Nacer de nuevo

Los seres humanos somos expertos clasificando y separando. Hemos dividido a la humanidad en muchas categorías: blancos y negros, ricos y pobres, educados y analfabetos, occidentales y orientales etc.. En la actualidad los jóvenes japoneses dividen a sus contemporáneos en “húmedos” y “secos” (los húmedos son los que se preocupan por las costumbres y la moralidad, y los secos son los que hacen los que quieren) Pero si le preguntamos a nuestro Salvador Jesús, notaremos que para él solo existen dos grupos de personas: los conversos y los inconversos, los que han nacido una sola vez y los que han nacido dos veces.  Todos los habitantes del planeta se encuentran en uno de esos dos grupos. A final de cuentas las otras divisiones son irrelevantes. Esta distinción que Cristo hizo realmente divide; trasciende el tiempo y el espacio y se proyecta hacia la eternidad. Todavía resuenan sus palabras: “De cierto te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3)  

¿Qué quiso decir Jesús con “nacer de nuevo”?  ¿Cuál es la relación del nuevo nacimiento y la conversión?

Así, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados, y vengan los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor. Hechos 3:19

La conversión y el nuevo nacimiento son tan importantes porque determina si entramos en el reino de los cielos o no. La diferencia entre proselitismo y conversión es enorme. El proselitismo es simplemente pasarse de un grupo a otro, y no necesariamente representa un cambio en el carácter o en la vida. Es un cambio de etiqueta, pero no de vida. La conversión, por otro lado, es un cambio en el carácter y la vida, seguido de un cambio externo de lealtad como consecuencia del cambio interno. ¿Cuál fue la denuncia que hizo Jesús a los dirigentes religiosos de su tiempo?

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Porque rodeáis la tierra y el mar por hacer un prosélito; y una vez ganado, lo hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros. Mateo 23:15

En una ocasión un predicador fue abordado por un hombre en la India, ese hombre le dijo: “Yo me bautizo si me das veinte mil rupias y además un buen trabajo”. El evangelista pensando un poco su respuesta le dijo: “Mi hermano, si usted pusiera veinte mil rupias a mis pies y me dijera: “Por favor, bautíceme”, yo las rechazaría. ¡Y a usted también! El proselitismo y la conversión son polos opuestos, y confundirlos es degradar el milagro más precioso que tiene la vida, que es la conversión. Es confundir el amor con el deseo, la belleza con la fealdad, la vida con la muerte.

Que la belleza de ustedes no sea la externa, que consiste en adornos tales como peinados ostentosos, joyas de oro y vestidos lujosos. Que su belleza sea más bien la incorruptible, la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu suave y apacible. Ésta sí que tiene mucho valor delante de Dios. 1 Pedro 3:3-4

Alexander Pope, dijo: “Dios mío, hazme un hombre mejor”. Entonces su paje respondió: “Sería más fácil hacerlo un hombre nuevo”… La gente no necesita ser remendada, sino hecha otra vez, experimentar una conversión, nacer de nuevo. A fin de ser salvados debemos conocer por experiencia el significado de la verdadera conversión. Es un error pavoroso que hombres y mujeres prosigan día tras día profesando ser cristianos sin tener derecho a ese nombre. A la vista de Dios, la profesión no es nada, la posición no es nada. El pregunta: ¿Está la vida en armonía con mis preceptos? Hay muchos que suponen que están convertidos, pero no pueden soportar la prueba de carácter presentada en la Palabra de Dios. Con respecto a la salvación y a la conversión, ¿cuál es nuestra responsabilidad ?

