¡GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS!

Y de repente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían: “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, entre los hombres de buena voluntad” Cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: “Vayamos a Belén, y veamos este suceso que el Señor nos ha dado a conocer”. Fueron a toda prisa, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.  Lucas 2:13-16

Los ángeles. . . aparecieron a los humildes pastores que en la noche cuidaban los rebaños en los campos de Belén. Primero les apareció un ángel vestido con la armadura celestial; y fue tal la sorpresa y el terror de los pastores que sólo atinaban a contemplar con indescriptible asombro la maravillosa gloria del visitante celestial. El ángel del Señor vino y les dijo:”No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor“(S Lucas 2: 10, 1). Ni bien los ojos de ellos se acostumbraron a la gloriosa presencia de aquel ángel, he aquí, ¡toda la planicie fue iluminada con la deslumbrante gloria de una multitud de ángeles que pobló los llanos de Belén! El ángel calmó los temores de los pastores antes de que abrieran sus ojos para contemplar a la hueste celeste, que alababa a Dios y decía: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” La luz se extinguió y las sombras de la noche cayeron de nuevo sobre las colinas y las llanuras de Belén; pero quedó en los corazones de los pastores el cuadro más brillante que ojos mortales hayan visto alguna vez, y la bendita promesa y certeza del advenimiento del Salvador de los hombres a nuestro mundo, que llenó los corazones de alegría y gozo, mezclados con la fe y el maravilloso amor a Dios ¿Cuál fue uno de los grandes beneficios que obtuvo la humanidad con el nacimiento de Jesús?

Así habiendo sido justificados por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Romanos 5:1

Cristo es nuestra paz, que de los dos pueblos hizo uno, y derribó el muro divisorio. Y vino, y anunció la paz a vosotros que estabais lejos y a los que estaban cerca. Efesios 2:14,17

Todos somos conscientes de que la Navidad se ha convertido en una fiesta en el que se fomenta el consumo y los excesos. Muy a menudo se pierde de vista el hecho de que el Hijo de Dios quien nació en este mundo vino a ser una “señal” para el creyente de que “Dios está con nosotros”. Sabemos que Jesús no nació un 25 de diciembre. Pero el hecho de que sea la fecha incorrecta, no nos debe de eximir en celebrar de la manera más patente el hecho de que nuestro Señor vino a este mundo con el fin de convertirse eternamente en miembro de la familia humana. Celebramos el amor de Dios, como lo dice el pasaje de la Biblia: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito”. Así que olvidemos por un momento el 25 de diciembre. No le dediquemos demasiada atención a la fecha. No disfrutemos irreflexivamente las actividades festivas de estos días. Pensemos en el hecho de que Jesús vino a hacerse miembro de la familia humana. Reflexionemos en el hecho de que cuando se fue al cielo, realizó una gran promesa de volver. Jesús quien ahora se encuentra trabajando en favor de nosotros en otra fase del plan de salvación, es nuestro hermano, nuestro pariente más cercano. ¿No crees que nuestra forma de celebrar la Navidad debiera ser diferente? Esta Navidad reserva unos momentos para pensar en Cristo y llenar nuestro corazón de gratitud hacia nuestro Redentor.¿ Cuál debiera de ser nuestra actitud hacia las bendiciones que recibimos de parte de nuestro Dios?

¿Qué pagaré al Señor por todos sus beneficios hacia mí? Levantaré la copa de la salvación, e invocaré el nombre del Señor. Salmo 116:12-13

Y te alegrarás por todo el bien que el Señor tu Dios te haya dado a ti y a tu casa. Deuteronomio 26:11

Richard Dawkins, biólogo evolucionista y destacado ateo, escribió: “El 25 de diciembre es el nacimiento de uno de los hombres verdaderamente grandes que hayan caminado sobre la Tierra. Sus logros solo podrían celebrarse allí donde sus verdades dominan. Y eso significa de un extremo a otro del universo”.  Y esta nota cerraba con la siguiente frase:”!Feliz día Newton!” Y en verdad, Isaac Newton nació el 25 de diciembre, y fue un científico destacado. Su contribución fue describir la Ley de la Gravitación Universal, entre sus otros descubrimientos científicos, destacan sus trabajos sobre la naturaleza de la luz y la óptica, y el desarrollo del cálculo matemático. A menudo, es calificado como el científico más grande de todos los tiempos; y su obra, como la culminación de la revolución científica. Alguien dijo: “Newton fue el más grande genio que ha existido”. Sin embargo. Aunque Isaac Newton fue el primero en descubrir las leyes naturales que gobiernan la tierra y las que gobiernan el movimiento de los cuerpos celestes, nunca debemos olvidar que fue Cristo mismo quien creó esas leyes. Es más, Newton fue profundamente religioso toda su vida. Dicen sus biógrafos que dedicó más tiempo al estudio de la Biblia que al de la ciencia. Un análisis de todo lo que escribió Newton revela que de unas 3 600 000 palabras, 1 000 000  se dedicaron a las ciencias, mientras que un millón cuatrocientos mil palabras tuvieron que ver con teología. Si el científico más destacado de la historia humana creía profundamente en Dios y estudiaba la Biblia, ¿cuánto más deberíamos hacerlo nosotros?  Si el nacimiento de un hombre ilustre como Isaac Newton nos merece recordar sus hazañas, el nacimiento del Salvador del mundo, debe ser mas que recordado. Jesús nos invita a estudiar su vida y adquirir la sabiduría de lo alto para aceptar todas sus enseñanzas. Con el nacimiento de Jesús en Belén, ¿Cómo describe la Biblia el  impacto de su presencia?   

Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. Isaías 60:1,2

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Juan 1:9-11

Ojalá la humanidad pudiese reconocer hoy aquel canto! La declaración hecha entonces, la nota pulsada, irá ampliando sus ecos hasta el fin del tiempo, y repercutirá hasta los últimos confines de la tierra. Cuando el Sol de justicia salga, con sanidad en sus alas, aquel himno será repetido por la voz de una gran multitud, como la voz de muchas aguas, diciendo: “Aleluya: porque reinó el Señor nuestro Dios Todopoderoso.”Al desaparecer los ángeles, la luz se disipó, y las tinieblas volvieron a invadir las colinas de Belén. Pero en la memoria de los pastores quedó el cuadro más resplandeciente que hayan contemplado los ojos humanos. “Y aconteció que como los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores dijeron los unos a los otros: Pasemos pues hasta Bethlehem, y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha manifestado. Y vinieron aprisa, y hallaron a María, y a José, y al niño acostado en el pesebre.” El cielo y la tierra no están más alejados hoy que cuando los pastores oyeron el canto de los ángeles. Mientras recorremos las sendas humildes de la vida, el cielo puede estar muy cerca de nosotros. Los ángeles de los atrios celestes acompañarán los pasos de aquellos que vayan y vengan a la orden de Dios.

La historia de Belén es un tema inagotable. En ella se oculta la “profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios.” Nos asombra el sacrificio realizado por el Salvador al trocar el trono del cielo por el pesebre, y la compañía de los ángeles que le adoraban por la de las bestias del establo. La presunción y el orgullo humanos quedan reprendidos en su presencia. Sin embargo, aquello no fue sino el comienzo de su maravillosa condescendencia.

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