En el banquete espiritual de la primera hora de la mañana de ayer, nuestro corazón se alimentó con su sublimidad y supremacía de Cristo. Colocamos en nuestro corazón que él es el primero en el orden a natural y sobrenatural de las cosas; es el primero en el orden de la salvación. Que él sea el primero y el bien mayor de nuestra existencia.
Hoy vamos a servir una comida que tiene que ver con la importancia de la presencia de Jesús con nosotros en cada momento del día, desde la primera hasta la última hora del día. La mesa ya está servida, y vamos a saborear los siguientes platos a espirituales: Cristo como el Dios eterno, el Verbo encarnado, Dios omnipresente, que desea habitar con nosotros.
Como ya aprendimos en el SEE III, una buena hora para que seamos bautizados por el Espíritu Santo es en las primeras horas de la mañana, cuando estamos orando, alabando, estudiando y meditando. Entonces, vamos a orar y a alabar (cantar himnos sobre la presencia de Jesús, del Himnario adventista, del CD JA o usted mismo puede componer o colocarle música a versos que hablen de la presencia de Jesús). Después vamos a estudiar y a meditar, en este segundo día de la jornada.
Vamos ahora a oír a nuestro Salvador por medio de su Palabra. Escuchemos:
“Les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Mat. 28:20).
“Porque lo dice el excelso y sublime, el que vive para siempre, cuyo nombre es santo: Yo habito en un lugar santo y sublime, pero también con el contrito y humilde de espíritu, para reanimar el espíritu de los humildes y alentar el corazón de los quebrantados” (Isa. 57:15).
“Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, a estaré yo en medio de ellos” (Mat. 18:20).
Como aprendimos en el SEE I, Cristo nos habla por su Palabra y nosotros reaccionamos en oración lo que El nos dice. Entonces, con él en oración. Digamos cómo nos sentimos al escuchar sus palabras y cuál es su deseo para nosotros en este día. Oremos sin prisa. Abrámosle nuestro corazón a él como a nuestro mejor amigo. Él está ahí, a tu lado.
Para tener una comprensión más adecuada de la presencia de Cristo es necesario comprender su naturaleza eterna, la plenitud de su divinidad. Las informaciones que tenemos en las Escrituras son suficientes para no aceptar conceptos equivocados sobre la presencia de Cristo. Entonces, vamos a ellas.
Cristo, el Dios eterno
Cristo es uno con el Padre, siempre existió, “su orígenes se remontan hasta la antigüedad, hasta tiempos inmemoriales” (Miq. 5:2). En realidad, es llamado “Padre eterno” (Isa. 9:6). Antes de que las cosas viniesen a la existencia, él ya existía. Los atributos de la Deidad se encuentran totalmente en Cristo. El no es un semidiós o un ser superdotado de espiritualidad, que fue adoptado por la Divinidad.
En armonía plena con los otros dos miembros de la Divinidad, Cristo actuó en el proceso creativo del universo y su mantenimiento. Nunca hubo un tiempo en el que él no haya actuado, juntamente con el Padre y con el Espíritu Santo, a favor de los seres creados. Algunas personas piensan que en el Antiguo Testamento se vivía la era del Padre, que cuando Cristo vino a la Tierra ocurrió la era del Hijo y que ahora estamos en la era del Espíritu Santo. Aunque se pueda destacar la actuación más acentuada de cada una de las personas de la Divinidad en esos tres períodos de la historia de la humanidad, siempre estuvieron y actuaron juntos. Cristo estuvo presente en la creación del ser humano: “Hagamos al ser humano a nuestra imagen” (Gén. 1:26) y acompañó a su pueblo a lo largo de la historia. Su presencia estaba simbolizada en la columna de nube y en la de fuego, mientras los israelitas peregrinaban por el desierto. Como “comandante del ejército del Señor” (Jos. 5:14,15) o como ángel del Señor” (Gén. 16:7, 13; 18:1, 2, 13,14, 17, 33; 21:17; 18, 22:11,18; 32:24-30; Exo 3:1,17; Juec. 2:1, 4,6:11,24; 13:2,24)
Cristo se reveló varias veces antes de su encarnación. Estos eventos son denominados cristofanías (un concepto de la teología cristiana utilizado para designar las apariciones de Cristo preencarnado, ocurridas en el Antiguo Testamento) o teofanías (el término viene de la lengua griega, compuesto por de dos vocablos: theos=Dios y phaneroo= parecer, de que describe alguna manifestación visible de Dios).
En su esencia, teofanía es un término teológico que sirve para indicar cualquier manifestación temporaria y, normalmente, visible de Dios. La Biblia nos informa que el ángel del Señor realizó varias tareas semejantes las de los ángeles en general. A veces, sus apariciones eran simplemente para traer mensajes del Señor Dios, como por ejemplo, en Génesis 22:15 al 18; 31:11 al 13.
Algunas evidencias de que el Ángel del Señor era Cristo
Josué 5:14: Josué “se postró rostro en tierra y le preguntó: ¿qué órdenes trae usted, mi Señor, para este siervo suyo?”. Si el Ángel del Señor fuera el mismo Señor, le habría prohibido a Josué adorarlo, como ocurrió con Juan, en Apocalipsis 19:10 y 22:8 y 9.
Jueces 13:18: Cuando Manoa, el padre de de Sansón, le preguntó al ángel del Señor su nombre, él respondió con una pregunta: “¿Por qué me preguntas mi nombre? -replicó él-. Es un misterio maravilloso”: Comparado con lsaías 9:6, maravilloso es el mismo Señor.