Por tanto, amados míos, ya que siempre han obedecido, no sólo en mi presencia, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocúpense en su salvación con temor y temblor, porque Dios es el que produce en ustedes lo mismo el querer como el hacer, por su buena voluntad. Filipenses 2:12,13

El tema de la conversión es vital, pero a la vez es un problema, porque no te puedes convertir a ti mismo. La conversión es un milagro…Una noche uno de los dirigentes principales del judaísmo llamado Nicodeno se entrevistó con Jesús. Estaba convencido que ese humilde maestro de Galilea  era alguien especial y que había cierta conexión entre él y las profecías. Cuando estuvo frente a Jesús comenzó la conversación elogiándolo, pero el Maestro divino quien ve más allá de las apariencias sorprendió a Nicodemo diciendo: “De cierto te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios”(Juan 3:3) En otras palabras la idea que Jesús quiso poner en la mente de la humanidad en general es que: a menos de que tengamos una experiencia de conversión, no podremos ir al cielo… Dentro del Centro de Ciencias del Pacífico en Seattle, Estados Unidos hay una exposición que hace una prueba para detectar el daltonismo. Consiste en 30 cuadros individuales de formas y patrones multicolores, cada uno con un número camuflado en el centro. Las personas con una visión normal pueden ver cada número claramente. Sin embargo, una persona daltónica no puede ver algunos de los números, a pesar del esfuerzo que haga para verlos. Esta experiencia describe exactamente el problema que tenemos con los corazones inconversos. Al igual que el ciego que Jesús sanó, tu y yo nacimos sin poder ver las cosas espirituales. Solo un milagro del cielo nos puede restaurar…

 

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Juan 3:3-5

Te sugiero que leas el Evangelio de Juan, pero no te enfoques en cuántas personas fueron alimentadas o cuántos milagros hubo, o cuál milagro sucedió primero y cual después. No leas la Biblia sólo para conseguir información, lee para obtener provecho espiritual. Ora antes de leer, di algo como esto: “Señor Jesús, lo que realmente quiero es un corazón nuevo. Lo que realmente quiero hoy es un nuevo nacimiento, pero yo no puedo producirlo. No puedo suavizar mi corazón, pero entiendo que si te miro, el Espíritu Santo hará algo por mí que yo no puedo hacer por mí mismo. Así que voy a mirar, y te pido que produzcas un milagro. Por favor, haz que tú hoy seas real para mí”. Ora de esta manera y mira a Cristo, pero no solo lo hagas una o dos veces. Repítelo día tras día, cada mañana, cada noche…

Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de í. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará. Mateo 10:38,39

Un joven asistía a su último año de secundaria, había nacido en una familia cristiana, conocía las respuestas, las doctrinas y las creencias fundamentales de su iglesia. Era hijo de un pastor pero aparte de asistir a los cultos regulares no pasaba tiempo con Dios. Tenía conocimiento de la verdad, pero no conocía a Aquel que es la verdad. De hecho, ni siquiera sentía la necesidad de tener una relación personal con Jesús. Pero un viernes fue invitado a una reunión en casa de unos amigos. Decidió ir y para su sorpresa, allí había 12 compañeros de la secundaria que se había reunido para estudiar la Biblia, y orar unos por los otros. En la siguiente reunión éste joven iba con un plan: era hacer preguntas religiosas que no tuvieran respuesta y después reírse de ellos. Estaba seguro que podría destruir esas reuniones que le parecían ridículas.

Pero la reunión de esa noche consistía en hablar de Jesús: lo que él significaba para ellos. Y cuando alguien te dice lo que Jesús significa para él o para ella no hay manera de discutir. Durante hora y media miró y escuchó. Finalmente sus amigos dijeron: “Vamos a orar.” Inclinaron sus cabezas y cerraron sus ojos. Y Comenzaron a hablarle a Jesús como una persona le habla a su mejor amigo. Y en ese momento ese joven sintió como si estuviese en el salón del trono del cielo. Allí esa noche, él entendió por primera vez que el cristianismo no se trata de lo que haces, sino a quien conoces. De hecho, Jesús está más interesado en ser nuestro amigo que en nuestros actos, porque él sabe que si entablamos una amistad con él, ¡eso nos cambiará! ¿no es maravilloso?

Estoy contento de que Jesús es “poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Efesios 3:20). Estoy agradecido de que él ha prometido hacer por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos. De que él pueda ayudarnos a reconocer nuestra gran necesidad. De que su Espíritu crea en nosotros corazones nuevos, haciéndonos capaces de ver a Jesús más claramente y a amarlo más profundamente. Recuerda: ¡Hay vida en mirar a Jesús!

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