Semejante a sus hermanos en todo (La naturaleza de Jesús)

 

Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.  Hebreos 4:14-16

El texto bíblico inicial nos asegura que Jesús puede simpatizar completamente con el creyente sincero que tiene que enfrentarse a menudo con problemas y dificultades, porque él sufrió en su propia naturaleza humana -pero sin pecar- las debilidades que son vinculadas al género humano. Uno de los propósitos de la encarnación, explicada con la frase Emanuel: Dios con nosotros, fue que Dios se acercara tanto a la humanidad, que pudiera experimentar las mismas debilidades y problemas de los cuales participamos nosotros. Cuando Cristo lo hizo, quedó capacitado para llegar a ser nuestro Sumo Sacerdote y representarnos ante el Padre. Así como la Escritura afirma en forma definitiva que Jesús es Dios, de igual manera afirma su verdadera humanidad. En Hebreos 2:14 encontramos ésta afirmación: “(Jesús) era de carne y hueso” como el resto de los hombres. Era semejante a sus hermanos en todo, excepto en pecado. Su vida terrenal fue genuinamente humana. Fue concebido en forma sobrenatural por obra del Espíritu Santo, pero nació como nacen todos los niños Nació cuando se cumplieron los días del embarazo de María (Lucas 2:6) Además, Jesús creció de acuerdo con las leyes de la naturaleza. ¿Qué nos dice la Escritura acerca de la manera en cómo fue creciendo Jesús?

Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él. Lucas 2:40

Entonces descendió con ellos a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre atesoraba  cuidadosamente todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura, y en gracia ante Dios y ante los hombres. Lucas 2:51, 52

Los evangelios presentan a Jesús, como poseyendo toda la gama de emociones y necesidades de un hombre normal. Jesús tuvo compasión, se indignó, se regocijó, y una vez dijo: “Siento en el alma una tristeza de muerte” (Mat 26:38) En otra ocasión: “Cuando Jesús volvió a la ciudad por la mañana, tuvo hambre”, también se cansaba , tuvo sed. En resumen su vida terrenal fue genuinamente humana. Era verdaderamente hombre. En la actualidad hay muchos cuadros de diferentes artistas representando el rostro de Jesús, pero   ¿Cómo es su aspecto físico? ¿Tenemos información en la Biblia la descripción física de Jesús?

Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Isaías 53:2

Como dijera el filósofo Kierkegaard hace 150 años, si alguien se cruzaba con Jesús en la calle, nunca iba a decir  Ahí va Dios , o Dios hecho hombre”. Pues, era un hombre entre los hombres. Contrariamente a ciertas impresiones que algunos han tratado de proyectar acerca de Jesús: débil y pálido; los evangelios dan la idea de que Jesús era fuerte y saludable, y llevaba un programa de trabajo que pocos podrían soportar. Caminaba largas distancias bajo todo tipo de climas. Entre Capernaúm y Jerusalén había por lo menos 194 kms ( en la actualidad este recorrido se toma más de 2 horas en carro por carretera) , y Jesús recorrió esa distancia varias veces y a pie. Solía pasar la noche orando y temprano por la mañana salía a cumplir su misión.  Pero una de las grandes diferencias entre Jesús  y los demás hombres residió en su nacimiento:¿Cómo se le describió el plan del nacimiento del Salvador del mundo a María y a José?   

Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. Lucas 1:35

 

Pensando en esto, un ángel del Señor se le apareció en sueños, y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María por esposa, porque lo que ella ha concebido es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Mateo 1:20, 21

El ángel no le dijo a José que su  “mujer” le daría a luz un hijo a él, como le había dicho a Zacarías acerca de Juan (Luc. 1: 13). Jesús había de nacer como “Hijo de Dios”, no como hijo de José (Luc. 1: 35), pero desde el momento del nacimiento de Jesús, José debía ser para él como padre. A semejanza de otros niños, Jesús se beneficiaría del compañerismo, de la conducción y de la protección de un padre.  El nombre de Jesús significa “Jehová es salvación” . La construcción griega es enfática, como si se deseara recalcar que él mismo es quien ha de salvar.

Desde la antigüedad se había escuchado la promesa: “He aquí, vengo”. Por siglos el pueblo judío -el pueblo de Dios- había esperado ansiosamente la venida de su Libertador. Ahora, “cuando vino el cumplimiento del tiempo” (Gál. 4: 4) la providencia señaló a Aquel en quien habían de cumplirse esas esperanzas. Y es que Jesús es la presencia visible de Dios ante los hombres. Otro aspecto que no debemos de pasar por alto es que: la vida de Jesús fue también en todo sentido diferente a la de sus hermanos: Hay mucha evidencia en los evangelios que atestigua acerca de su vida pura, sin pecado. ¿Cuál es la tarea de Jesús en este momento?

