LA TRINIDAD – DÍA 10

PermanezcanEnMiHoyDia10

La ceremonia de casamiento es algo que impacta a todos. Parece que entramos en una atmósfera diferente: la decoración es detallada, la música es especialmente seleccionada, hay profusión de flores, los invitados están vestidos con elegancia, el personal encargado de la recepción es gentil y atento.

El matrimonio nos concede una vislumbre, aunque muy pálida, de Io que es la relación entre los miembros de Ia Deidad. Evidentemente Dios no es casado ni posee distinción sexual. Sin embargo, el concepto se expresa en una frase bien conocida que dice: “los dos se funden en un solo ser” (Gén. 2:24). Nadie, en su sano juicio, espera que al ser pronunciada esta frase, el novio y la novia sufran algún tipo de mutación y se transformen en un ser híbrido con cuatro brazos y dos cabezas. El hecho es que, aunque casados, ambos conservan su individualidad.

EI plan de Dios para la familia humana era que el hombre y Ia mujer experimentaran, dentro del casamiento, una integración profunda. Adán y Eva debían disfrutar de una relación íntima, con objetivos iguales, unidad en propósitos y planes, un conocimiento profundo y total el uno del otro, que permitiera la convergencia de las emociones y, hasta incluso, una identificación intelectual. Casi como si sus corazones latiesen al mismo ritmo.

El primer matrimonio tenía un conocimiento intimo el uno del otro. Y esa intimidad es mucho más que una relación sexual. Es un saber los deseos, los anhelos y las voluntades del otro. Adán podía mirar a Eva y-casi-saber Io que ella estaba pensando. Podría hasta anticipar sus reacciones frente a las circunstancias, debido a la profundidad del conocimiento mutuo.

El amor era el elemento primordial de Ia unidad entre ellos, y se revelaba en el altruismo, o sea, en el donarse a si mismo en favor del otro. El amor afectaba la relación de los dos en todo sentido. Y Dios compartió eso con nosotros, pues solamente encontramos Ia verdadera felicidad si amamos de esa manera.

Como nuestro maravilloso Dios nos creó a su imagen y semejanza, podemos decir que poseemos trazos que representan características del suyo. No somos dioses, no tenemos omnipotencia, ni omnisciencia ni omnipresencia; no somos inmutables, ni tampoco eternos. Pero Dios, en su infinita gracia, nos regaló la posibilidad de amar, crear, crecer, vivir y más. Además de esto, nos concedió, por medio del matrimonio, una idea, aunque pálida, de cómo es Ia relación entre los miembros de la Trinidad celestial.

Dios nos creó macho y hembra, como individuos diferentes que se complementan. Así podemos disfrutar de toda la profundidad del amor y de una feliz relación. Fue Dios quien colocó en el corazón de Adán la necesidad de una compañera. Pero no se detuvo allí. Suplió esa falta con un regalo especial: Eva.

De ninguna manera estamos diciendo que Dios es casado, o que posee sexo, o cualquier cosa parecida. Eso seria una blasfemia. Sin embargo, Io que sabemos de la Trinidad, y, dicho sea de paso, es un conocimiento bastante limitado, indica que hay una perfecta unión entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es algo tan profundo que no sabemos evaluarlo totalmente. Entre ellos existe unidad de propósito, de pensamiento, de acción; pero encima de todo hay un amor completo, irrestricto, incondicional y abarcador. Así, tenemos un único Dios, que se manifiesta en tres personas iguales y coeternas, individuales, pero unidas íntimamente.

De acuerdo con la revelación bíblica, la Deidad está compuesta por tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. No tenemos un Dios que ahora es Padre, después es Hijo y en otro momento es o será Espíritu Santo. Por el contrario, tenemos un Dios Trino, manifestado en tres personas coeternas, igualmente perfectas, completas y todopoderosas. Es ese Dios maravilloso que lucha por nuestra sanación y que anhela tener un encuentro con nosotros.

¿Quién es Dios? Y, ¿cómo es él? Han sido las preguntas que el ser humano plantea hace mucho tiempo. Muchos pueblos crearon dioses para sí; en general, basados en los elementos cotidianos, como los fenómenos de la naturaleza, características del mundo y hasta sentimientos y cualidades inherentes al ser humano. Como la creación siempre es un espejo del creador, proyectaban en sus dioses elementos que son peculiares del hombre o sea, sus dioses eran a imagen y semejanza de la humanidad. Por eso, esas divinidades se peleaban si, se enojaban y descargaban su rabia con el pueblo, aquí en Ia tierra. Esos dioses adoran ser adulados y necesitan ser convencidos para realizar alguna cosa buena a favor de la humanidad.

Desde pequeños nos enseñan a identificar a Dios el Padre como un señor de barbas blancas, siempre distante, tal vez con una mirada investigativa sobre nuestra persona, buscando algún error o falla en nuestra conducta para castigarnos con plagas y maldiciones. Por otro lado, parece que Jesús es un ser de voz dulce y gentil, clamando a ese Padre e intercediendo para que no seamos destruidos.  Y, gracias al amor y al sacrificio del Hijo, el Padre nos libra de la condenación. EI Espíritu Santo es el ser menos conocido de la Divinidad y, tal vez por eso, se habla tan poco sobre él.

