MAS QUE LA VIDA- Noveno mandamiento

NovenoMandamiento

Éxodo 20:16 y dice:“No dirás contra tu prójimo falso testimonio” Este mandamiento puede ser transgredido de una manera pública mediante un testimonio mentiroso dado ante un tribunal. La deslealtad o la traición siempre ha sido considerada como un delito grave contra la sociedad, y severamente castigado.

En la antigüedad, específicamente en Atenas, un testigo falso sufría una fuerte multa. Si se le comprobaba tres veces esa falta, perdía sus derechos civiles. En Roma, una ley llamada de las Doce Tablas condenaba a la falsedad de la siguiente manera: el culpable debía ser arrojado cabeza abajo desde la roca Tarpeya. En Egipto, el castigo era la amputación de la nariz y las orejas. Pero en la Biblia en el 9 mandamiento  frecuentemente es desobedecido cuando  hablamos mal de otro, con lo que su reputación es manchada, sus motivos son tergiversados y su nombre es denigrado.

Son demasiados los que hayan que es insípido e insustancial alabar a sus prójimos o hablar bien de ellos. Encuentran una emoción maligna en hacer resaltar los defectos de conducta de otros, en juzgar sus motivos y criticar sus esfuerzos. Ya que por desgracia muchos siempre están listos y ávidos para escuchar esta supuesta sabiduría, se aumenta la emoción y se exalta el yo egoísta y pecaminoso del detractor. Este mandamiento también puede ser quebrantado por los que se quedan en silencio cuando oyen que un inocente es calumniado injustamente. Puede ser quebrantado por un encogimiento de hombros o un arquear de las cejas. Cualquiera que desfigura, de cualquier manera, la verdad exacta para obtener una ventaja personal o por cualquier otro propósito, es culpable de dar “falso testimonio”. La supresión de la verdad que podría perjudicarnos o perjudicar a otros, también significa dar “falso testimonio”.

¿Qué tipo de sanción hace Dios en cuanto a la gente que transgreda o desobedezca el 9º mandamiento?

Apocalipsis 21:8 Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

En el año de 1933. Estados Unidos estaba en medio de la Segunda Guerra Mundial: se dividía entre una batalla contra los japoneses. El presidente  de Estados Unidos era Franklin Roosevelt, y como comandante en jefe de los militares norteamericanos, tenía que estar al frente de la situación. Roosevelt y su equipo utilizaron todos los medios a su disposición para que el pueblo estadounidense supiera que él estaba en plena forma física y mental y que era capaz de manejar de la mejor manera las inmensas responsabilidades que tenía ante sí. Cuando los periodistas le preguntaban al staff acerca de la salud del presidente, todos comenzaron a mentir, sus doctores mentían, su gabinete mentía, él mismo mentía, porque la realidad es que el presidente estaba muriendo. Un día Roosevelt se puso un traje gris oscuro y una corbata roja para posar para un retrato al óleo. Mientras el artista pintaba, el presidente encendió un cigarro, se llevó las manos a la cabeza y pronunció sus últimas palabras:! Tengo un dolor de cabeza terrible! Acto seguido se desmayó, y dos horas después moría de un infarto cerebral… Muchos dijeron, está bien que todos hayan mentido, pues estábamos en tiempo de guerra.

De  hecho el mismo honorable Winston Churchill, el primer ministro inglés dijo: “En tiempo de guerra, la verdad es tan preciosa que debe ser protegida por una férrea guardia de mentiras”. Pareciera ser que la cuestión de la mentira puede resultar bastante compleja. Pero los principios de la Biblia son categóricos al insistirnos en que debemos de alejarnos de cualquier conducta que sea ajena a la verdad. Si practicamos la mentira, o si desobedecemos el 9º mandamiento, tendrá como en el caso de la desobediencia de cada uno de los mandamientos, un funesto resultado. “Un mal rasgo de carácter, el albergar un deseo pecaminoso, neutralizará con el tiempo todo el poder del Evangelio. . . Los dolores del deber y los placeres del pecado son las cuerdas con las cuales Satanás enlaza a los hombres en sus trampas. Los que estén dispuestos a morir antes que cometer un acto malo, serán los únicos a quienes se considerará fieles”.

