Golpes al alma: el drama de la violencia psicológica

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Por Miguel Ángel Núñez

El problema de la agresión psicológica radica en sus efectos negativos a largo plazo. *

Cristina es una mujer bella. Sin embargo, parece mayor a los ventiocho años que tiene. Cuando salió de la universidad fue a trabajar a una ciudad lejos de su casa. Allí conoció a quién llegó a ser su esposo. Quienes la conocen se dan cuenta de que algo comenzó a cambiar en ella desde el día en que empezó a salir con él. Hoy es una pálida figura de lo que fue en algún momento. Su viveza natural ha dado paso a una sensación de nostalgia. El día en que hablamos, me dijo:

– Estoy en una cárcel y no sé como salir.

Luego me contó que su esposo nunca la ha golpeado y siempre le ha dado todo lo que necesita, pero desde un comienzo empezó a alejarla de su familia. No le permitió trabajar y menos particiapar en actividades en las que él no estuviera.

-Para él soy su esposa, pero eso significa que él es mi dueño. Cuanto estoy con él, no sé quién soy. Me maltrata verbalmente, me humilla frente a mis hijos y continuamente me dice que soy torpe, que no sé hacer nada y que sin él yo me moriría de hambre. El problema es que he empezado a creer que tiene razón.

Otros ejemplos de violencia

José es un hombre simpático, de esos que aprecian sus amigos y es confiable. Sin embargo, esconde un tormento que no se atreve a contar. Su esposa, que en muchos aspectos ha logrado más éxitos laborales que él, no lo aprecia. Lo hace sentir de una y mil maneras, que es un perdedor y nunca logrará progresar. Cuando conversé por primera vez con José, me dijo:

-Hubo yn tiempo en que ella me admiraba.

-¿Qué pasó? -Le pregunté, intrigado.

-No sé, supongo que se cansó.

Me miró con una mirada de esas que dicen que no hay explicación.

Andrea y Alejandro son hermanos. Normalmente guardan silencio. En el colegio tienen a aislarse, no permiten que otras personas se le acerquen para entablar algún tipo de conversación. Los profesores los han catalogado como “autistas”, una expresión peyorativa que utilizan para referirse a alumnos que no tienen relaciones y que prefieren apartarse.

La primera conversación con Adnrea no fue fácil. Todo el tiempo estuvo a la defensiva. Pero traté una y otra vez de hacerle entender que estaba allí para ayudarla. Un día, irrumpió en mi oficina, se sentó frente a mi y sin mirarme, dijo:

-¿Se puede alguien divorciar de sus padres?

-¿Qué ocurre? -pregunté.

Me contó que su hogar era un infierno. No había golpes o violencia, pero nunca había algo que ella o su hermnao hicieran que dejara contentos a sus padres. Especialemente su padre, los maltrataba psicológicamente poniéndoles epítetos y diciendo que nunca podrían triunfar porque habían nacido para ser unos fracasados.

Tres realidades, una mujer, un varón y dos preadolescentes. Sin embargo, el motivo de su tristeza es el mismo: violencia emocional y psicológica. Es más fácil constatar una lesión física que una agresión psicológica. Lo primero es visible, sin embargo, lo segundo suele ser más complejo.

Violencia piscológica doméstica

El mayor problema de la violencia familiar es que da en contextos en que las personas son más vulnerables y, por lo tanto, el daño es mayor. Violencia psicológica doméstica es cuando la agresión es verbal o emocional, se ejerce en un contexto familiar, donde existen lazos consanguíneos o de amistad y alguien con cierto poder, subjetivo o real, manipula, abusa o maltrata a otra persona.

Lo conflictivo del asunto es que las personas abusadas emocinalmente, en general, no denuncian el hecho o no saben que hacer frente a dicha situación. No lo denuncian porque se encuentran en el conflicto de que hablar del asunto, es poner en evidencia a alguien que es cercano afectivamente. O porque, en muchos casos, no saben que lo que viven es un delito y que, a la larga, va a provocar efectos duraderos en la mente del individuo.

Diferentes tipos de abuso emocional

Bulling: Es la violencia de los pares, que se produce en ambientes escolares y laborales y tiene como objetivos principales la burla y el desprecio, en general de una o varias personas que son distintas al resto. En muchos casos se llega a la violencia física.

Mobbing: Es la violencia ejercida en el contexto de ambientes laborales, cuando un empleador abusa psicológicamente de uno o varios subordinados. En este caso, la figura se produce porque una persona tiene el poder y lo ejerce con arbitrariedad, maltratando emocionalmente a las personas a quienes les paga salario.

