Entonces se le acercaron algunos fariseos a tentarlo. Le preguntaron: ¿Es lícito al hombre divorciarse de su esposa por cualquier causa? El respondió: ¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo varón y mujer, por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos serán una sola carne? Así, ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió, no lo separe el hombre. Le dijeron: Entonces ¿por qué Moisés mandó dar carta de divorcio, y despedirla? Dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés permitió divorciaros de vuestras esposas. Pero al principio no fue así. Mateo 19:3-8
La palabra adulterio viene del latín adulteratium, que significa aproximación alterada. En un sentido amplio se refiere al quebranto del deber marital de fidelidad. En la historia antigua ésta relación entre esposos fue desestimada y como ejemplo tenemos a los atenienses, ya que para ellos el adulterio era solo cometido por la mujer casada; pues según enseñaba Demóstenes la esposa servía al hombre para originar su descendencia, pero sin embargo estaba aceptado que el marido pudiera tener otras mujeres para su placer, ya sea en forma permanente u ocasional. Sin embargo Dios dejó reglas sumamente claras acerca de los deberes entre esposo y esposa.
Un día un grupo de turistas se encontraban encima de “El Peñol”, un enorme macizo de arenisca que se alza abruptamente 75 metros ( la altura de un edificio de 25 pisos) por encima de los campos de Antioquía, Colombia. Estos turistas subieron por 649 escalones para alcanzar la cima. Para su sorpresa, allá arriba no había vallas ni letreros que advirtieran contra el peligro de caer. Platicaron con el único guardia de seguridad que había en la cima, y les contó que treinta personas habían muerto al desplomarse al precipicio. Y una de las posibles razones es porque el declive es muy gradual. En realidad, el límite no parece tan peligroso. Con seguridad muchos turistas accidentados se acercaron para mirar hacia abajo y cayeron al vacío. Y aunque en el Peñol, no hay letreros o avisos de peligro. Jesús nos dejó una advertencia muy clara en su explicación del séptimo mandamiento: “No cometerás adulterio”.
¿Cuál fue la advertencia y ampliación que hizo Jesús de este mandamiento?
Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os dijo, el que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Mateo 5: 27-28
Un día un grupo de hombres vinieron a Jesús arrastrando a una mujer que luego arrojaron a sus pies como si fuera un trapo sucio.- Maestro- le dijeron-, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo del adulterio. Jesús, después de poner en su lugar a aquellos hipócritas y que éstos se retiraran, dijo a la mujer: – ¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te ha condenado? Sorprendida, ella levantó la vista, y dijo:- Ninguno, Señor. Lo que Jesús dijo a continuación es para todos los que, como ella, se encuentran abrumados por sentimientos de culpa y remordimiento: – Yo tampoco te condeno. Vete y no peques más ( Juan 8:11) Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él.( Juan 3:17)- Ya no hay condenación para los que están en Cristo Jesús ( Romanos 8:1) – Te puedes ir- le dijo Cristo a la mujer-, estás perdonada. Por la infinita gracia de Dios, estás libre de culpa y vergüenza; así que, alza tu cabeza y camina con fe y seguridad a través de la vida. Descansa en el amor de Dios. Ah, pero, recuerda, hija, cuánto daño te ha hecho el pecado, y cómo te ha hecho sufrir. Por amor a tu alma, no peques más. Tristemente, muchas personas que han caído por el precipicio con respecto al séptimo mandamiento, han causado mucho dolor, y el alcance del daño que han hecho es de largo alcance. Pero gracias a Dios, las personas que con arrepentimiento han regresado de sus malos caminos para seguir la senda de la obediencia, pueden alcanzar sanidad y restauración. Debemos de alabar a Dios por el 7º mandamiento. Nuestro Padre celestial nos ama y quiere evitarnos el desastre. El 7º mandamiento es su voz de alarma, su palabra de advertencia. Se nos ha dado para alertarnos contra el terrible peligro que hay en este asunto. Todos los pecados inician con los pensamientos, entonces ¿Qué debemos de albergar en nuestra mente?
Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en eso pensad. Filipenses 4:8
Nos resultaría imposible hablar aquí de todas las vidas que se han arruinado y de los matrimonios que se han destruido por quebrantar este mandamiento de Dios (el 7° precepto). No hace mucho, una joven de unos veinticinco años le hablaba a un grupo de jóvenes sobre el divorcio de sus padres, que se había producido después de que su mamá conociera a otro hombre. Mientras esa joven, ahora casada y con un hijo, hablaba del divorcio ocurrido quince años atrás, su voz se quebró y su dolor se hizo patente. Lo sucedido seguía atormentándola. Era una víctima inocente que sufría las consecuencias de la violación del séptimo mandamiento por parte de otra persona. Las cicatrices de la mala elección de su madre de romper sus votos matrimoniales le quedaron marcadas de por vida… ¿Cuántos hogares, cuántos matrimonios, cuántas infancias han sido destruidas por situaciones semejantes? ¿Cuánto dolor se habría evitado, cuántos hogares habrían permanecido intactos, cuántas vidas serían más plenas y satisfactorias si las personas hubieran vivido bajo los límites establecidos por Dios? Recordemos siempre que cuando decidimos hacer algo malo, esa decisión siempre ejercerá una influencia sobre los demás, especialmente sobre quienes están a nuestro alrededor. No hay otro aspecto donde esto se manifieste de peor manera que en la infidelidad matrimonial. Por eso Dios estableció límites definidos con relación a la santa institución del matrimonio. ¿Cómo expresa el apóstol Pablo estos límites?
