cosas de las que uno se puede fiar; hay una irrefutable: La Palabra de Dios merece toda nuestra confianza. La Biblia, sin embargo, no es una mera colección de profecías. Millones de personas pueden testificar acerca de los profundos cambios que se han producido en sus vidas después de leer la Biblia. El apóstol Santiago nos aconseja: “Acepten humildemente el mensaje que ha sido sembrado; pues ese mensaje tiene poder para salvarlos (Sant 1:21).  El mismo Espíritu Santo que inspiró a los escritores de la Biblia guiará de igual manera a quienes la lean.

 

NOTAS

Evidencias de la inspiración de la Biblia

1.- SU UNIDAD: Más de 40 autores de muy distinta procedencia y cultura redactaron los escritos bíblicos, en un período que abarca unos 1500 años. Aun así la Biblia presenta una gran unidad, poniendo en evidencia el hecho de que una inteligencia divina dirigió a las mentes humanas.

2.- LO QUE DICE DE SÍ MISMA: La Biblia declara que es inspirada. En más de 3000 pasajes afirma que es la Palabra de Dios. O es lo que dice ser, o es un libro lleno de falsedades.

3.-LAS PROFECÍAS CUMPLIDAS: Cientos de profecías concretas se han cumplido. Estas profecías revelan el devenir de la historia de Israel y de otras naciones, así como la vida de Jesús.

4.-SU PODER TRANSFORMADOR: Millones y millones de personas dan testimonio del poder transformador de la Biblia. A quienes la lean con el deseo de investigar y aprender este Libro les hablará poderosamente.

5.- DE INTERÉS PERMANENTE: En todas las épocas la Biblia ha sido el libro con más ejemplares en circulación.

6.- DE ALCANCE UNIVERSAL: La Biblia apela a jóvenes y ancianos, a los ricos y a los pobres, a los sabios y a la gente sencilla. La Biblia completa o en parte ha sido traducida a más de mil idiomas y de ella se imprimen millones de ejemplares cada año.

Show Buttons
Hide Buttons