MUERTE Y RESURRECCIÓN – DÍA 34

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Marta conoció el evangelio ya en la edad adulta. Cuando fue bautizada enfrentó una fuerte oposición de su marido y de sus dos hijas adolescentes. Con el paso del tiempo, ellos aprendieron a respetar las convicciones de ella, pero ninguno de ellos sentía deseos de ir a la iglesia. Marta se mantuvo fiel a los principios bíblicos y continuó amando incondicionalmente a su familia, sin presionarla para que fuese a la iglesia. Quince años después, quedó gravemente enferma y murió.
Las hijas quedaron desoladas. Su esposo, devastado. Realmente, Marta había sido una excelente madre y esposa amorosa. Sin embargo, antes de morir, dejó una carta con una ultima exhortación para la familia, para que ellos entregaran su corazón a Jesús.

Con el permiso de ellos, el pastor leyó parte de esa carta en la ceremonia fúnebre. Después presentó la esperanza bíblica de la resurrección de los muertos e hizo una invitación a los presentes para que se entreguen a Jesús a fin de que pudieran encontrarse con Marta en el día de la resurrección. Terminada la ceremonia de la sepultura, el marido y las hijas se acercaron al pastor expresando su deseo de estudiar la Biblia con él. La muerte de Marta había dado lugar a la posibilidad de vida eterna para familia.

Sí, la doctrina bíblica de la resurrección trae esperanza frente al enemigo más implacable del ser humano: la muerte. Si aceptamos a Cristo como nuestro salvador, tendremos vida eterna. “Y el testimonio es este: que Dios nos ha dado vida eterna, y esa vida está en su Hijo. EI que tiene al Hijo, tiene la vida el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida” (1 Juan 5:11,12).

Lamentablemente, desde el principio, el enemigo de Dios intenta engañar a las personas, creando una respuesta alternativa al problema de la muerte. La misma astucia que empleó para engañar a Eva: “No morirán”, sigue siendo su gran estrategia para engañar a las personas hoy. La idea de la inmortalidad del alma esta difundida en todas las culturas. En occidente, la iglesia popular sostiene con énfasis el concepto de la existencia consciente después de la muerte. La intercesión de los santos y la doctrina del infierno son dos ejemplos claros de esta postura.

La “nueva espiritualidad”, que emplea elementos de las religiones orientales y los mezcla con otras creencias cristianas, generó un sincretismo religioso que tiene como abanderada la vida consciente después de la muerte. Hoy, prácticamente no hay película en Hollywood que no transmita esa idea. De esa forma, domina ampliamente el concepto de que no importa la forma en que nos comportemos, de igual manera tendremos la vida eterna. Elena de White dice: “EI único que prometió a Adán la vida en la desobediencia fue el gran impostor. Y la declaración de la serpiente a Eva en Edén -‘No moriréis’- fue el primer sermón que jamás se haya predicado sobre la inmortalidad del alma. Y sin embargo esa declaración, fundada únicamente en la autoridad de Satanás, resuena desde los púlpitos de la cristiandad y es recibida por la mayoria de la humanidad tan rápidamente como Io fue por nuestros primeros padres. A la divina sentencia: ‘EI alma que pecare, esa morirá’, se le da el siguiente sentido: ‘EI alma que pecare, esa no morirá, sino que vivirá eternamente’. No podemos menos que admirarnos ante la extraña infatuación que hace que los hombres sean tan crédulos con respecto a las palabras de Satanás y tan incrédulos en relación con las palabras de Dios” (Elena de White, El conflicto de los siglos, edición 2007, p.342).

Es igualmente engañosa la creencia del infierno con su sufrimiento eterno. Dios dijo que el pecado resulta en muerte. Eso no da lugar a la idea del tormento eterno. Sin embargo, Ia mayor parte de los cristianos aceptó esa creencia. Esa doctrina se destina a desfigurar el carácter de Dios. ¿Cómo puede un Dios de amor torturar por siglos sin fin a un pecador en las llamas del infierno?Un tirano así no debe ser amado, sino temido.

