Antes, como está escrito: “Cosas que ojo no vio ni oído oyó, ni han subido en corazón humano, son las que Dios ha preparado para quienes lo aman”. 1 Corintios 2:9
Existe un poema de John Godfrey, que cuenta la situación en la que seis ciegos se encontraron con un elefante e intentaron determinar cómo era dicho animal palpándolo. El primer hombre, tocó el costado del elefante y concluyó que el animal era como una pared. El segundo hombre aferrado a un colmillo, afirmó que un elefante tenía las características de una lanza. El tercero, pasando sus manos por la serpentante trompa, declaró que un elefante es un animal parecido a una serpiente. El cuarto ciego se mostró en completo desacuerdo, porque había colocado sus brazos alrededor de una pata del elefante, y estaba seguro que este era como un árbol. El quinto hombre palpó la enorme oreja del elefante, entonces aseguró que un elefante se parece a un abanico. Finalmente, el sexto ciego descubrió la oscilante cola, y exclamó que el animal tenía la forma de una soga. Los seis hombre, de acuerdo con el poema, comenzaron a discutir acaloradamente, cada vez más airados. Cada uno de los ciegos defendía tercamente que estaba en lo correcto, y ninguno de ellos quiso dar su brazo a torcer. El poeta reconoce la triste verdad de que respecto a sus creencias religiosas la gente puede apasionarse al extremo, y estar tercamente convencida de poseer la verdad, defendiendo creencias sobre los cuales poco o nada realmente conocen. Uno de esos temas religiosos es el cielo. Las opiniones al respecto varían ampliamente. ¿Qué es el cielo? ¿Realmente existe? Y si existe, ¿dónde está, y como es? , El apóstol Juan el revelador estuvo desterrado en la pequeña isla de Patmos, en la costa de la actual Turquía, Dios le mostró la ciudad celestial en visión. ¿Cuál es la descripción que se da en la Biblia?
Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido, y el mar ya no existía más. Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la Nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, engalanada como una novia para su esposo. Apocalipsis 21:1,2
Esta ciudad no es sencillamente algo que únicamente el apóstol Juan había visto. El pueblo de Dios ya sabía del cielo a través de los siglos. Dios nos dice que todos sus santos profetas hablaron acerca del plan divino para salvar a este mundo dañado por el pecado. ¿Qué nos dice el apóstol Pedro acerca de la realidad de un cielo?
Así, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados, y vengan los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor; y él envíe a Jesucristo, designado de antemano; a quien es necesario que el cielo retenga hasta el tiempo de la restauración de todas las cosas, que desde la antigüedad Dios prometió por medio de sus santos profetas. Hechos 3:19-21
De acuerdo con una encuesta realizada por la compañía Harris Poll en enero del 2003, el 82 por ciento de los norteamericanos cree que el cielo existe. Pero la verdad es que hoy en día la mayor parte de la gente, incluídos muchos cristianos, piensan muy poco en el cielo. Desde el momento en que nos despertamos hasta que caemos exhaustos en nuestras camas ya en la noche, corremos de acá para allá, no paramos, comemos, trabajamos, nos sentamos en clases o reuniones, vamos de compras, limpiamos la casa, arreglamos nuestros autos, pagamos las cuentas, acudimos a nuestras citas… Nuestros días están llenos de los intercambios que establecemos con otras personas. Detrás de todo esto, está el continuo parloteo de las noticias diarias acerca de lo que sucede en el mundo: las guerras, los escándalos, los desastres, la violencia, la política, el poder y la pasión humana. Compitiendo también por nuestra atención, y tal vez con mucho éxito, está el mundo del deporte y el entretenimiento. Mientras tanto, nosotros, creemos que en algún punto del universo inconcebiblemente lejano, existe un lugar llamado cielo. Un lugar que también es parte de un futuro. A veces vivimos tan ocupados y agitados, que apenas podemos entender lo que está pasando a nuestro alrededor, mucho menos nos detenemos para contemplar un lugar en el cual nunca hemos estado, pero la Biblia si lo describe como nuestro anhelado hogar eterno. ¿Cómo el concepto del cielo debe cambiar nuestra manera de vivir aquí en la tierra? ¿Cuál fue la experiencia el impacto de la realidad del cielo para el patriarca Abraham?
