La promesa

LaPromesa

Introducción:

La mayoría de nosotros vive respirando con dificultad, como si nos ahogáramos a ocho centímetros por debajo de la superficie del agua. Nos hemos acostumbrado tanto a esta condición que casi no nos damos cuenta que existe un mundo enteramente nuevo justo encima de nosotros. Anhelamos más: buscamos distracciones y entretenimientos apropiados solo para pasar el rato y que , a fin de cuentas, son insatisfactorios. En nuestras apacibles meditaciones con Dios, en lo más íntimo del ser sabemos que existe otra dimensión, que puede ser nuestra si así lo decidimos, o si supiéramos cómo llegar allí. Tenemos ricas promesas en la Palabra de Dios, si sólo creemos y confiamos en él. Estamos en peligro de confiar en nuestros pobres esfuerzos humanos, sin poner nuestra confianza en Dios. Mientras más humildemente caminemos con Dios, más se manifestará él para ayudarnos.

¿Cuál es la invitación para todo el que siente necesidad?

¿Qué hombre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿Y si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? Mateo 7: 9-11

Gao Hung Tse, un peón que vivía en el campo, se bautizó. No tenía familia ni educación; y no solo era analfabeto, tenía también mala memoria que no podía recordar lo que la gente le había leído. Pero Gao amaba a Jesús, y anhelaba compartir el amor de Dios y su Palabra con los demás. Si tan solo pudiera leer… Un sábado decidió que rogaría a Dios que hiciera algo, cualquier cosa, de manera que él pudiera compartir su fe; así que estuvo horas orando para que el Espíritu Santo lo capacitara. De repente Gao oyó una voz que decía: Lee el Salmo 62. Se quejó de que no podía leer; pero la voz vino otra vez. Gao tomó la Biblia que alguien le había dado en su bautismo y la abrió en el Salmo 62. Entonces, para su asombro, ¡descubrió que podía leer! Así leyó todo el salmo. Gao no podía contener su entusiasmo. Salió corriendo de su casa hasta el otro lado del pueblo, donde le dijo a un dirigente de la iglesia- ¡Dios me enseñó a leer!

Luego le recitó todo el salmo de memoria. Dios, milagrosamente, le había concedido la capacidad de leer y memorizar. ¿Qué hizo que Gao con las nuevas habilidades que Dios le dio? Proclamó el amor de Jesús a todos los que deseaban escuchar. Abría la Biblia y se la leía a otros como si cada palabra viniera del Cielo. Y porque este hombre valientemente puso su confianza en las promesas de Dios, Dios lo utilizó con el fin de llevar salud y esperanza a multitudes de personas. Cientos descendieron a las aguas del bautismo debido a su testimonio y su trabajo misionero: ¡Ciento ochenta en el primer año después de su bautismo! El Espíritu Santo está ahora obrando en la Tierra de manera especial. ¿Lo estamos aprovechando? ¿Le estamos pidiendo que llene nuestro corazón y nuestros hogares? Como el humilde hombre de la historia llamado Gao-¿estamos insistiendo a fin de que el Señor nos llene y nos capacite?

En la noche de la Pascua, horas antes de ser crucificado, Cristo prometió a sus discípulos que vendría el Espíritu Santo, pero despúes de su resurrección, ¿cómo fue efectiva esta promesa?

Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. Juan 20:19-22

Una mañana un profesor de Biblia se quedó viendo un cuadro, que contenía el siguiente pensamiento: “Por ti consiente el Hijo de Dios en llevar esta carga de culpabilidad; por ti saquea el dominio de la muerte y abre las puertas del paraíso” Después de reflexionar en estas palabras comenzó a llorar, sus ojos se habían convertido en ríos de dolor. Cayó de rodillas, y clamó en alta voz: ¿Por qué, Señor? ¿Por qué me amaste tanto? ¿Quién soy yo para que renuncies a ti mismo por mí? Lloró hasta que se quedó sin lágrimas. Había captado el amor del Salvador más plenamente que nunca antes. Por años había sido pastor y profesor de Biblia; había conducido a cientos de personas a los pies de la cruz. Pero aquella mañana las ventanas del cielo lanzaron una inundación de luz tan grande sobre su vida que se quedó sorprendido. Pensaba en cómo había vivido durante tanto tiempo sin apreciar plenamente lo que Dios había hecho por él. A decir verdad, estaba tan sobrecogido por el amor divino ..Y ¿qué piensan que hizo este profesor cuando comenzó a recuperarse? ¿Creen que volvió a vivir tan despreocupadamente como antes? Claro que no. Entregó su ser completamente. Y dijo en oración- “Señor, si estás dispuesto a amarme tanto, yo no lo merezco; ni ahora ni nunca. Si hay algo que puedas hacer conmigo para tu gloria, hazlo. Te entrego todo. No soy nada, y tú lo eres todo; pero has decidido tratarme como si lo mereciera… La obra suprema, humilde, misericordiosa del Espíritu Santo es mostrarnos a Jesús como realmente es. La Ley de Dios, sobre la que se basa el universo, es la ley del amor abnegado; pero hasta el Calvario, solo Dios sabía cuánto nos amaba. Después de la cruz, el Espíritu Santo finalmente pudo mostrarnos su amor de una manera que antes nos era desconocida. Desearemos la plenitud de Dios en nuestra vida solo cuando percibimos el pleno sacrificio de Cristo por nuestra vida

Cristo nos prometió al Espíritu Santo, cuyo objetivo era convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio. ¿Cómo logra eso?

