HACIENDO LO IMPOSIBLE ( 6º Mandamiento)

HaciendoLoImposible

“Oíste que fue dicho a los antiguos: No matarás. El que mata será culpado del juicio. Pero yo os digo, cualquiera que se enoje con su hermano, será culpado del juicio. Cualquiera que diga a su hermano: Imbécil, será culpado ante el Sanedrín. Y cualquiera que le diga : Fatuo, estará en peligro del fuego del infierno. Por tanto, si al llevar tu ofrenda al altar, te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, y ve a reconciliarte primero con tu hermano. Entonces vuelve, y ofrece tu ofrenda. Reconcíliate pronto con tu adversario mientras estás con él en el camino; no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al guardia, y seas echado en la cárcel.” Mateo 5:21-25

Un escritor norteamericano llamado Samuel Clemens describe en algunas de sus obras, la situación social que se vivía en el siglo diecinueve en los Estados Unidos, cuando los duelos a muerte eran comunes, especialmente en el sur de la Unión americana donde clanes rivales luchaban entre sí con sangrienta intensidad hasta principios del siglo XX. Clemens, en la voz de uno de sus personajes, lo explica así: “Un hombre tiene pleito con otro y lo mata; entonces el hermano de ése lo mata a él; después los demás hermanos de ambas partes se van unos contra otros, y luego se involucran los primos, hasta que por fin todos están muertos y se acaba la pelea”. Tal vez en nuestra vida no hemos hecho nada parecido, ni nos hemos involucrado en una situación en la que una vida humana haya sido afectada. Pero cuando Jesús habló del sexto mandamiento, dijo: Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás… Pero yo os digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte… ¿Qué quiere decir esto? Que cuando alguien te hace algo, si tu no te dominas, si das rienda suelta a tus emociones, entonces estás quebrantando el mandamiento de “No matarás” Alguien explicó esto con el siguiente ejemplo. ¿Cuál es la diferencia entre un gato y un tigre? La respuesta es simple. En su tamaño. Sí, eso es todo. Un gato puede ser tierno y dulce -pero tiene corazón de tigre, el cerebro y todos los instintos de un tigre, y es igual de cruel e implacable. Las enseñanzas de Jesús relacionadas con el sexto mandamiento fueron abarcantes, y en resumen lo que nos quiere decir es: Tu tamaño no importa; si tienes mente y corazón de tigre, eres un tigre.

El amor es la base de la obediencia correcta a los Diez Mandamientos. ¿ Qué corrección hizo Jesús en cuanto a nuestras relaciones humanas?

Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os maltratan y persiguen. Para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que envía su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos. Mateo 5: 43-45

Todos sabemos cuál es la solución de los problemas de las relaciones humanas: si la gente nos trata bien, no tendremos problemas para tratarla bien nosotros. Pero Jesús dijo: Hasta los gentiles hacen eso. De modo que aquí la pregunta más importante es: ¿Soy capaz de tratar con bondad a una persona que me ha tratado mal? ¿Puedo amar de corazón a alguien que me ha lastimado y perjudicado? No es fácil. De hecho, algunas personas creen que las palabras que pronunció Jesús sobre este tema son un ejemplo que raya en el extremo, y que no las dijo con la intención de que fueran obedecidas en forma literal. Pero el sexto mandamiento nos presenta la manera de romper la cadena de destrucción. El ojo por ojo es una receta para el desastre porque la violencia no puede ser curada con más violencia…

Un consejero matrimonial dice que algunos de los pleitos más destructivos empiezan por asuntos triviales: – ¡Si fueras más organizada, podrías decirme dónde están las llaves!. – ¡Ay, no me digas que las volviste a perder! Y ahí ninguno de los dos está dispuesto a romper la cadena, así que la situación muy pronto se sale de control. La agresividad pasiva expresada con dejar de hablarse, dar la espalda a alguien o hacerle mala cara, no es menos dañina que gritar. No importa la forma en que lo hagamos, una conducta dura y carente de bondad resultará inevitablemente en más de lo mismo. El sexto mandamiento es la manera de Dios para mantener el control en cada situación, porque cuando respondemos a un acto negativo con enojo, odio y deseos de venganza, estamos entregando un dispositivo de control remoto a otra persona. Estamos dándole el privilegio de apretar los botones para determinar nuestros sentimientos y reacciones. Dios quiere librarnos de esa tiranía y devolvernos nuestra autonomía junto con la paz mental.