Por la fe Abraham… Habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, y habitó en tiendas como Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa. Porque esperaba la ciudad con fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios Hebreos. 11:8,10
Marco Polo, el explorador italiano, volvió de China a su hogar, luego de 24 años de estancia en el Oriente, contando unas historias tan increíbles, que sus amigos pensaron que había enloquecido. Por ejemplo, decía que había estado en una ciudad llena de oro y plata; que había visto piedras negras que se quemaban ( en su país no se conocía el carbón mineral) y telas que no ardían cuando se las arrojaba al fuego ( nadie tenía noticias del amianto o asbesto). Además, contó acerca de serpientes que medían más de tres metros con mandíbulas suficientemente grandes como para tragarse a un hombre ( los europeos nunca habían visto un cocodrilo) y nueces del tamaño de la cabeza de una persona ( nunca habían visto cocos). La gente se reía de semejantes historias. Años después, cuando Marco Polo yacía moribundo, un piadoso sacerdote instó al explorador en su lecho de muerte a retractarse de las historias que había contado. El explorador rehusó diciendo: “No he dicho ni la mitad de lo que vi, porque nadie me habría creído”. No hay palabras adecuadas para describir las bellezas que los escritores de la Biblia expresan acerca de la tierra nueva y la santa ciudad. El libro de Apocalipsis nos brinda una impresionante descripción de la santa ciudad que será el deslumbrante hogar de los redimidos. ¿Cómo es dicha ciudad celestial?
La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios (2,200 km); la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales. Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos (65 mts), de medida de hombre, la cual es de ángel. El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio; y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; el quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista. Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio. Apocalipsis 21: 16-21
¡Si una ciudad así existiera actualmente en algún lugar de la tierra, seguro que todo el mundo estaría haciendo las maletas para mudarse allí sin importar el costo que eso supusiera! En vez de estar flotando entre las nubes, los redimidos se encontrarán en una tierra firme. Pero será una tierra nueva, eso es lo que nos espera. La Tierra II será el Edén restaurado. El profeta Isaías nos presenta una muestra de las cosas que el Señor tiene guardadas para nosotros. ¿Cuáles son algunas experiencias que podremos gozar en la tierra nueva?
No dirá el morador: “Estoy enfermo”. Al pueblo que habite en ella le habrá sido perdonado su pecado. Isaías 33:24
Entonces el lisiado saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo. Agua brotará en el desierto, y torrentes en el secadal. Isaías 35:6
Y los redimidos del Señor volverán y vendrán a Sión con alegría. Gozo perpetuo será sobre sus cabezas. ¡Tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido! Isaías 35:10
El lobo y el cordero pacerán juntos. El león comerá paja como el buey, y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dice el Señor. Isaías 65:25
La vida eterna será un lugar donde no habrá desengaños, desilusiones, desánimos, depresiones, deudas ni divorcios. No tendremos que librar ya batallas espirituales, sino que simplemente gozaremos de crecimiento espiritual y comunión personal con Dios. El aburrimiento nunca será un problema. Podremos viajar a cualquier parte del universo que se nos ocurra. Podremos aprender todo lo que deseemos, y así desarrollar todo nuestro potencial humano indefinidamente. Nuestras manos, que Dios diseñó para llevar a la práctica las ideas de nuestra mente, podrán construir y crear sin ningún tipo de limitación. Podremos producir cualquier cosa que ambicionemos. Y nuestra energía en renovación constante jamás disminuirá. El profeta Isaías nos dice: Y de mes en mes, y de sábado en sábado, vendrán todos a adorar ante mí, dice el Señor ( Isaías 66:23) Participaremos de maravillosos cultos de adoración y comunión con nuestro Creador. El sábado que en nuestra tierra imperfecta representa renovación de fuerzas y un anticipo del futuro, nos revitalizará de una forma aún más maravillosa, allá en medio del esplendor celestial. Nuestro sentido de la solidaridad, nuestro gozo en la alabanza, excederá con creces todo lo experimentado aquí en la tierra.


