ALGO POR NADA- ESTUDIO DEL 8° MANDAMIENTO

NoRobaras

¿Quién es el que roba? La presentación tramposa de la calidad, el plagio y el empleo de pesas y medidas falsas son todos actos de robo, tanto como los de un ladrón .  Los empleados roban cuando reciben un soborno a espaldas de sus superiores, o se apropian de lo que no entra explícitamente en un convenio, o descuidan hacer cualquier trabajo para el que se los ha contratado, o lo realizan descuidadamente, o dañan con su negligencia los bienes del propietario o los menoscaban, derrochándolos. Roban los empleadores cuando retienen de sus empleados los beneficios que les prometieron, o permiten que se atrase el pago de sus salarios, o los fuerzan a trabajar fuera de horario sin la debida remuneración, o los privan de cualquier otra consideración que razonablemente tienen derecho a esperar. Roban quienes falsean sus declaraciones de impuestos, o quienes defraudan a los mercaderes incurriendo en deudas que nunca pueden ser cubiertas.. Con la excepción de los que están imbuidos por el espíritu de honradez, de los que aman la justicia, la equidad y el recto proceder, de los que tienen como la ley de su vida el tratar a otros como les gustaría que otros los trataran a ellos, en una manera u otra todos los demás defraudan a su “prójimo”. Podemos robar a otros en formas más sutiles: quitándoles su fe en Dios mediante la duda y la crítica; mediante el efecto destructor de un mal ejemplo, cuando ellos esperaban de nosotros una conducta muy diferente; confundiéndolos o dejándolos perplejos mediante declaraciones que no están preparados para entender; con chismes calumniosos y perniciosos que pueden despojarlos de su buen nombre y carácter. Cualquiera que retiene de otro lo que en justicia le pertenece, o se apodera de lo ajeno para su propio uso, está robando. El aceptar como propios el reconocimiento por el trabajo o las ideas de otros; el usar lo ajeno sin permiso, o el aprovecharse de otro en cualquier forma, todo eso también es robar.

¿Cuál es la primera regla bíblica contra el robo?

Génesis 3:19 Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra de donde fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.

Debemos ganarnos lo que obtenemos; adquirirlo, cambiando valor por valor. La Reforma del siglo XVI fue un poderoso movimiento religioso y teológico, que tuvo resultados sumamente importantes en la sociedad. Los cambios que produjo tocaron cada aspecto de la vida humana y beneficiaron aun a la gente que la combatió. El lugar que ofreció la más clara demostración de estos beneficios fue Ginebra (Suiza) bajo la administración de Juan Calvino. Había pobres en Ginebra, porque a medida que ardían las hogueras de la Inquisición, la ciudad empezó a llenarse de refugiados, y la mayoría de ellos no traían consigo más que la ropa que traían puesta. La ciudad fue dividida en sectores y en cada uno se asignaron diáconos con la responsabilidad de informarse y atender las necesidades de los pobres. Además, a estas personas se les ofrecían préstamos sin intereses y educación gratuita para sus hijos. La pobreza no era condenada, la ociosidad sí. Calvino solía citar el salmo 128:2 “ Cuando comas del trabajo de tus manos, dichoso serás y te irá bien”. Y Proverbios 10:4 “La mano de los diligentes enriquece”. A medida que estos principios bíblicos eran aplicados bajo la administración de Calvino, los resultados pronto se dejaron ver. Ginebra fue la ciudad más próspera de Europa. Era también la más limpia y saludable, porque el municipio obligaba a los dueños de cada casa y negocio a barrer y lavar la calle frente a su propiedad. No es extraña, pues, que en este ambiente, el robo y el crimen desaparecieran casi por completo. Dios diseñó que el trabajo y la productividad fuesen una bendición y que añadieran años a la vida, salud al cuerpo y paz a la mente.

 ¿Qué otra clase de robo es condenado en la Biblia?

Malaquías 3:8  ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me estáis robando. Y preguntáis: ¿En qué te hemos robado? En los diezmos y las ofrendas.

