Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regenerCE2 ación y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniéramos a ser herederos con forme a la esperanza de la vida eterna. Tito 3:5-7
Como sabemos, cuando queremos ir a dormir, hay algunas cosas que debemos hacer. Como una regla, debemos poner la espalda sobre el colchón. Debemos apagar la luz. Probablemente también debemos apagar la radio y el televisor. ¡Y es muy útil cerrar los ojos! Cuando no nos podemos dormir, hay cosas que podemos hacer para ayudar a que nos quedemos dormidos. De manera similar, aunque no podemos convertirnos a nosotros mismos, nos podemos colocar en una atmósfera donde esto pueda llevarse a cabo. No tenemos que sentarnos y esperar toda la vida a que algo nos sacuda. Si estás huyendo de Dios, pero encuentras que muy dentro de ti quieres llegar a tener una relación correcta con él, puedes colocarte donde se esté presentando la Palabra de Dios. Si consideras que la Biblia es un libro no atractivo para ti, y dejas que acumule polvo año tras año, puedes tomar algunos minutos cada día para considerar de manera deliberada algún pasaje sobre la vida de Jesús, invitando a Dios a que se reúna contigo y alcance tu corazón. La responsabilidad para una comunicación significativa con Dios es de él, no nuestra. Pero nosotros podemos acercarnos a él. Nos podemos colocar en una atmósfera donde él pueda alcanzarnos, e invitarlo a que realice su milagro de regeneración en nuestras vidas. Así que el primer paso que nos lleva a la conversión es: TENER UNA EXPERIENCIA CONTINUA CON JESÚS
Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? 1 Juan 5:4,5
El primer paso hacia la salvación es responder al acercamiento del amor de Cristo. Jesús dijo: “Y yo, cuando sea levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo”( Juan 6:44) Así, que las tres personas poderosas de la Trinidad están atrayendo a toda la gente para que tomen su decisión respecto a la salvación. Sin embargo, hay un segundo paso en el proceso de la conversión y es RECIBIR EL REGALO DEL ARREPENTIMIENTO
Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aún como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, que soy pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido. Lucas 18: 10-14
Algunos sustituyen su relación personal con Dios por cambios de conducta. Piensan que si logran tener éxito cambiando su conducta, entonces han encontrado a Dios. Otros dependen de otras personas y su vida espiritual va como un subibaja de acuerdo al tipo de personas que los rodean. Otros se preocupan por tomar un punto de vista psicológico que no tiene a Dios como centro. Se analizan a sí mismos y se olvidan de Cristo. Otros evaden una relación con Dios estando demasiado ocupados como para tener tiempo para él. Pero Dios todo el tiempo está buscando, manteniéndose cerca, ayudando cuando no lo sabemos, guiando cuando no lo queremos, siempre tratando de llevarnos al verdadero conocimiento de él, pues conocerlo a él es vida eterna. El tercer paso en el camino de la conversión es ENTREGARNOS A CRISTO.
Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación. Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. Romanos 10:1-4
Cuando hemos sido convencidos de que somos pecadores, ya sea que hayamos hecho o no algo malo; el siguiente paso en el proceso de acercarnos a Dios es admitir que somos incapaces de cambiar nuestras vidas. No cambiamos nuestras vidas para acercarnos a Cristo. Nos acercamos a Cristo, y él cambia nuestras vidas. Todo el mensaje de “salvación únicamente a través de la fe en Cristo” se puede resumir en dos versículos: El primero, Juan 15:5 dice: “Separados de mí nada podéis hacer” El segundo versículo están en Filipenses 4:13 “Todo lo puedo en Cristo” Este principio es tan sencillo que un niño o niña pequeño podría entenderlo. Pero- podríamos decir-, algunas personas sí son capaces. ¿Qué pasa con las personas que son fuertes y logran actuar correctamente por sus propias fuerzas? La gente fuerte puede controlar su conducta externa, pero el problema va más allá de eso. “La educación, la cultura, la fuerza de voluntad, el esfuerzo humano, tienen su lugar, pero no tienen poder para salvarnos” ( Camino a Cristo cap 2) Entonces el cuarto paso en el camino de la conversión es COMPRENDER QUE SOMOS INCAPACES.
¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal? Jeremías 13:23
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece; será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Juan 15:5-6
He escuchado de muchos trucos diferentes para renunciar a los pecados, o a cosas. He escuchado de gente que escribe sus pecados en pedazos de papel y los lleva a una cajita en la iglesia. Alguien enciende un cerillo frente a un altar pequeño y ahí se queman los “pecados” o los actos que desagradan a Dios. Pero ese es un truco psicológico, pues cuando las personas débiles, que escribieron sus pecados en los pedazos de papel para que se quemaran van a casa, descubren que aún los tienen. Algunas personas han intentado cada truco posible hasta que finalmente se rinden…Recuerda esto: un árbol de manzanas da manzanas porque es un árbol de manzanas, nunca para llegar a ser un árbol de manzanas. Si quieres cosechar manzanas, lo mejor que puedes hacer es conseguir un árbol de manzanas. Un árbol de manzanas no tiene que esforzarse mucho para dar manzanas. Los cristianos actúan bien porque son cristianos, no para ser cristianos. Renunciar a nuestra propia habilidad de dar frutos de justicia y admitir que no lo podemos hacer, es el principio de la vida cristiana. Entregarnos no es renunciar a cosas. Entregarnos es renunciar a la idea de que podemos hacer algo en relación con nuestros pecados. En realidad solo podemos hacer una cosa: Venir a Cristo tal como somos, rendirnos a él. ¿Qué nos aconseja Dios en cuanto a nuestra salvación y conversión?
Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Apocalipsis 3:15-18
Necesitamos comprender de qué es lo que los habitantes de Laodicea deben arrepentirse. No es primordialmente de la inmoralidad. Los habitantes de Laodicea tienen cierta moralidad, se los conoce por su bondad externa. Pero a pesar de eso, el Salvador está fuera, tocando, buscando entrar. De lo que necesitan arrepentirse es de su moralidad, sus “buenas obras” los apartan de Jesús. Necesitamos arrepentirnos de vivir vidas centradas y enfocadas en cualquier otra cosa que no sea Cristo. ¿Es Jesús el centro de tu hogar, de tu vida y de tus relaciones? ¿Es él el eje de tus pensamientos y de tus conversaciones?
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. 1 Juan 4:10
Por lo cual (Jesús) puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos. Hebreos 7:25-26
Mucha gente cree que no debe acercarse a Cristo porque su entrega no será duradera. Ese es uno de los grandes dilemas en el mundo. Hay tantas personas que se han acercado sinceramente a Jesús con un gran sentido de necesidad y más tarde se han desilusionado cuando les pareció que la conversión se desvanecía. ¿Qué es la conversión? La conversión es un trabajo sobrenatural del Espíritu Santo en el corazón humano que ocasiona un cambio de actitud hacia Dios y crea una nueva capacidad para conocer a Dios. A fin de crecer en la vida cristiana, debemos renovar nuestra conversión cada día.
Tenemos el caso de un hombre paralítico mencionado en Lucas 15:8. Se trataba de una víctima indefensa y postrada en cama. Jesús le dijo que se levantara, tomara su cama, y se fuera a casa. No hay duda de que este hombre había intentado muchas veces levantarse pero se había dado cuenta de que era totalmente incapaz. Pero cuando Jesús le dijo que se levantara, hizo un esfuerzo e inmediatamente Cristo proveyó el poder y fue capaz de hacerlo. Lo mismo ocurre con nosotros. Si estamos dispuestos a hacer el esfuerzo, seguir la palabra de Cristo, él proveerá el poder para hacer la voluntad de Dios.


