EL MILENIO Y EL FIN DEL PECADO – DÍA 35

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Hay personas que pueden vivir sin respuestas. No soy una de ellas. Soy curioso. Me gusta investigar. Tengo mucha dificultad en seguir mi camino sin solucionar las cuestiones. Pero eso, que en mucha ocasiones es una virtud, puede convertirse en algo perjudicial. ¿Por qué? Hablando francamente, la vida no siempre nos da todas las respuestas que nos gustaría. Incluso hay problemas para los cuales no existen respuestas, humanamente hablando.

Sin embargo, el libro de Apocalipsis nos dice que tendremos mil años para obtener respuestas a todas nuestras preguntas, especialmente las dudas que tengamos con relación al carácter de Dios y su justicia. ¿Será que existirán dudas del otro lado de Ia eternidad? Veamos un ejemplo.

Imagina que sales de Ia mansión que Dios te preparó para buscar, supongamos, al pastor que te bautizó y que predicaba tan bien. Tú siempre Io consideraste un cristiano ejemplar. Entonces sales a buscarlo, pero no logras encontrarlo, hasta que ves a tu ángel guardián. Este te informa que, lamentablemente, esa persona no está en la Tierra Nueva.

-¿Cómo puede ser? preguntas.

Todavía intrigado con esta noticia, te cruzas con alguien que camina en sentido contrario. Observas detenidamente el rostro de la persona. Si, es exactamente ese individuo que vivía cerca de tu casa en Ia tierra. Era un ladrón y asesino que terminó siendo condenado a cadena perpetua. ¿Será que Dios se equivocó? ¿Qué clase de Dios es este que permite que esa persona esté en el cielo, mientras que aquel que predicaba el evangelio y parecía ser un buen cristiano no está allí?

Comienzo del milenio
Cuando Dios proclama: “¡Se acabó!” (Apoc. 16:17), ocurre la séptima y última plaga. A continuación ocurre la segunda venida de Cristo. Los impíos muertos permanecen muertos, y los impíos vivos son fulminados por la gloria de Cristo. Los justos muertos resucitan, y los vivos justos son transformados. Estos dos grupos de justos son arrebatados en el aire para encontrarse con Cristo y ascienden a la ciudad de Dios. Estos eventos marcan el inicio del milenio. Se oyen en el cielo cuatro aleluyas (Apoc. 19:1-8), proferidos en gratitud por la vida eterna. El milenio es, por Io tanto, un interludio, una marca divisoria entre la segunda y la tercera venida de Jesús entre la resurrección y la ascensión de los redimidos y la resurrección y condenación final de los pecadores.

EI diablo quedará preso
En ocasión de Ia segunda venida de Cristo, después de la muerte de los impíos, el apóstol Juan observa la aproximación de otro ángel “que bajaba del cielo”(Apoc. 20:1). Luego de prender al demonio, el mensajero Io lanza vivo al abismo y cierra Ia puerta”, dejándolo preso durante mil años, período durante el cual el enemigo de Dios estará impedido de relacionarse con otros seres inteligentes, salvo -tal vez- con quienes forman parte de su bando demoníaco. Preso en Io que una vez fue su reino, el diablo y sus ángeles tendrán tiempo suficiente para analizar los actos que los llevaron a Ia ruina eterna.

En visión, el profeta Jeremías vio Ia condición caótica en que la tierra quedará durante el milenio. Sin seres humanos, sin aves, sin luz, sin nada. Preso por esa cadena de circunstancias, y con la llave de la cárcel en las manos del ángel, Satanás quedará solo con sus secuaces. Los impíos estarán muertos. Los justos resucitados habrán sido trasladados y estarán disfrutando de la compañía de Dios en el cielo.

Un Juicio especial
Apocalipsis 20:4 nos informa que el apóstol Juan vio “tronos” sobre los cuales se sientan quienes tienen la responsabilidad de juzgar. Estos son descritos como los que, gracias a Cristo, obtuvieron Ia victoria sobre el mal. Es Ia visión del tribunal celestial, que tiene la misión de administrar la justicia de Dios.