Cristo el Verbo encarnado.
Aunque Cristo se haya revelado algunas veces de manera visible a sus hijos en el Antiguo Testamento, su presencia era constante en el cuidado expreso de manera colectiva a la nación de lsrael o a personas individualmente.
El “es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, porque por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra visibles e invisibles, sean tronos, poderes, principados o autoridades: todo ha sido creado por medio de él y para él. Él es anterior a todas las cosas, que por medio de él forman un todo coherente. El es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia. El es el principio, el primogénito de la resurrección, para ser en todo el primero. Porque a Dios le agradó habitar en él con toda su plenitud” (Col. 1:15-19). “Toda a plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo” (Col. 2:9).
En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios […..] Y el verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:1, 14). Al asumir la naturaleza humana y habitar entre nosotros, Cristo no dejó de ser Dios. El era totalmente divino y totalmente humano. Este misterio de la piedad es lo que hizo posible la concretización del plan de la redención. La encarnación fue la revelación máxima de la presencia de Dios entre nosotros. “La virgen concebirá dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel (que significa ‘Dios con nosotros)” (Mat. 1:23).
“La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, muerte de cruz! Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil. 2:5-11).
Aunque haya dejado de vivir físicamente entre los hombres, Cristo continúa presente con sus hijos. No solamente a través del Espíritu Santo o de su mediación en el Santuario celestial. Sino que está con nosotros por ser totalmente Dios, pues uno de sus atributos es la omnipresencia.
Cristo, Dios omnipresente
La palabra “omnipresencia” deriva de dos vocablos latinos: omnis, que significa “todo” y praesum que significa “estar próximo o presente”. La Biblia nos muestra que antes de crear el espacio Dios ya existía (Gén. 1:1). Dios creó el espacio y lo domina (Deut. 10:14, Gén. 14:19). Dios está presente en todo lugar (Jer. 23:23, 24; Sal. 139:7-10). No hay un único punto en todo el universo en el que Dios no esté presente; y donde él se encuentra, está con todo su ser y no apenas con una parte de él.
Dios no puede ser contenido por el espacio (1 Rey. 8:27, 2 Crón. 2:6; Isa. 66:1-2; Hech. 7:48), sino que lo completa absolutamente. Dios no solamente es muy grande, sino que es un ser que no puede ser contenido por el espacio. Dios es espíritu (Juan 4:24; 2 Cor. 3:17), por lo tanto, no tiene un cuerpo que lo limita. Cuando la Biblia habla la mano de Dios, del dedo, del brazo, etc. (Deut 4:34; Sal. 8:3; Luc. 11:20), está usando una figura de lenguaje llamada antropomorfismo (lenguaje
que usa la forma humana para explicar los atributos invisibles de Dios).
Dios está en todo lugar, pero es distinto a la creación, diferente de lo que afirma el panteísmo (Dios es todo). Dios es diferente del mundo y no puede ser identificado con él, pero está presente en cada parte de su creación, no solo con su poder, sino también con su esencia y naturaleza.
Cristo “vive en mi”
Si Cristo está presente en todo lugar, significa que podemos orar y adorarlo en cualquier lugar y que ningún lugar es mejor que otro para hacerlo (Juan 4:20). Podemos ir a cualquier sitio, si necesitamos socorro, él está allí, incluso en los lugares más difíciles (lsa. 43:2). Cristo está presente, bien cerca, a tu lado, y él te ve y conoce tu interior (Heb. 4:13). Recuerda, tú no necesitas entrar en la fila o marcar horario para hablar con Cristo. ÉI está donde tú estés.
Cierta vez un grupo de jóvenes estaba bebiendo en una fiesta, de madrugada, al ritmo de un trío elétrico*. De pronto, la risa y la alegría fueron interrumpidas cuando una de las chicas hizo la siguiente pregunta ¿Ya pensaron qué sería de nosotros si Jesús volviera ahora? iEstaríamos perdidos!
Algunos de ellos habían sido evangélicos o tenían algún conocimiento bíblico. Quedaron en silencio y, uno a uno, salieron. Conversando con esa chica, unos días después, me relató Io que había sucedido. Entonces yo Ie dije que, si se sintió perdida en aquella situación, no estaba menos perdida ahora que estaba hablando conmigo pues continuaba lejos de Jesús. Le hice una invitación para que entregara su vida a Cristo y ella aceptó. Hoy es una cristiana feliz.
La comprensión de que Cristo está presente puede provocar miedo en quienes se encuentran alejados de él, pero es reconfortante para sus hijos. En realidad, incluso el peor pecador se puede alegrar con esta verdad. La presencia de Cristo no es la de un investigador que busca cosas erradas en nuestra vida, o Ia de un torturador con un látigo intentando castigarnos por nuestras fallas. Su presencia es la de un padre amoroso intentando darnos Io mejor.
Guarda en tu corazón
“Así como nuestra vida física es sostenida por el alimento, así nuestra vida espiritual es sostenida por la palabra de Dios. Y cada alma ha de recibir vida de la Palabra de Dios para sí. Así como debemos comer por nosotros mismos a fin de recibir nutrimiento, así debemos recibir la Palabra por nosotros mismos”(Elena de White, El Deseado de todas los gentes, edición 2007, pp. 232, 233).
*Trio elétrico es un tipo de camión o carroza de desfile con un conjunto o banda musical ejecutando en una plataforma equipada con un sistema de amplificación potente, muy común en carnaval u otros eventos festivos de Brasil.