El espiritismo, que propaga la idea de la inmortalidad incondicional del alma, tiene el potencial de ser aún más siniestro. En sus diversas expresiones llegó a ser el movimiento más popular de todos los tiempos. Gracias a las supuestas revelaciones realizadas por los muertos, los crédulos se transforman en presas fáciles de toda suerte de nuevos engaños. “El espiritismo es la obra maestra del engaño. Es la decepción satánica más exitosa y fascinante. Está calculada para atraer la simpatia de aquellos que han dejado a sus amados en la tumba. Los ángeles malignos se aparecen en la apariencia de esos seres queridos, relatando incidentes conectados con sus vidas y realizando actos que estos realizaban mientras vivían. De esta manera hacen creer a las personas que sus amigos muertos son espíritus que pueden estar a su lado y comunicarse con ellos. A estos ángeles malignos que asumen la forma de seres queridos se los idolatra, y su palabra es considerada por muchos más importante que la palabra de Dios” (Elena de White, La verdad cerca de los Ángeles, pp. 266, 267).

EI espiritismo será la gran arma que Satanás utilizara en el tiempo del fin para hacer que las personas se pierdan: “Merced a los dos grandes errores, el de Ia inmortalidad del alma y el de la santidad del domingo, Satanás someterá a Ia gente bajo sus engaños” (Elena de White, El conflicto de los siglos, edición 2007, p. 375).

Nuestra doctrina que rechaza la inmortalidad del alma seguramente nos separa del resto de las denominaciones religiosas, y esa diferencia hace que llamemos la atención de las multitudes. Vemos a todas las creencias en el contexto del gran conflicto. Eso quiere decir que Dios es nuestro creador y que la desobediencia es la causa de todos nuestros sufrimientos. También proclamamos, que, como Dios es amor, aunque rechaza al pecado, manifiesta su gracia y misericordia para con el pecador. La realidad de un Salvador amoroso (que está cerca de volver y que, debido a su resurrección, llamará a sus hilos a una nueva vida en Cristo) es oportuna en medio de la inseguridad y el temor que predomina en el mundo hostil en el que vivimos.

Las enseñanzas de la Biblia
Las Sagradas Escrituras presentan, con mucha claridad, la muerte como un estado inconsciente de Ia persona que muere. El muerto no experimenta las delicias celestiales ni tampoco las agonías del infierno. Tampoco vuelve al mundo en otro cuerpo. Simplemente descansa en la sepultura (Sal. 115:17;  Apoc. 14:13). Este reposo no será eterno, como cree la mayoría de las personas. Por el contrario, llegará a su fin cuando el Creador llame a sus hijos que murieron para que vuelvan a la vida (Dan 12:2); sea en la resurrección de los justos, en ocasión de la segunda venida de Cristo, o cuando, después del milenio, los pecadores resuciten para el juicio final (Apoc. 20:4-6).

Solamente Dios posee inmortalidad. Únicamente la Deidad (el padre, el Hijo y el Espíritu Santo) posee vida de forma innata, original, propia, directa y eterna. Al referirse a Dios, ei apóstol Pablo exclamó: “AI único inmortal…” (1 Tim. 6:16).

Esa realidad contrasta fuertemente con Ia naturaleza humana. Diferente del Creador, nosotros somos mortales. Envejecemos y morimos. Eso quiere decir que actualmente no poseemos el don de la inmortalidad.

¿Es independiente el alma del cuerpo?
Muchos aseguran que tenemos una parte inmortal, llamada alma, que tiene la capacidad de existir separada del cuerpo. Sin embargo, ese concepto no está en armonía con Io que afirma Génesis 2:7, cuyo texto es fundamental para la comprensión de las enseñanzas bíblicas referentes a la naturaleza humana: “Y Dios el Señor formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz hálito de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente” (Gén. 2:7).