Cuando Dios entra en el escenario con el fin de establecer el juicio presentado en Apocalipsis 20, nos es dicho que los redimidos participarán del juicio, ¡como jueces! será un momento solemne. El sufrimiento que los pecadores tuvieron en ocasión de Ia segunda venida de Cristo no será nada, si se lo compara con el juicio que enfrentarán, antes de Ia segunda muerte. La sesión es iniciada con Ia apertura de los libros (Dan. 7:10). El apóstol Pablo nos recuerda “¿Acaso no saben que los creyentes juzgarán al mundo? [… ] ¿No saben que aun a los ángeles los juzgaremos?” (1 Cor. 6:2, 3).

¿Por qué mll años?
EI juicio de los malos será determinado por las anotaciones que se encuentran en los “libros”. En estos registros obtendremos las respuestas hasta la última duda que podamos llegar a tener. por eso, el juicio contra los pecadores será revisado por aquellos que, durante el milenio, se sienten en los tronos.

Cuando termine el proceso de revisión individual, la multitud aclamará a gran voz “¡Verdaderos y justos son tus juicios!”. El veredicto de Dios, con respecto a los pecadores, será vindicado por los redimidos. Entonces el camino quedará limpio para que se concretice el drama final del milenio.

Aniquilación del diablo
Al final del milenio, la segunda resurrección marcará la liberación del enemigo de Dios (Apoc. 20:7), y la resurrección de los pecadores será Ia “llave” que Io liberará del abismo.

Los recuerdos de sus fracasados intentos contra Ia raza humana no inhibirán al diablo de continuar practicando sus actos criminales. Organizará un ataque final desesperado, cuando ocurrirá su tercer ataque contra el Salvador. Impelido por sus amargas decepciones y una ridícula demostración de fuerza sin sentido, el Diablo lanza sus fuerzas contra el Salvador), para alcanzar su objetivo, rodea -con los suyos- el campamento de los santos y la ciudad amada (Apoc. 20:9).

Pero el enemigo de Dios, una vez más, no tendrá éxito. Descenderá fuego del cielo y Io consumirá, junto con sus ángeles y todos los impíos (Apoc. 20:9,10). La victoria de Cristo será maravillosamente expresada por el himno entonado por los que triunfaron sobre la bestia y sus huestes. Es el cántico de Moisés, siervo de Dios, y del Cordero (Apoc. 15:1-4).

La pesadilla más temida por el enemigo de Dios se hace realidad, al ser lanzado vivo en el lago de fuego, junto con Ia bestia y el falso profeta (Apoc. 20:10). satanás, los ángeles malos y todos los pecadores, serán consumidos por el fuego, sin dejar vestigio alguno (Apoc. 20:9, 15). Esta será Ia muerte segunda (Apoc. 20:14).

El resultado del milenio, además de vindicar Ia justicia de Dios, también pondrá en evidencia el profundo significado de los sufrimientos de Jesús, sufrimientos que nunca lograremos comprender plenamente.

De este lado del milenio
Dios es bondadoso para con nosotros. Nos dejó un mapa detallado de los últimos acontecimientos en Ia Tierra. EI milenio mostrará un Dios misericordioso, que concedió repetidas oportunidades a los pecadores. De esa forma, se verá que los perdidos tuvieron Ia oportunidad de ser salvos también, pero que no la quisieron. Dejaron pasar la oportunidad.

Tal vez en tu mente haya muchas preguntas sin respuestas. Si es así, espera hasta el milenio. Pero de una cosa puedes tener plena certeza Dios es misericordioso. Su carácter es amor y, antes que todo, él es justo. En el milenio habrá tiempo suficiente para dar respuestas a todas nuestras preguntas. Mientras tanto, podemos descansar en Dios y en su amor.

Para reflexionar
¿De qué forma el hecho de saber que Dios es amoroso y justo puede ayudarte a tener, hoy una calidad de vida mejor? Piensa y ora sobre esto durante las próximas 24 horas.

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