Pero por causa de la fornicación, cada uno tenga su propia esposa, y cada una tenga su propio marido. 1 Corintios 7:2
Jack y Stephanie se casaron enamorados después de su graduación de secundaria. Poco después Jack consiguió un buen empleo y comenzó a ganar un buen sueldo, lo que le permitía a Stephanie permanecer en casa para cuidar de él y poco después de 3 niños. A ella le gustaba la vida que llevaban. Sin embargo Jack comenzó a coquetear con una bella compañera de trabajo. Era más joven que su esposa, siempre se veía bien arreglada y atractiva, en contraste con Stephanie, quien tras lidiar con tres niños en casa, parecía cualquier cosa menos una reina de belleza. Jack un día decidió dejar su hogar. ¿Qué fue lo que sucedió? Los hijos de Jack llenos de rabia por el divorcio de sus padres, se convirtieron en jovencitos problemáticos, en especial el mayor, quien a los 14 años ya consumía drogas, su otra hija de 10 años fue enviada a vivir con sus tíos, y con el tiempo se descubrió que su tío había abusado de ella. Por las presiones Stephanie tuvo que ser internada en un hospital por un ataque de nervios. ¿Y que paso con Jack? Fue demandado por la manutención de sus hijos, lo que lo obligó a buscarse un trabajo adicional que lo mantenía alejado de su nueva pareja, ella se cansó de estar con un hombre que no estaba en casa, y se buscó a otra persona. Devastado al ver en qué se había convertido su vida, Jack dejó de rendir en el trabajo y fue despedido. En consecuencia el envío de la manutención de sus hijos se atrasó en forma considerable y Jack fue llevado a los tribunales, donde le dieron un plazo para pagar lo que debía o de lo contrario tendría que ir a la cárcel… Existe una buena razón por la que Dios nos pide que no cometamos adulterio, y es que él desea lo mejor para nosotros. Si hay algo que prueba que a Dios le gusta darnos cosas buenas, es la manera en que ha diseñado el matrimonio y la familia.
Fuera de los lineamientos que Dios ha establecido para las relaciones humanas, como son los de la familia sólo podemos encontrar dolor, pérdida y sufrimiento. En la década de los setentas, en medio de la llamada revolución sexual, la revista Life publicó un artículo que decía: “ Lo primero que tenemos que quitarnos de la cabeza es la idea de que existe alguna regla moral concreta para el comportamiento sexual. El placer sexual nunca puede ser malo”. ¿Nunca puede ser malo? Preguntémosle a cualquiera de los millones de hombres y mujeres que sufren los rigores de las enfermedades de transmisión sexual, si no les hubiera gustado haber obedecido el mandamiento. Preguntémosle a cualquiera de los millones de niños cuya infancia ha sido arruinada por culpa del adulterio si habían preferido que sus padres guardaran el mandamiento. El apóstol Santiago retrata perfectamente el dilema moral que hay en el corazón de cada ser humano: “ ¿De donde vienen las guerras y contiendas entre vosotros? ¿No surgen de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros?…!Adúlteros! ¿No sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? El que quiera ser amigo del mundo, se vuelve enemigo de Dios. ( Sant 4:1,4) Nuestro progreso en pureza moral depende de la correcta manera de pensar y de actuar. “No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre”. “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre” (Mat. 15: 11, 19, 20).
Antes de la destrucción del mundo antiguo por el diluvio, sus habitantes estaban ennegrecidos de corrupción. Prevalecían el pecado y los crímenes de toda clase. La condición actual del mundo está llegando rápidamente al punto cuando Dios dirá, como dijo en la antigüedad: “Mi espíritu no contenderá para siempre con el hombre”. Uno de los pecados más graves que prevalece en esta era degenerada por la corrupción es el adulterio. Este vergonzoso pecado está siendo cometido en forma alarmante. Nadie puede glorificar a Dios en su cuerpo, tal como él lo requiere, mientras viva en abierta transgresión a la Ley de Dios. Si el cuerpo viola el séptimo mandamiento, es por lo que le dicta la mente. Si la mente es impura, el cuerpo, naturalmente, se ocupará en actos de impureza. La pureza no puede existir en el alma de alguien que rinda su cuerpo a los actos impuros. Si el cuerpo sirve a los apetitos desordenados del cuerpo, la mente no podrá mantenerse consagrada a Dios. Con el fin de preservar una mente santificada, el cuerpo debe ser mantenido en santificación y honor. La mente servirá, pues, a la Ley de Dios, y le rendirá obediencia voluntaria a todos sus requerimientos… Si abrigáramos habitualmente la idea de que Dios ve y oye todo lo que hacemos y decimos, y conserva un fiel registro de nuestras palabras y acciones, a las que deberemos hacer frente en el día final, temeríamos pecar. Recordemos siempre que dondequiera que estemos, y no importa lo que hagamos, estamos en la presencia de Dios. Ningún acto de nuestra conducta escapa a su observación.
Notas y referencias
Loron Wade, Los Diez Mandamientos
Shaw Boonstra, Clifford Goldstein, En Tablas de Piedra