De acuerdo con esta afirmación del Creador, el alma corresponde a Io que Ia persona es cuando su cuerpo está dotado de aliento vital. Vale destacar que, al hacer referencia a los peces y a los animales, Ia Biblia también dice “seres vivientes” (Gén. 1:20, 24). En estos textos son empleadas las mismas palabras hebreas que describen tanto a los seres humanos como a las otras criaturas. La Biblia ni remotamente sugiere la idea de que la persona tiene un alma con la capacidad de vivir independientemente del cuerpo. Aquel que pierde el aliento vital, simplemente deja de ser diciéndolo de otra manera, ya no es más un alma.

Llegará el día cuando los redimidos recibirán el don de Ia inmortalidad. Sin embargo, ese momento todavía no llega. Con toda claridad, la Biblia anticipa Io que ocurrirá el dia de la segunda venida de Cristo: al sonar la trompeta de Dios, los muertos saldrán de sus tumbas, los justos serán revestidos de inmortalidad (1 Cor. 15:51-55). Eso acontecerá en ocasión de la segunda venida de Cristo, cuando él se manifieste en gloria y majestad (1 Tes. 4:13-18). Sin embargo, los que recibirán el don de la inmortalidad no serán almas que estarán desprovistas de un cuerpo. No. El apóstol Pablo lo afirma de la siguiente manera: “Porque lo corruptible tiene que revestirse de Io incorruptible, y Io mortal. de inmortalidad. Cuando Io corruptibie se revista de lo incorruptible, y Io mortal, de inmortalidad, entonces se cumplirá Io que está escrito: “La muerte ha sido devorada por la victoria · (1 Cor. 15:53-54).

Los impíos jamás recibirán el don de la inmortalidad. Por el contrano, en lugar de perdurar por toda la eternidad, como afirman muchos, el castigo que recibirán tendrá consecuencias eternas, después de haber sido consumidos por las llamas purificadoras al final del periodo de mil años (ver Apoc 20:9).

Al hacer referencia a Ia muerte, la Biblia la compara con el sueño (Sal. 13:3; Jer. 51:39, 57). Con respecto a los que murieron, frecuentemente el registro bíblico dice que están durmiendo (1 Rey. 2:10; Dan. 12:2). Jesús tenía predilección por esta figura para referirse a la muerte (ver Mat. 9:24; Juan 11:11-14). Cuando una persona está dormida no tiene idea de Io que sucede a su alrededor. Ninguna parte suya puede desprenderse y disfrutar de cierta forma de existencia separada del cuerpo. Aunque los que están durmiendo desconozcan todo Io que sucede a su alrededo ni tengan conciencia del tiempo que transcurrió desde que murieron, llegará el momento en el que despertarán a la vida. De esta forma, la metáfora del sueño es muy apropiada para que podamos comprender el tema de la muerte.

Actualmente, los que están durmiendo en los sepulcros no saben ni sienten nada. Sin embargo, cuando el reloj celestial suene, al toque de la trompeta de Dios, semejante a una alarma, los que están bajo el efecto del sueño de la muerte serán despertados.

Anticipo de la resurrección
En los evangelios está registrada una historia que presenta con mucha claridad la verdad de la reacción de Jesús frente al drama de la muerte, y de sus planes para con sus hijos fieles que están descansando en el polvo de la tierra. Se encuentra en el capítulo 11 de Juan. Una repentina tristeza invadió el hogar de Marta y Maria. Su hermano Lázaro se habia enfermado. Muy preocupadas, enviaron mensajeros a Jesús, pidiéndole que viniese inmediatamente. Pero el Maestro demoró varios dias para llegar, y Lázaro terminó muriendo y fue sepultado. ¡Cuánto Io extrañaban! Hasta tarde en aquella noche las hermanas estuvieron recordando historias interesantes y otras situaciones agradables que habían compartido con su querido hermano mientras estaba vIvo. Sin embargo, los buenos recuerdos no eran suficientes para sustituir la presencia y la agradable compañia del hermano que tanto amaban. EI dolor causado por la separación hizo que lloraran muchísimo.