Espiritual: Se da especialmente en un contexto religioso, en que personas con cierto poder religioso, padres, docentes, maltratan psicológicamente a otras personas mediante conceptos religiosos de descalificación, humillación o descrédito.

Familiar: Es violencia piscológica ejercida en contextos domésticos, donde existen lazos consanguíneos o de cercanía de amistad y donse se producen agresiones verbales.

La violencia psicológica se da cuando la agresión es verbal o emocional.

¿Qué ejemplos se pueden dar de abuso psicológico?

Para responder a esta pregunta, lo primero que tiene que entenderse es que el abuso se da precisamente cuando alguien tiene una posición de poder sobre otro ser humano. Tal poder es real o imaginario, pero existe. Además, el abuso psicológico no es un problema de género, edades o grupos sociales. Se da entre varones y mujeres, niños y adultos, pobres y ricos. Es un estereotipo que las personas educadas no abusan emocionalmente, o que los niños no manupulan psicológicamente a algunos adultos vulnerables; por ejemplo a ancianos.

Ejemplos de abuso piscológico

Manipulación: Cuando se convence a alguien de que otra persona no le amará si no accede a actuar de un modo en particular, o que se revelará a otros un secreto si no se accede a actuar de un determinado modo.

Insultos: Cuando se utilizan palabras para rebajar, denigrar o maltratar la dignidad de otra persona. No necesariamente tienen que ser malas palabras; tambien se puede insultar sutilmente con palabras que en una relación pueden construir un código personal.

Silencio: Una forma muy sutil de agresión psicológica. No hay agresión física o verbal pero ignora a la otra persona. No le habla ni le dirige la palabra. En algunos casos, especialmente entre parejas con hijos, se utiliza a los niños como mensajeros.

Humillación: Muy ligada al insulto, es desmerecimiento de otro individuo, convenciéndolo constantemente de que no es capaz de hacer algo o no creer en sus capacidades.

Descrédito: Poner a otra persona mal ante sus amigos o sus familiares que no viven en casa. Hacer sentir que él o ella no tiene valor o inventar situaciones para crear una mala imágen de dicha persona.

Burlas: Una forma muy común de agresión solapada. Se dicen chistes o expresiones que humillan. Generalmente, las bromas tienen como fin reirse de algo que evidentemente hace que el afectado se sienta mal.

Acoso: Agresión psicológica asociada a conductas obsesivas. Hace que su víctima, en el entorno familiar, tenga que estar al pendiente de él o ella y utiliza esta situación para manipular, abusar o denigrar.

Consecuencias dolorosas

El problema de la agresión psicológica consiste en los efectos a largo plazo. Cuando es persistente, puede terminar por destruir el equilibrio emocional, mental y psicológico de una persona, al grado de tener que recibir tratamiento psiquiátrico. Es como una gota que cae sobre una roca. Al caer siempre sobre el mismo lugar, tarde o temprano deteriora la superficie más dura.

No es lo mismo dialogar que insultar, hablar que manipular.

Lo mismo sucede en la estructura psicológica de las personas. Un insulto dicho en una situación única puede tener el efecto de causar dolor por un momento; es posible solucionar la situación al pedir perdón y con la reconciliación. El problema se da cuando la agresión es reiterada. Socava constantemente la estabilidad emocional de las personas.

¿Qué hacer?

La violencia psicológica doméstica no es un problema fácil de solucionar. Siempre han existido incidentes de agresiones verbales o emocionales al interior de muchos hogares y relaciones familiares. El asunto es que hoy, hay mucha más conciencia de que se está frente a una situación que no debe ser tolerada bajo ningún punto de vista.

Agredir a una persona, de cualquier forma, física, psicológica o sexualmente, es un delito. Cada vez más individuos toman conciencia de esta realidad. El primer paso para enfrentar este problema social es empezar a hablarlo para concientizar a la mayor cantidad posible de personas. Hay que enfatizar que no es lo mismo dialogar que insultar, hablar que manipular. Hay una frontera sutil entre la franqueza y la asertividad. Muchos confunden franqueza con torpeza y no es lo mismo. Una persona asertiva dice lo que siente y piensa, pero nunca mediante alguna humillación o agresión.

*Los nombres referidos son ficticios.

Nota: Este material fué tomado de la revista Enfoque, año 30 No. 3, Marzo de 2015.

 

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