EL MINISTERIO DE CRISTO EN EL SANTUARIO CELESTIAL – DÍA 32

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Cuando era un niño me asustaba mucho Ia idea del juicio. Para completar la escena, escuché a algunos adultos hablar al respecto de la posibilidad de que el juicio ya haya sucedido y que nuestro destino ya esté sellado. Eso no era algo que me alentaba espiritualmente. Generalmente, el Santuario celestial está asociado a la idea de juicio. Lamentablemente, Ia palabra “juicio” no tiene buenas connotaciones en la cultura occidental. En nuestra iglesia, algunos abusaron de Ia idea del juicio.

Sin embargo, no tenemos necesidad de temer el juicio, si comprendemos su significado hebreo que es muy diferente al sistema legal que predomina en los países occidentales. El sistema occidental requiere la participación de jueces que, en muchos países, tienden a favorecer a las personas adineradas. No obstante, la Jewish Encyclopedia [Enciclopedia Judía] explica que, en los tribunales de justicia, “no había fiscales presentes, eran desconocidos en Ia legislación”. EI código legal judío requería que los jueces “siempre quedasen del lado del acusado, a quien se le debía dar el beneficio de la duda”,

Mientras los testigos del crimen presionaba con su participación, el juez promovía la causa del defendido, influenciando para que saliera libre de culpa en virtud de un veredicto. Pero, al juez también [e correspondía ejecutar justicia. En caso que la evidencia de la culpa fuese incontestable, el juez dejaba la posición de defensa del acusado a fin de pronunciar la condena. Lo importante de todo el sistema jurídico, en los tiempos bíblicos, era su predisposición a favor de la defensa y no de la condenación del acusado.
Aunque el concepto sea bonito, nos deja con una pregunta: Si Dios, en el juicio celestial, nos está defendiendo, ¿quién tendría Ia osadía de contrariarlo? De hecho, el acusador es Satanás, llamado en la Biblia “acusador de nuestros hermanos” y “el que acusaba día y noche delante de nuestro Dios” (Apoc. 12:10).

En ciertas ocasiones, también el juez hebreo designaba un abogado intercesor para que sea el defensor del acusado. La Jewish Encyclopedia destaca que, además de esto, el marido podía representar a su mujer en el juicio, con el propósito de ayudar al juez cuando el veredicto pudiera comprometer la defensa de los derechos legítimos del cónyuge.

Tenemos aquí una similitud conmovedora con el juicio celestial. Cristo, el novio de la iglesia, nos compró con su propia sangre. Ahora él, como abogado designado por el tribunal para ayudar a su Padre, es nuestro defensor contra las acusaciones del enemigo.

¡Las noticias son maravillosas! En el juicio Dios está de nuestro lado y contra Satanás. Además de esto, Jesús, nuestro abogado, nos ayuda al interceder por nosotros. Dios dice que en el sacrificio de Cristo fueron satisfechas las exigencias legales para aceptar al pecador arrepentido y considerarnos perfectos. ¡Eso me da la seguridad y la garantía de la salvación en Cristo! Permíteme mostrar cómo Jesús, el juez, puede actuar también como nuestro defensor. No hay conflicto en esta doble función.En realidad, Jesús tiene que defendernos porque es nuestro juez.

Lo que necesitamos saber con respecto al juicio
La Biblia afirma que hay un Santuario en el cielo, el verdadero tabernáculo que el Señor erigió y no el hombre. En este santuario, Cristo ministra en nuestro favor, para poner a disposición de los creyentes los beneficios de su sacrificio expiatorio ofrecido una vez y para siempre en la cruz (Heb. 8:1-5; 4:14-1; 9:11-28; 10:19-22; 1:3; 2:16).

Cristo es nuestro gran Sumo Sacerdote e inició su ministerio de intercesión cuando ascendió al cielo. En 1844, al concluir el período profético de los 2,300 días, dio inicio a la segunda fase de su ministerio expiatorio. Esa obra es un juicio investigador, que forma parte de la eliminación definitiva del pecado, prefigurada por la purificación del antiguo Santuario hebraico durante el Día de Ia Expiación. En el servicio simbólico, el Santuario era purificado mediante la sangre de los sacrificios de animales, pero las cosas celestiales son purificadas mediante la sangre del perfecto sacrificio de Jesús (Dan. 79:-27; 8:13,14; 9:24-27; Núm. 14:34; Eze. 4:6 Lev. 16).

EI juicio: la certeza de la salvación
En el Salmo 27, David presenta la aplicación práctica del mensaje del santuario en su propia experiencia: “Porque en el día de la aflicción él me resguardará en su morada al amparo de su tabernáculo me protegerá, y me pondrá en alto, sobre una roca. Me hará prevalecer frente a los enemigos que me rodean en su templo ofreceré sacrificios de alabanza y cantaré salmos al Señor”.  David escribió este Salmo mientras huía del rey Saúl. El rey y su ejército (enemigos de David) eran testigos falsos (ver verso 12), que acusaban a David de insurrección contra el gobierno. ÉI necesitaba desesperadamente de la protección “en el día de la adversidad”. Necesitaba también de la vindicación contra las acusaciones falsas que le eran hechas. Para David, el mensaje del santuario significaba la promesa de protección y vindicación en el Tabernáculo de Dios.

Ese es exacta mente el significado del juicio investigador antes de la venida de Jesús, el cual tenemos el privilegio de proclamar. En Ia angustia, sea en el tiempo presente o en los últimos días, aquellos que forman parte del pueblo que confía en Dios recibirán amparo, serán purificados y justificados y recibirán protección al estar escondidos en su Tabernáculo, en su Templo celestial.

Invitación para entrar hoy en el tabernáculo
En este mismo Salmo, David expresa: “El corazón me dice: ‘iBusca su rostro!’. Y yo, Señor, tu rostro busco” (27:8).

El propósito esencial del Santuario era que el adorador estableciese una relación personal con el Dios del Santuario. Esto quedó muy bien especificado cuando Dios dio las instrucciones para la construcción del tabernáculo terrenal: “Me harán un santuario, para que yo habite entre ustedes” (Éxo. 25:8). El Santuario celestial es el lugar donde Cristo, ahora, está ministrando en nuestro favor. Él nos invita ahora a entrar, por Ia fe, en los recintos sagrados, para que busquemos su rostro. Nos invita ahora a que nos sentemos en las “regiones celestiales” (Efe. 2:6), en Ia casa del Señor. El Santuario es más que un objeto bonito, una doctrina verdadera, un comportamiento correcto, un festival ocasional de alabanza. Es la forma de vida en constante e íntima relación con el Amado, en su santa presencia, en los lugares celestiales.

Por la fe podemos entrar ahora. También por Ia fe podemos buscar la presencia de Jesús, con el propósito de experimentar una relación personal con él, mientras aguardamos el fin de todo.

Para reflexionar
El hecho de saber que en el juicio previo al advenimiento Jesús presenta su sacrificio como argumento irrefutable para lanzar sobre Satanás mis pecados perdonados, me da seguridad. ¿Cómo me puede ayudar hoy esa realidad a ser un cristiano auténtico? Piensa y ora sobre esto durante las próximas 24 horas.

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