“No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca” (Heb. 10:25).
Un miembro de iglesia le escribió al editor de un diario y declaró que no tenía sentido ir a los cultos todos los domingos.”Yo fui a la iglesia por treinta años y durante ese tiempo debo haber escuchado unos tres mil sermones. Pero, por mi vida, con excepción de uno o dos, no puedo recordar la mayoría de ellos. Por lo tanto, pienso que estoy perdiendo el tiempo, al igual que los pastores”.
Esa carta inició una gran controversia en la columna “Cartas al editor”, para alegría del editor jefe del diario que recibió diversas cartas, de las cuales decidió publicar esta respuesta de otro lector: ”Yo estoy casado hace más de treinta años. Durante ese tiempo mi esposa debe haber cocinado unas tres mil comidas. pero, por mi vida, con excepción de una o dos, no puedo recordar Ia mayoría de ellas. Pero una cosa sé: todas esas comidas me nutrieron y me dieron la fuerza que necesitaba para hacer mi trabajo. Si mi esposa no me hubiese dado esas comidas, mis hijos y yo estaríamos desnutridos o muertos. De la misma manera, si yo no hubiese ido a la iglesia para alimentar mi alma y la de mi familia, estaríamos hoy en terribles condiciones espirituales” (www.sitedopastor.com.br).
¿Qué es la iglesia?
La iglesia es una comunidad de creyentes que confiesan a Jesucristo como Señor y Salvador. Como continuación del pueblo de Dios de los tiempos del Antiguo Testamento, somos llamados a salir del mundo y unirnos para adorar, para Ia comunión, para la instrucción en la Palabra, para la celebración de la Cena del Señor, para servir a toda Ia humanidad y para la proclamación mundial del evangelio. La iglesia recibe su autoridad de Cristo, quien es la Palabra encarnada, y de las Escrituras, que son la Palabra escrita. La iglesia es la familia de Dios. Adoptados por él como hijos, sus miembros viven sobre la base de este nuevo estatus. La iglesia es el cuerpo de Cristo, una comunidad de fe, de Ia que Cristo mismo es la cabeza. La iglesia es Ia novia por Ia cual Cristo murió, para que pudiese santificarla y purificarla. En su regreso triunfal, él se la presentará a sí mismo, como la iglesia gloriosa, los fieles de todos los siglos, la adquisición de su sangre, sin mácula ni arruga, sino santa y sin defecto.
El fundamento de la Iglesia
Dominado por Ia ira, el anciano hombre Ie dio un golpe a la roca que tenia delante de sí, con Ia vara que llevaba en las manos (Núm. 20:10). Pero, por haberse atribuido el milagro del agua que brotó de la roca a si mismo, en lugar de atribuírselo a Ia verdadera Roca, que es Cristo, Moisés pecó. En virtud de ese pecado no pudo entrar en Ia tierra prometida (Núm. 20:7-12).
En el último sermón que Ie presentó al pueblo de Israel, Moisés -tal vez recapitulando el incidente- utilizó la metáfora de la roca para describir la estabilidad y la confiabilidad de Dios: “Proclamaré el nombre del Señor. iAlaben la grandeza de nuestro Dios! Él es la roca, sus obras son perfectas, y todos sus caminos son justos. Dios es fiel; no practica la injusticia. Él es justo y recto” (Deut. 32:3,4). Siglos más tarde, David se hizo eco del mismo tema: “Dios es mi salvación y mi gloria; es la roca que me fortalece; ¡mi refugio está en Dios!” (Sal. 62:7). Pedro testificó que Cristo cumplió esta predicción, no en Ia calidad de piedra común, sino como “la piedra viva, rechazada por los seres humanos pero escogida y preciosa ante Dios” (1 Ped. 2:4). EI apóstol Pablo Io identificó como el único fundamento seguro cuando dijo: “Porque nadie puede poner un fundamento diferente del que ya está puesto, que es Jesucristo” (1 Cor. 3:11). Refiriéndose a Ia roca que fue golpeada por Moisés, afirmó: ”Y tomaron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los acompañaba, y la roca era Cristo” (1 Cor. 10:4). Jesucristo mismo utilizó esta imagen directamente al declarar: ”Sobre esta piedra edificaré mi iglesia y las puertas del reino de Ia muerte no prevalecerán contra ella” (Mat. 16:18). Nada podrá prevalecer contra una iglesia construida sobre tan sólido fundamento, constituido por él mismo representado. De esa roca las aguas vivificadoras habrían de fluir para saciar la sed de las naciones.