Porque los que viven según la carne, piensan en los deseos de la carne. Pero los que viven según el Espíritu, piensan en los deseos del Espíritu. La mente carnal conduce a la muerte, la espiritual es vida y paz. Romanos 8:5,6

El Espíritu Santo tuvo un lugar especial en la vida Jesucristo. En varios lugares del Nuevo Testamento se habla de esto:

1. Jesús fue concebido en la virgen María por medio del Espíritu Santo. Como consecuencia de ese poderoso hecho, pudo ser llamado “Santo Ser” desde su nacimiento. Fue el único ser humano sin pecado. Toda su vida fue un “olor grato” para su Dios.

2. Cuando empezó su servicio oficial a los 30 años de edad (Lucas 3:23), fue bautizado por Juan el Bautista. Entonces el cielo se abrió y el Espíritu de Dios bajó como paloma sobre él y permaneció en él. Dios ungió así al Señor Jesús con el Espíritu Santo y con poder, para que ejerciera su servicio en el pueblo de Israel.

3. Si observamos la vida y el servicio del Señor Jesús en los evangelios, vemos que en todos los detalles de su vida fue guiado y conducido por el Espíritu Santo, el cual obraba con poder divino en él.

Conclusión:

El Espíritu Santo se menciona 88 veces en el Antiguo Testamento y 262 veces en el Nuevo Testamento. Sobre la base de la diferencia de tamaño de los dos testamentos, el Espíritu se menciona diez veces más en el Nuevo Testamento que en el Antiguo Testamento. En el Antiguo testamento menciona al Espíritu y su actividad. Lo encontramos actuando en la creación; involucrado en la obra de regeneración; otorgando talentos y habilidades para el ministerio y obrando mediante señales y prodigios. Es más evidente en la obra de los dirigentes escogidos por Dios, como Gedeón, David, y Elías; y en especial en la vida de los profetas como Isaías y Ezequiel. Si bien observamos al Espíritu de Dios obrando en las personas en ese tiempo, rara ver lo advertimos obrando colectivamente. Sin embargo, hallamos que el anhelo de Dios es que su Espíritu obre en la Tierra entre su pueblo: esa es la Gran Promesa que tenemos.

Desde que tenía ocho años, Joel ya tenía tatuajes. Al igual que muchos niños de su ciudad, Joel tenía tatuajes que mostraban su pertenencia a una pandilla, por lo tanto eran signos de pertenencia. Cuando Joel creció, descubrió que le resultaba difícil conseguir un trabajo. Al ver sus tatuajes, la gente inmediatamente pensaba que era miembro de una pandilla, y un alborotador. Así, que decidió que quería un nuevo comienzo en la vida; sin tatuajes… Mucha gente al igual que Joel quieren borrar las huellas de su pasado… Hay un símbolo de pertenencia que siempre podemos contar. La Biblia nos dice que estamos grabados en las palmas de las manos de Dios. Es como si Dios tuviese un tatuaje; ¡uno que constantemente le recuerda lo mucho que se preocupa por sus hijos! Y Dios nos da a su Espíritu Santo como un símbolo de pertenencia, somos hijos del Padre celestial.

El Espíritu Santo fue prometido para acompañar a los que están luchando por la victoria. Demuestra su poder al dotar al agente humano con fuerza sobrenatural, y también al instruir al ignorante en los misterios del reino de Dios. El Espíritu Santo es nuestro Ayudador.

Es el Espíritu Santo quien trae a las mentes oscurecidas los brillantes rayos del Sol de Justicia; el que hace arder los corazones de los hombres despertando la inteligencia a las verdades eternas. Es el Espíritu Santo quien produce la tristeza piadosa que obra el arrepentimiento del que no hay que arrepentirse, e inspira fe en el único que puede salvar del pecado. Es el Espíritu Santo quien transforma el carácter al retirar el afecto que los hombres ponen en las cosas temporales y perecederas, para centrarlo en la herencia inmortal, la imperecedera sustancia eterna. El Espíritu Santo recrea, refina y santifica a los agentes humanos para que puedan llegar a ser miembros de la familia real, hijos del Rey celestial

 

 

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