Por eso Jesús puede salvar perpetuamente a los que por medio de él se acercan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder por ellos. Tal Sumo Sacerdote nos convenía: santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos. Hebreos 7: 25-26

¿Por qué podemos decir que Jesús no fue un maestro religioso más que anduvo enseñando entre las aldeas de  Galilea y en las ciudades como Jerusalén ? Y la respuesta la tenemos estudiando  su vida, y también su muerte. La muerte de Cristo fue diferente a la muerte de cualquier otro hombre, en el sentido de que su muerte fue vicaria, es decir, murió en lugar del hombre, murió la muerte que le tocaba al ser humano “Cristo murió por nuestros pecados” ( 1 Cor 15:3) En realidad ese fue el propósito de su nacimiento. Jesús murió como sacrificio, no como mártir. De acuerdo al registro bíblico, Jesús murió el viernes a las tres de la tarde, después de haber pasado seis horas en la cruz, pero ¿qué paso temprano el domingo por la mañana?

Después que Jesús resucitó en la madrugada del primer día de la semana, apareció primero a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. Ella fue y avisó a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. Cuando ellos oyeron que Jesús vivía, y que ella lo había visto, no lo creyeron. Marcos 16:9-11

Por eso, debía ser en todo semejante a sus hermanos para venir a ser compasivo y fiel Sumo Sacerdote ante Dios, para expiar los pecados del pueblo.  Hebreos 2:17

La palabra “semejante” del anterior texto, no significa necesariamente idéntico, igual, sino más bien parecido. El ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios, pero existe una diferencia infinita entre ambos. El Nuevo Testamento contiene un pasaje que sin duda arroja luz más claramente que ningún otro sobre la naturaleza de Jesús en relación a sus hermanos. ¿Cuál es este pasaje?

Haya en ustedes el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús, quien siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo y tomó forma de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Filipenses 2:5-7

Jesús es igual al Padre celestial , pero semejante a los hombres. No debemos copiar a ningún ser humano. No hay ningún ser humano suficientemente sabio para ser nuestro criterio. Debemos mirar al hombre Cristo Jesús que es completo en la perfección de justicia y santidad. El es el autor y consumador de nuestra fe. El es el Modelo. Su experiencia es la medida de la experiencia que debemos tener. Su carácter es nuestro modelo. Quitemos, pues, de nuestra mente las perplejidades y las dificultades de esta vida y mirémoslo a él, para que por la contemplación seamos cambiados a su semejanza.

Un inspector que trabajaba en una planta nuclear a quien se la había encargado una tarea muy especial. Debía vigilar la puerta de salida de la planta para que ninguno de los empleados se llevara algo, especialmente algo que pudiera contener elementos radioactivos. Una tarde notó que uno de los empleados se acercaba empujando una carretilla llena de aserrín. Sospechó que podría estar ocultando algo debajo del aserrín. Lo detuvo, revisó cuidadosamente y al no encontrar nada, le permitió seguir su camino. Curiosamente, al día siguiente y aproximadamente a la misma hora, el mismo empleado se aproximaba otra vez llevando una carretilla llena de aserrín. La revisó otra vez con todo cuidado y al notar nuevamente que todo estaba en orden, lo dejó salir. Lo mismo sucedió varios días hasta que comenzó a interrogar al empleado, y finalmente éste confesó que: ¡Había estado robando carretillas! El inspector estaba tan preocupado por examinar el aserrín, que lo más grande pasaba sin él darse cuenta. Muchas veces nos preocupamos por los detalles, por cosas pequeñas, y perdemos de vista lo central, el cuadro mayor. El tema central de la Biblia es que Jesús es Dios, y es también semejante a nosotros pero sin pecado.

Aunque nunca podremos entender en toda su amplitud y su profundidad quién de veras era Jesús, la Escritura afirma sin lugar a dudas que era divino y humano, era Dios en carne humana porque “la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). Un pensamiento inspirado dice: Jesús es un ejemplo perfecto y santo, dado para que lo imitemos. Nosotros no podemos igualar el modelo; pero Dios no nos aprobará si no lo copiamos, y según la capacidad que Dios nos ha dado, lo reflejemos” . Es por eso que la salvación es por gracia, un don inmerecido. Nadie va a llegar al reino de los cielos sobre la base de hacer buenas obras. Cuando Jesús nos dé la bienvenida a los redimidos, no lo hará exaltando nuestros logros; simplemente nos dirá: Bien, buen siervo fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor (Mateo 25:21)

Show Buttons
Hide Buttons