Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Efesios 2:8-10
El escritor cuáquero del siglo XIX, Hannah Smith, dice que un hombre que se convirtió al cristianismo se le preguntó: ¿Cuál es exactamente nuestra parte, y cuál es la de Dios?. El hombre mirando hacia abajo dijo: “Mi parte es correr, y la parte de Dios es atraparme”. Y aunque es algo graciosa esta anécdota, en la actualidad estamos embarcados en una de las más grandes importantes discusiones de la historia: ¿Cómo podemos conocer a Dios? Y en esta búsqueda, ¿cuál es nuestra responsabilidad? ¿Tratamos de ser buenos? ¿Limpiamos nuestras vidas? ¿Debemos hacer algo o no hacer nada? …Una vez un anciano entró a una reunión de reavivamiento y dijo con lágrimas en los ojos: “Durante mucho tiempo Dios había tratado de atraparme, y finalmente lo logró”… Al concentrarnos especialmente en lo que implica el proceso de salvación, deseamos enfatizar lo que dijo Jesús acerca del plan de rescate para la humanidad. En el proceso de nuestra búsqueda de Dios ¿qué hace él?
Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no lo atrajera. Y yo lo resucitaré en el día final. Escrito está en los profetas: “Todos serán enseñados por Dios”. Así todo el que oye, y aprende del Padre, viene a mí. Juan 6:44-45
Hace mucho se me apareció el Señor y me dijo: “Con amor eterno te he amado. Por eso te atraje con bondad” Jeremías 31:3
Nuestro mundo está asentado sobre la idea de que tenemos lo que merecemos. Trabajamos un día, y debemos recibir nuestra paga por ese día. Si eres bueno con los demás, los demás tienen que ser buenos contigo. O en otras palabras: siembra semillas de calabazas, y cosecharás calabazas. Pero en el plan de salvación celestial, no obtenemos lo que merecemos, sino más bien lo que no merecemos… Imagina que entras a una exclusiva tienda departamental, en una de las ciudades más caras del mundo. Y llevas varios artículos muy caros. A la hora de pagar en la caja sacas un fajo de billetes de fantasía. El cajero seguramente te diría:- disculpe, sentimos decirle que su dinero no tiene valor alguno. No podemos aceptarlo… Muchos de nosotros estamos convencidos de que nuestras buenas obras y nuestra conducta nos proporcionan el mérito de ganar, si no un boleto al cielo, al menos parte del mismo. Seguramente todo lo bueno que hemos hecho debe contar para algo. Pero no. En el plan de salvación, descubrimos que Dios utiliza una fórmula completamente diferente. Nuestro dinero no vale. Nuestras obras no valen. ¡Pero tampoco necesitamos dinero! Porque la salvación es gratuita, es un regalo. ¿Cómo explica la Biblia la dinámica de la salvación?
Porque por gracia habéis sido salvados por la fe. Y eso no proviene de vosotros, sino que es el don de Dios. No por obras para que nadie se gloríe. Efesios 2:8
Hay una realidad en lo que concierne al proceso de salvación: No podemos ayudarnos a nosotros mismos debido a nuestra naturaleza destructiva, a causa del pecado. Para entender esta realidad utilicemos el siguiente relato figurado: Una vez un escorpión quiso cruzar un río, pero no sabía nadar. Así que le pidió a un sapo que lo pasara al otro lado. – De ninguna manera- le contestó el sapo, ya sé que vas a hacer. Cuando estemos en el agua me picarás y yo me ahogaré. – Yo no haría eso. Piensa por un momento, si te picara, me ahogaría yo también. Como eso sonaba muy lógico el sapo permitió que el escorpión se subiera a su espalda y comenzaron su corto viaje a través del río. A mitad del camino, ocurrió lo inevitable. Sin previo aviso, el escorpión hundió su aguijón en la espalda del sapo inyectándole su veneno. A medida que ambos se hundían, el sapo tristemente preguntó: – ¿Por qué lo hiciste? Ahora ambos moriremos. – Lo siento, pero no pude evitarlo. Simplemente es mi naturaleza…¿Qué diremos con relación a nosotros? ¿Pecamos por naturaleza?
Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así encuentro esta ley: Aunque quiero hacer el bien, el mal está en mí. Romanos 7:19-21
En la dinámica entre Dios y nosotros, nuestra parte consiste en reconocer que dependemos de Dios, aunque a veces no lo queramos ver así. El rey David describió en el Salmo 51, su famosa confesión que dice: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (vers 5). Y aunque los bebés no son responsables de alguna obra mala, la Palabra de Dios nos dice una sentencia: Todos nacemos en pecado; cada uno de nosotros está en la misma situación. El Sistema operativo de nuestra computadora se llama pecado. No hay vuelta que darle, ni un giro en u, ni un giro en 180°, sólo Dios nos puede ayudar a salir de nuestra condición destructiva. EN el libro: Plan de cinco días para conocer a Dios, el autor comparte una definición respecto al tema que nos ocupa: “Pecado, en singular, es una vida que está apartada de Dios. Pecados, en plural, son las cosas malas que se hacen como resultado de vivir separados de Dios. Y luego añade: “Pecado, en singular, es vivir una vida separada de Dios y no importa lo buena que pueda ser. Hay muchas personas que viven excelentes vidas morales aún lejos de Dios. Pero viven en pecado. Quiéranlo o no, si no hacen algo “malo”, están viviendo en pecado. ¿has realizado alguna vez buenas obras con la motivación equivocada? ¿Le has expresado a alguien algún cumplido esperando obtener un favor o un ascenso a cambio de ello? Muchas de nuestras obras están contaminadas, pintadas de hipocresía si carecen del amor de Dios. Un conocido ministro acostumbraba orar diciendo: “Señor, perdónanos por nuestras buenas obras”. ¿Es entonces desesperante nuestra situación? ¿Cómo describe el libro de Isaías el diagnóstico de la humanidad?
Todos somos como suciedad, todos nuestros actos de justicia como trapo inmundo. Todos caímos como hojas secas, y nuestras maldades nos arrastraron como el viento. Nadie invoca tu nombre, nadie se despierta para apoyarse en ti. Por eso escondiste de nosotros tu rostro… Sin embargo, Señor, tú eres nuestro Padre. Nosotros logo, y tú el que nos formaste. Así, obra de tus manos somos todos. Isaías 64:6-8
Estamos desesperados, pero no desesperanzados. Aunque nuestras buenas obras no son dignas de nada, y nosotros mismos no somos dignos de nada, el plan de salvación divino establece claramente que somos dignos de recibirlo todo gracias a él.
¡Qué profunda riqueza de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!… Porque todas las cosas son de él, por él y para él. ¡ A él sea la gloria para siempre! Amén. Romanos 11:33,36
Los científicos han calculado que nuestro planeta pesa alrededor de seis mil trillones de toneladas. Eso es un seis seguido de 24 ceros… En el sistema de valores de Dios, cada persona tiene un gran valor. En la parábola de la oveja perdida, el pastor va en busca de una oveja, la más pequeñita de todas. Así también, si sólo hubiera habido un alma perdida, Cristo habría muerto por esa sola. La oveja que se ha descarriado del redil es la más impotente de todas las criaturas. El pastor debe buscarla, pues ella no puede encontrar el camino de regreso. Así también el alma que se ha apartado de Dios, es tan impotente como la oveja perdida, y si el amor divino no hubiera ido en su rescate, nunca habría encontrado su camino hacia Dios.
Cuantas veces como la ovejita nos fuimos apartando del redil, cuando nos dimos cuenta estábamos enredados en tantas cosas, que fueron tapándonos y apartándonos del Buen Pastor, pensábamos que solo podíamos salir, y cuando quisimos no fue posible, estábamos en una enredadera.
Pero ahí está el amado Pastor, pronto para extender su mano, nos toma en sus brazos, nos abraza, si estamos heridos cura nuestras heridas y pone bálsamo a nuestro dolor, nos conduce por lugares seguros y nos guarda que las fieras no nos hagan daño. Si todavía estás atrapado, no puedes salir y no puedes avanzar, deja y entrégate en las manos del Pastor de nuestras almas y El te conducirá por verdes pastos y el bien y la misericordia te acompañarán todos los días de tu vida.
Una transacción como la que Jesús hizo en el Calvario, donde se canjean nuestros pecados a cambio de la justicia salvadora de Cristo, no tiene precedentes. Cualquiera que haga un trato tal no sabe lo que hace o nos ama demasiado. El Calvario nos muestra hasta qué punto nos ama Dios, pues allí extendió el puente de la cruz sobre el abismo que el pecado había entre el hombre culpable y el Dios ofendido. Así que, si es pecado todo cuanto hacemos alejados de una relación con Dios, entonces, lo único que podemos hacer es asirnos de Dios y mantenernos junto a él ¡Aférrate a Dios! Cada día, cada hora , haz amistad con Él, y sobre todo depende de Él. Solo mediante nuestro compañerismo diario con Dios podremos caminar seguros.