Estaban pasando por esa tristeza cuando les informaron que Jesús habia llegado. Surgió, entonces, en el corazón de ellas, un rayo de esperanza. Finalmente su querido Maestro había llegado Maria y Marta no tenían la menor idea de Io que Cristo haría en aquella circunstancia, pero su presencia les dio tranquilidad y esperanza. La verdad es que Jesús nunca abandona a quienes son afligidos por la pérdida de un ser querido. El sabe muy bien Io que es, pues su amigo Lázaro fue llevado por la muerte.

Después de haber estado con María y Marta, Jesús fue conducido hasta Ia tumba donde Lázaro descansaba. AI llegar al sepulcro las personas quedaron sorprendidas por el gesto humano de Cristo, cuya reacción fue registrada en uno de los versículos más cortos de la Biblia: “Jesús lloró” (Juan 11:35). Efectivamente, él lloró. Grandes lágrimas rodaron por sus mejillas. Sentía la pérdida de un gran amigo y se conmovió con la angustia que sus amigos estaban sintiendo. En nuestros dias, el Salvador resucitado también se compadece en cada funeral. Su corazón queda quebrantado. Él sufre al vernos abatidos por las pérdidas y las aflicciones.

Felizmente, la historia de Lázaro no termina en el valle de las lágrimas. “¡Lázaro, sal fuera!” (Juan 11:43), proclamó Jesús, con voz potente, delante de la tumba de la que habían retirado la piedra que la mantenía cerrada. Del interior del sepulcro fue escuchada la voz de aquel que había estado muerto, pero que volvía a la existencia, sano y con vigor. ¡Qué reunión extraordinaria con los amigos y parientes! ¡Qué abrazos prolongados y apretados! ¡Cuántas lágrimas de alegría! ¡Todos tenían dificultad para expresar tan grande alegría!

El relato no termina con la muerte de Lázaro, ni con la aflicción de la familia y la tristeza de los amigos. Del mismo modo, el último capítulo de la historia de cada hijo de Dios que descansa en Cristo tendrá un final feliz. Ese capítulo todavía está para ser escrito.

La voz que activó los oídos de Lázaro pronto será escuchada nuevamente con Ia misma orden “¡vengan fuera!”. En ese instante, los hijos de Dios que estén reposando, volverán a la vida como resultado de ese llamado. Lo que ocurrió junto a la tumba de Lázaro es una sinopsis, una anticipación en pequeña escala, de Io que acontecerá en el ámbito universal cuando Jesús vuelva y, al sonar la trompeta, ordene: “¡vengan fuera!”. Las sepulturas se abrirán, y los fieles que duermen en el Señor se levantarán. Entonces también habrá abrazos y lágrimas, al reencontrarnos con aquellos que fueron arrebatados por el poder de la muerte.

Hoy tú te enfrentas con dos decisiones posibles: la primera es entregar tu corazón a  Aquel que levantará de entre los muertos a todos sus hijos y vivir con esa esperanza en tu horizonte. La segunda, es quedar sin Dios y sin esperanza en el mundo, teniendo a la muerte como el final de todo.

Sí, ¡Dios tiene la solución para el problema de la muerte! Las personas pueden descubrir cómo relacionarse con Aquel que es el camino, Ia verdad y Ia vida.

Para reflexionar
Jesús presenta diariamente su sacrificio como argumento irrefutable para lanzar sobre Satanás los pecados que tú cometiste, pero que fueron perdonados. ¿Cómo puede ayudarte a ser un cristiano auténtico hoy el hecho de saber que, en el juicio previo al advenimiento, Jesucristo es tu abogado y que ya tiene tu causa ganada? Piensa y ora sobre esto durante las próximas 24 horas.

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