Jesús,  ¿A quién atribuyó el origen de la mentira?

Juan 8:44 El padre de ustedes es el diablo; ustedes le pertenecen, y tratan de hacer lo que él quiere. El diablo ha sido asesino desde el principio. No se mantiene en la verdad, y nunca dice la verdad. Cuando dice mentiras, habla como lo que es; porque es mentiroso y es el padre de la mentira

De todos los mandamientos el 9° Mandamiento , es el primero que está relacionado de manera directa con lo que decimos. Todos los demás tienen que ver con lo que hacemos, con la actitud que tenemos hacia Dios y hacia los demás seres humanos. Pero este mandamiento lleva la moralidad a otro nivel. Hay una historia en el Talmud- el antiguo y más respetado comentario judío de las Escrituras- en la que un rey solía entretenerse con dos graciosos bufones. Un día en que el rey amaneció filosófico, le dijo a uno de los bufones:- Simón, sal y tráeme la mejor cosa que hay en el mundo. Después le dijo al otro bufón: – Juan, sal y tráeme la peor cosa que haya en el mundo. Y los dos partieron. Cuando regresaron, se presentaron delante del rey con un pequeño paquete cada uno. Simón abrió el suyo y le reveló al rey lo que él consideraba era la mejor cosa del mundo: ¡Una lengua! Riéndose, Juan dio un paso al frente y abrió el paquete, donde había traído la peor cosa que había encontrado en el mundo: ¡También una lengua!

 La lección es importante: el don del habla es uno de los regalos más extraordinarios que Dios nos ha dado, pero también puede ser uno de los peor utilizados y que tiene potencial de hacer un daño tremendo. Una de las maneras más comunes en que abusamos del don del habla es por medio de la mentira. En las cortes medievales inglesas tenían algunas formas de detectar la mentira basándose en la noción nada científica de quien dice la verdad siempre estará protegido por Dios. Si se sospechaba que alguien estaba mintiendo, se le pedía que tomara una barra de hierro al rojo vivo y que diera nueve pasos con ella. Si el sospechoso se quemaba, significaba que estaba mintiendo y era ahorcado. En algunos casos, al acusado de mentir se le metía en un saco y se le echaba a un pozo. Si la víctima se hundía, significaba que era inocente, a pesar de que la mayoría de las veces terminaba ahogada. Si por el contrario flotaba, significaba que estaba mintiendo y era sacada del saco y ahorcada. A nadie le gusta que le mientan. Nos hace sentir como unos tontos, ultrajados, engañados, burlados.

¿Cuál fue la petición muy especial que hizo el salmista?

Salmo 120:2-3 Libra mi alma, oh Jehová, del labio mentiroso, y de la lengua fraudulenta. ¿Qué te dará, o qué te aprovechará, Oh lengua engañosa?

Hace unos siglos se descubrió en un pueblo de la India que un ladrón merodeaba por la noche, y por ello un sabio ingenió un plan para capturarlo. Colocó un asno en una tienda oscura y les dijo a todos que el asno tenía poderes sobrenaturales. Si el culpable tiraba de la cola del asno, este comenzaría a cantar. Todos los habitantes del pueblo tenían que acercarse a la tienda y tirar de la cola. La idea era que tarde o temprano el asno cantara y descubriera al ladrón. Así que todos comenzaron a alinearse, y uno por uno tiraron de la cola hasta que pasó la última persona. Pero el asno nunca cantó. Sin embargo, pudieron atrapar al ladrón. ¿Cómo? El sabio había impregnado la cola del asno con el hollín de una lámpara, y al final de la jornada, solo una persona tenía las manos limpias de hollín: es decir el culpable, el ladrón…

De acuerdo al 9° Mandamiento, el mejor curso de acción es ser sinceros. Dios nos dio este mandamiento  sólo para proteger a los ejecutores y a las víctimas   de las mentiras, y la deshonestidad. Por lo tanto sigamos el consejo bíblico que dice: El que dice: Yo le conozco y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.” (1 Juan 2: 4, 5).

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