¿Cuál debe ser la actitud cuando tenemos una diferencia con otra persona que nos hace daño?

No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal. Romanos 12: 19-21

Cuando Dios nos dice: “No matarás” en su sexto mandamiento, es para que todo cristiano manifieste una conducta proactiva y establezca límites a lo que está dispuesto a tolerar, y esto no tiene nada que ver con el odio o la venganza y mucho menos con el deseo de dominio. Amar realmente a nuestros enemigos y hacer bien a los que nos han tratado mal es la expresión más noble de una conducta cristiana positiva. Y nos coloca en una posición de poder, porque significa que estamos rehusando a participar en un juego destructivo. Si devolvemos ira por ira, maldad por maltrato, es por nuestra propia decisión de hacerlo. Pero nos gusta justificar una conducta reactiva echando la culpa a otras personas: “Estoy actuando así por…” “Es que el otro me hice esto y por eso reaccioné así” o “es que heredé el mal genio de mi abuelo”… Un hombre se involucró en un conflicto familiar que estaba arruinando muchas vidas. Pero “paradójicamente” era un líder cristiano de éxito. Cuando alguien le preguntó, ¿Cómo puedes estar en medio de una pelea si predicas y enseñas acerca de Cristo? Y el contestó: “Es que no sabes lo que los otros me han hecho a mí”. Desde que Adán le echó la culpa a Eva, la gente ha estado respondiendo de esta manera. Generalmente las circunstancias de la vida nos ponen en contacto con personas que muchas veces no llevarán al límite de nuestra paciencia. Al hacernos responsables de nuestras reacciones, Jesús quiere que actuemos como adultos y dejemos de justificar nuestra mala conducta señalando la de otros.

La regla de Oro está relacionada con el espíritu del 6º mandamiento que dice: No matarás- y reflexionemos en el contexto en que fue dada esta regla áurea: “Si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden? Por eso, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, así también haced vosotros con ellos” (Mat 7:11,12) ¿Por qué debemos tratar bien a las demás personas? Este pasaje nos aclara la razón: es porque Dios nos trata bien a nosotros. ¿Por qué nuestra conducta hacia otros no debe depender de la forma como ellos se han portado con nosotros? Porque Dios nos ha tratado mucho mejor que lo que merecemos, derramando su amor en nuestros corazones… Unos siglos antes de Cristo vivió un hombre llamado Fabio, que gobernó Roma. Fabio se enteró de que uno de sus oficiales estaba provocando descontento entre los soldados, incluso llevándolos a que desertaran. En vez de torturar y asesinar a ese oficial, que era lo que solía hacer en esos casos, él lo llamó y habló con él. Le pidió que por favor le expresara su rabia y frustraciones a él en vez de a otros. Al final de la conversación le dio algunos regalos, incluyendo un excelente caballo. El resultado fue que este oficial se convirtió en el soldado más leal de Fabio.

Dios, en el sexto mandamiento, no está diciendo únicamente que no matemos; nos está pidiendo que extingamos los pensamientos de ira y odio que podrían llevarnos a cometer un asesinato. Imaginemos lo bien que nos sentiríamos si pudiésemos deshacernos de la ira y la amargura que están arruinando nuestra vida, y que en muchas ocasiones no están demasiado alejadas del asesinato. En pocas palabras, lo que Dios quiso decir fue: ¡Reconcíliense! Háganlo no solo por el bien de sus enemigos, sino también por su propio bien. El Hijo de Dios , Jesús llevó este mandamiento más allá. Él no solo nos pide que no matemos, sino también que no odiemos: “También han oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiguen”. (Mateo 5:43-44 DHH) Jesús quien murió en la cruz y sufrió por los pecados del mundo; Jesús quien fue tratado de manera tan injusta, tenía razones más que suficientes para estar lleno de rabia y amargura. Cristo, sin embargo, nunca permitió que lo dominaran el resentimiento ni el odio que producen esas actitudes. Y como él es Dios, puede librarnos del resentimiento, la angustia y la amargura que podemos estar sintiendo. Lo único que debemos hacer es entregarnos completamente a él, aceptar su perdón y permitirle que controle nuestros pensamientos y sentimientos.

Notas y referencias

Loron Wade, Los Diez Mandamientos

Shaw Boonstra, Clifford Goldstein, En Tablas de Piedra

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