Tomas Jefferson dijo: “El peor día en la vida de un hombre es el día cuando se sienta y planifica cómo puede obtener algo por nada”. Es esta, esencialmente, la razón de la advertencia que viene en el octavo mandamiento: “No robarás”. La gente que roba transita por el camino de destrucción, y realiza una transacción terrible. Están canjeando su integridad, sus valores, su valía y estima propia, y ¿qué es lo que reciben a cambio? 1.- La deshonestidad destruye el sentido de satisfacción personal y autoestima. Es posible ocultar un acto deshonesto de los demás, pero jamás de nosotros mismos. En el robo, hemos perdido el sano gozo y el sentimiento de valía propia que son el premio de un logro personal. 2.- El síndrome de “algo por nada”, tiene un efecto degradante sobre el carácter. Fácilmente se convierte en una conducta adictiva que desemboca en serios problemas de salud mental. 3.- La mentalidad de “algo por nada”, daña nuestra relación con otras personas. Si yo estoy consiguiendo un beneficio sin pagarlo, estoy perjudicando a la persona que tuvo que pagar, y eso me convierte inevitablemente en su enemigo. Además, hay una tendencia natural a deshumanizar y degradar a la víctima en nuestra mente a fin de convencernos de que realmente merece lo que le estamos haciendo. El síndrome de “algo por nada”, convierte a las demás personas en objetos a los que podemos manipular para nuestro provecho personal. Esta verdad puede disimularse bajo una o más capas de cultura y cortesía, pero a última hora, nuestro lema será: Primero Yo.  Esto es el egoísmo que causa una serie degradante de pecados.

 ¿Cómo fue reprendido el robo en la iglesia en los tiempos de los apóstoles?

Hechos 5:1-5 Un hombre llamado Ananías, con Safira su esposa, vendió una posesión, y sabiéndolo también su esposa, se quedó con una parte del dinero. Trajo el resto, y lo puso a los pies de los apóstoles. Pedro le dijo: Ananías, ¿por qué Satanás ha llenado tu corazón para inducirte a mentir al Espíritu Santo, y a quedarte con parte del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no quedaba para ti? Y vendida, ¿no estaba en tu potestad? ¿Por qué pusiste eso en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Cuando Ananías oyó estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.

El antónimo de robar es dar, compartir con los demás. Es extender la mano desinteresadamente a otras personas sin esperar nada a cambio. El robo no es la única forma de expresar el egoísmo, pero es uno de los más crudos y despiadados. Jesús contó la historia acerca del buen Samaritano: un día un viajero fue asaltado por ladrones que lo despojaron de todo. Inclusive, creyeron que le habían quitado la vida cuando lo dejaron tirado como basura a un lado del camino ( Lucas 10:30-36) Lo que hizo el Samaritano fue todo lo contrario. Donde los ladrones habían quitado, éste dio. No le importó exponerse a correr la misma suerte. Y no se detuvo para pensar qué hubiera hecho este judío si las circunstancias hubieran sido a la inversa, ni mucho menos preguntó si el herido algún día llegaría a compensarlo por sus esfuerzos. Una sola cosa lo motivaba: la compasión, el amor. Porque amó ,dio. El amor no sólo es lo opuesto del egoísmo; es su remedio. El amor no siempre cura el egoísmo de la persona que lo recibe, pero sin falta sana  a la persona que ama. Sin el componente del amor, el componente del sudor ( es decir, el sostén propio y el pagar por lo que se adquiere) no es realmente un remedio completo para el síndrome de algo por nada. Hasta nos puede llevar a compararnos con los demás y a sentir orgullo y avaricia. Al esfuerzo personal y a la integridad hay que añadir compasión, amor desinteresado que da de sí mismo para servir a los demás. Como dice el apóstol Pablo: que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad. (Efesios 4:28)

El 8°mandamiento, nos ha sido dado contra el robo. Tal vez nos sorprenda, pero este mandamiento está hecho no solo para proteger a la víctima sino también al ladrón. Lo explicaré con este ejemplo: Alexander creció en un hogar disfuncional con una madre soltera, sin padre. Este muchacho se rodeó de una serie de malas amistades. A los 17 años, Alexander vio una camioneta estacionada frente a una cafetería y , sin pensarlo dos veces, se metió en ella y  arrancó. A los pocos minutos de estar conduciendo el auto robado, pensó: ¿Qué es lo que he hecho?. Mas de una vez pensó en detener el vehículo, bajarse y salir corriendo, pero seguía conduciendo. Con cada minuto que pasaba la conciencia de la gravedad de lo que había hecho se hacía menor y, mientras más conducía, menos culpable se sentía. Cuenta que dos horas más tarde ya no sentía que había hecho algo malo; por el contrario, ¡comenzó a pensar que la camioneta era suya!… Este es un vívido ejemplo de lo que nos sucede cuando cometemos cualquier clase de pecado, en especial uno tan patente como es el robo. Después de todo, muchos piensan, ¿quién necesita un mandamiento para saber que robar es malo? Es algo que está escrito en las paredes de nuestra conciencia. Si vamos a robar, tendremos que violar nuestra conciencia para hacerlo. Sin embargo, cada vez que lo hacemos, se va haciendo más fácil, como si los límites de nuestra conciencia se fueran difuminando poco a poco.

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