Sin embargo, nos olvidamos de que en el inicio de la Biblia, en el relato de la creación del mundo, el Espíritu Santo ya aparece como creador, en un mundo aún caótico. En el evangelio de Juan (1:1) y en la epístola a los Hebreos (1:2), encontramos declaraciones que indican que Jesús fue el creador de todas las cosas. Sin embargo, el mismo Jesús declara, en el evangelio de Marcos (13:19), que Dios creó el mundo. Estos textos nos muestran que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo estaban presentes en Ia creación del mundo; que nosotros fuimos creados por el Dios Trino y, por eso, podemos comprender cuando Dios dice “Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza” (Gén. 1:26). Vemos aquí al Creador hablando y trazando planes en el plural. Es interesante notar que todas las otras criaturas surgieron por una orden expresa de Dios, pero el ser humano fue formado por sus divinas y poderosas manos. Quedo pensando en el trabajo de elaboración, en la discusión sobre el proyecto, en el molde de cada detalle. Cuánto cariño demostrado para con un ser tan frágil como nosotros.

El apóstol Pablo también hace una referencia magnifica al trabajo conjunto del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en el plan de salvación, al hablar de la “gracia del Señor Jesucristo”, del “amor de Dios” y de la “comunión del Espíritu Santo” (2 Cor. 13:14). En realidad, “en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo” (2 Cor. 5:19). ¿No es maravilloso ver que Jesús no estaba aquí luchando solo por nosotros, sino que el padre nuestra salvación?.

Podemos afirmar que nuestro Dios, el padre, el Hijo y el Espíritu Santo, está interesado en nuestra redención, lucha por nosotros y quiere restablecer la relación con nosotros. Jesús no necesita tentando convencer al Padre para que nos acepte y nos ame. Somos amados por el Padre y por el Espíritu Santo tanto como por Jesús.

El sacrificio realizado por nuestra salvación involucró a las tres personas de Ia Deidad. Fue un sacrificio de nuestro maravilloso Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dando las últimas instrucciones a sus discípulos, antes de su muerte, Jesús dijo que todo Io que pidamos en su nombre, él Io hará (Juan 14:13). Después se refirió al mismo tema, pedir en su nombre, agregando “Y no digo que voy a rogar por ustedes al Padre, ya que el Padre mismo los ama porque me han amado y han creído que yo he venido de parte de Dios” (Juan 16:26, 27). ¡Jesús está diciendo que el Padre nos ama! EI atiende nuestras oraciones no por amor  a Jesús. simplemente, como si fuese forzado a hacerlo, sino que nos oye y nos da aliento, respondiendo nuestros anhelos, porque nos ama profundamente.

Recordemos el texto de Juan 3:16, que dice “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito”. Dios ama al mundo de manera increíble y, por eso, por causa de su inmenso amor, nos dio a su bendito Hijo. Dios no nos ama solamente por causa de Jesús. Él mismo nos ama y, en virtud de ese amor, nos dio a Jesús. Nosotros tenemos un Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que nos ama de forma extraordinaria y, debido a ese amor, nos quiere rescatar y salvar. EI hecho es que en Ia entrega de Jesús vemos la entrega de las demás personas de Ia Deidad.

Tal vez no consigamos comprender toda la complejidad de la relación de la Trinidad. Son muchos conceptos teológicos que se mezclan, y hay muchos misterios, o sea, verdades no reveladas para nosotros. Pero, es así que debe ser, pues Dios es infinitamente superior a nuestro limitado entendimiento.

Muchos se olvidan de que Dios es creador y nosotros apenas criaturas. No hay manera de comprender completamente a Aquel que es infinito. Podemos, de cierto modo, absorber parcialmente pequeños rayos de luz que emanan de su trono majestuoso; pero Io que tenemos es poco, y ni siquiera en la eternidad conseguiremos entrar en sus consejos y entender todo Io que concierne a su persona y poder.

Dios nos revela aquello que podemos entender y que se hace necesario para nuestra relación con él. Eso basta. Cuando abordamos este asunto, sobre el que no tenemos revelación suficiente y por tratarse directamente de nuestro supremo Creador, es necesario que seamos cautelosos y celosos, respetando nuestros límites, y que adoremos reverentemente la magnificencia de su ser.

Infelizmente, el ser humano, en un intento arrogante de dominar todo el conocimiento, establece conjeturas sobre Ia divina Trinidad, como si esta pudiese ser expresada en conceptos humanos, intentando abarcar en una definición a Aquel que jamás podrá ser completamente definido por mentes humanas. Esto es muy peligroso. Sabemos Io que necesitamos saber: que él nos ama infinitamente y que podemos, por su gracia y misericordia, relacionarnos con este Dios que es todopoderoso.

Escuché una historia acerca de un niño que corría al mar y buscaba agua para llenar el pocito que había construido en Ia arena de la playa, con la intención de vaciar el gran océano y, de cierta manera, dominarlo en aquel espacio. Creo que somos como ese niño, al enfrentarnos con este tema. Pero aprendí que no necesito dominar el mar para ser feliz y sentirme amado, porque jamás podré hacerlo. Soy feliz con mi pequeño pozo en la arena.

Para reflexionar
Dios padre, Hijo y Espíritu Santo forman una Deidad que está unida para salvarte. ¿De qué manera puede contribuir esto para tu felicidad y la de tus familiares y amigos hoy? ¿Por qué es importante que te sientas amado por los miembros de la Deidad? Durante el día, ora para que tengas una visión más amplia del amor de Dios, como fue revelado en Cristo.

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