No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano. Porque el Señor no dará por inocente al que tome su nombre en vano. Éxodo 20:7
Si buscamos en el diccionario, encontraremos una palabra que describe este comportamiento de predicar una cosa y hacer otra. Dicha palabra es “hipocresía”. Y la verdad es que una buena parte del mundo está casada de ver esta característica dentro de las comunidades religiosas. Pareciera que cada año surge un nuevo escándalo en el que alguien que predica contra la inmoralidad sexual o sobre los males del dinero, resulta haber caído precisamente en aquello que critica. La palabra hipócrita se usa muy a menudo para describir toda clase de comportamientos. Creo que, de una y otra manera, todos hemos sido culpables de ello en mayor o menor medida. No obstante, la peor forma de hipocresía, y la que realmente resulta detestable, es la hipocresía espiritual: aquella en la que una persona trata de ocultar sus propios defectos bajo un manto de santidad y de justicia propia. Francamente, el problema es tan grave que la Biblia lo afronta en términos muy directos. Hay incluso un mandamiento del código moral de Dios dedicado a ese asunto en concreto. ¿Qué mandamiento dice “no practicarás una religión hipócrita? La verdad es que ninguno, al menos con esas palabras. Sin embargo, podemos encontrar los principios implícitos en el tercer mandamiento: “No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano”
¿Cómo trató Jesús a los hipócritas que pretendían ocultar sus pecados bajo las vestiduras de una falsa religiosidad?
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Porque dais el diezmo de la menta, del eneldo y el comino; y dejáis lo más importante de la ley, a saber la justicia, la misericordia y la fidelidad. Esto es necesario hacer, sin dejar lo otro. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Porque limpiáis el exterior del vaso y del plato; y por dentro estáis llenos de robo y desenfreno. Mateo 23:23-25
Había un ladrón de bancos en Israel que a pesar de ser diestro siempre sostenía su arma con la mano izquierda cuando robaba. La razón era que cuando huía con el botín, podía cumplir con el acto sagrado de tocar la mezuzá al abandonar la escena del delito ( la mezuzá es un objeto que los judíos colocan junto a la puerta de cualquier casa o recinto para que les recuerde la ley de Dios). ¡ Este es un claro ejemplo de lo que es tomar el nombre de Dios en vano! El conferencista cristiano Tony Campolo cuenta que una vez fue asaltado a punta de pistola. Después de que el asaltante le quitara la cartera, le preguntó: – ¿A qué se dedica usted? – Soy pastor bautista- le respondió Campolo. – ¿Bautista?- le preguntó el ladrón- ¡Qué alegría, yo también soy bautista! Ese es otro brillante ejemplo de lo que es tomar el nombre de Dios en vano. Lo que la Biblia quiere decirnos con el tercer mandamiento es esencialmente que “ si vas a profesar que eres cristiano, si vas a cubrirte con el excelso manto de su nombre y si vas a darte a conocer como uno de los hijos de Dios; entonces vive como tal”
En las últimas décadas ha habido una tendencia preocupante en los países occidentales. Los cristianos han comenzado a darse cuenta de que el nivel de moralidad ha dado señales de una caída vertiginosa. Por ejemplo, en cuanto a la inmoralidad- la mentira, la infidelidad, el robo- muchos de los cristianos profesos que proclaman llevar el nombre de Dios están haciendo exactamente las mismas cosas. Pero la última parte del tercer mandamiento dice: “Porque no dará por inocente al que tome su nombre en vano” Exodo 20:7 Eso significa que al final no nos vamos a salir con la nuestra. El Señor no dejará impunes a quienes usan su santo nombre para encubrir sus fechorías. No dejará impunes a quienes toman el santo nombre de Dios y en ese nombre cometen actos que el Señor jamás aprobaría. El tercer mandamiento no nos condena por no ser lo que deberíamos ser. Solo nos pide que seamos lo mejor que podamos por medio de Jesús.
El hecho de que no seamos perfectos no hace de nosotros unos hipócritas. La hipocresía es otra cosa. Es pretender que somos más de lo que realmente somos. Para transformar nuestra vida cristiana¿Qué petición debemos hacer?
Pero la sabiduría que viene de lo alto primero es pura, después pacífica, modesta, benigna, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sin hipocresía. Santiago 3:17
En una ocasión, a Alejandro Magno le dijeron que entre sus hombres había un cobarde. Entonces, Alejandro se le acercó y le preguntó su nombre. El hombre, con un poco de emoción en su rostro, respondió: – Me llamo Alejandro, igual que usted, señor. Alejandro Magno se quedó mirándolo y le respondió: – ¡Si te vas a comportar de esa manera, cámbiate el nombre! Si no, compórtate como alguien que lleva mi nombre. ¿Entendemos por qué el tercer mandamiento es tan importante? …El tercer mandamiento también condena las ceremonias vacías y el formalismo en el culto y exalta el culto realizado en el verdadero espíritu de santidad, así está escrito en Juan 4:24 “ Dios es Espíritu. Y los que lo adoran, deben adorarlo en espíritu y en verdad”. Este texto muestra que no es suficiente la obediencia a la letra de la ley. Y como ejemplo de lo anterior pongamos a los judíos, porque nadie reverenció nunca más estrictamente el nombre de Dios que ellos, quienes hasta el día de hoy no lo pronuncian. Como resultado, nadie sabe cómo debiera pronunciarse. Pero en su obediencia extrema a la letra de la ley, los judíos rindieron a Dios un homenaje vacío. Ese falso celo no impidió la trágica equivocación cometida por la nación judía hace 2.000 años cuando negaron a Jesús como Salvador.
El tercer mandamiento nos habla del Nombre de Dios. Pero, ¿cómo podemos llevar este nombre? ¿Cómo podemos pertenecer a la familia de Dios en el cielo y en la tierra? De todas las preguntas que se podrían hacer en la vida, ésta es la más importante. El Señor Jesucristo nos da la respuesta en la instrucción que dio a sus discípulos. Les dijo: “Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19) Es a través del bautismo como llegamos a tomar este sagrado nombre. El bautismo en el agua es el entierro de aquella persona que murió. Al mismo tiempo es una celebración, porque simboliza la resurrección de la persona nueva que ha nacido. Es un anuncio público, un testimonio visible de algo que es invisible aunque muy real.
El bautismo es una manera de decir a todos que una persona nueva, que lleva el nombre de Dios en su ser, ahora vive una nueva vida. ¿Cómo nos demuestra Dios el gran valor que tenemos ante sus ojos?
Pero ahora, así dice el Señor, tu Creador, Jacob, y tu Formador, Israel: “No temas, porque yo te redimí. Te puse nombre, eres mío”. Isaías 43:1
Cuando nace un niño la gente siempre busca parecidos- Tiene los ojos de su mamá- dice una vecina.- Pues, en realidad, es casi una fotocopia de mi tía- dice la mamá.- No- dice el papá, – creo que se parece a mí… Si en verdad somos hijos de Dios, nos pareceremos a nuestro Padre celestial. Si la gente puede decir:- ¡Mira, cuán amable es! Es paciente, es humilde y servicial -entonces, puede agregar-. En realidad, es hijo (o hija) de Dios. Con esto empezamos a entender lo que significa el tercer mandamiento cuando dice que no debemos tomar el nombre de Dios en vano. Porque tomar en vano el nombre de Dios es llamarse hijo o hija de Dios, y sin embargo continuar con la vida de antes. Es tomar ese sagrado nombre sin experimentar ningún cambio real. Equivale a tomar el nombre de una familia sin pertenecer realmente a ella.