La iglesia y el mundo
Como ciudadanos, los miembros de la iglesia proceden del mundo, pues todos pertenecen a alguna nación, raza o familia. Sin embargo, al transformarse en miembros del cuerpo de Cristo reciben otra ciudadanía, pasando a ser ciudadanos del reino de los cielos. Los miembros de la iglesia debe ser diferentes del mundo, pues la Biblia considera al mundo como un elemento corruptor, que puede destruir el carácter distintivo del creyente (1 Juan 2:15,16).
“Por consiguiente, es una grave equivocación de los creyentes que la iglesia intente incorporar a sus cultos los entretenimientos mundanos, incluyendo música profana, con la intención de atraer personas. [… ] Es imposible imaginarse a Jesús atrayendo multitudes con un conjunto musical, ejecutando la música que se escuchaba en la corte de Herodes, como la que fue utilizada en la danza sensual de Herodías” (R. N. Champlin y J. M. Bentes, [Enciclopédia de Biblia, teología y filosofía], t. 3, p-226).
La iglesia y la cruz
Con la venida de Jesús, Israel fue colocado sobre una linea divisoria. EI pueblo de Dios esperaba a un Mesías que vendría para liberar a Ia nación, pero no un Mesías que los liberase de sí mismos. En la cruz, la bancarrota espiritual de Israel se hizo evidente. Al crucificar a Cristo, demostraron externamente Ia decadencia que reinaba en su interior. Cuando clamaron : “iNo tenemos más rey que el emperador romano!” (Juan 19:15), se rehusaron a permitir que Dios gobernase sobre ellos.
En la cruz, dos misiones opuestas alcanzaron el clímax : la primera, la de una iglesia equivocada, tan centralizada en sí misma que no podía reconocer al mismo ser que la había traído a la existencia. La segunda, fue la misión de Cristo. Tan centralizada en el amor a las personas que se ofreció para morir en lugar de ellas, a fin de poder concederles existencia eterna.
Una iglesia distinta
Mientras que la cruz significó el fin de Ia misión de Israel, la resurrección de Cristo inauguró Ia iglesia cristiana y su misión. La iglesia del Nuevo Testamento fue edificada tanto con judíos convertidos como con gentiles que creyeron en Jesucristo. Así, el verdadero Israel está compuesto por todos aquellos que, por la fe, aceptan a Cristo. La iglesia del Nuevo Testamento difiere significativamente de su homóloga del Antiguo Testamento. La iglesia apostólica se transformó en una organización independiente, separada de Ia nación israelita. Las fronteras
nacionales fueron removidas, concediéndole a la Iglesia un carácter universal. En lugar de una iglesia nacional, se transformó en una iglesia misionera, cuya existencia tenía en vista cumplir el propósito original de Dios, que le fue reafirmado por mandato divino de su fundador, Jesucristo: “Hagan discípulos de todas las naciones” (Mat. 28:19).
La iglesia puede ser clasificada como: (1) la iglesia visible: es Ia iglesia de Dios organizada para el servicio; (2) la iglesia invisible: también conocida como Ia iglesia universal, que está compuesta por los hijos de Dios en todo el mundo. Incluye a los creyentes que están dentro de la iglesia visible y a muchos otros que, aunque no pertenezcan a la iglesia visible, siguen la luz que Cristo les concedió (Juan 1:9).
Por intermedio del Espíritu Santo, Dios conduce a su pueblo de Ia iglesia invisible hacia una unión
con su iglesia visible. Es solamente en esta que ellos podrán experimentar plenamente las verdades de Dios, su amor y compañerismo, ya que él concedió a la iglesia visible los dones espirituales que edifican a sus miembros colectiva e individualmente (Efe.4:4-16). Después de la conversión del apóstol Pablo, Dios Io colocó en contacto con la iglesia visible y entonces le indicó la misión que debería desempeñar a favor de la iglesia (Hech. 9:10-22). De la misma forma, pretende hoy conducir a su pueblo hacia la iglesia visible.
El consejo de la Palabra de Dios nunca fue tan actual. Si hay un tiempo en el que necesitamos
congregarnos, ese tiempo es hoy, pues vivimos en el tiempo en el que, sin duda alguna, podemos afirmar que el “día del Señor” se aproxima. (Extraído y adaptado del libro Creencias de los adventistas del séptimo día).
Para reflexionar:
La iglesia no es el templo, no es una actividad. De hecho, la iglesia soy yo. Donde yo esté, allí estará la iglesia, la novia del Cordero, columna y baluarte de la verdad, la puerta de la salvación para el pecador. Yo formo parte de la iglesia visible. Soy como una carta abierta y leída por todos. ¿De qué forma ese conocimiento puede mejorar mi vida, Ia de mi familia y la de las personas en general? Cuando soy visto, ¿las personas glorifican a Dios por Ia manera en que vivo las enseñanzas del evangelio? Ora y piensa sobre esto en las próximas 24 horas.


