Así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque por un Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, esclavos o libres. Y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. 1 Corintios 12:12-13
Para muchas personas la presencia del Espíritu Santo en sus vidas, o el bautismo del Espíritu Santo solo se puede identificar como una obra de poder sobrenatural: hablar en lenguas, profetizar, obrar milagros etc…¿Cuál es la verdad? ¿Qué nos dice la Biblia? Vayamos al estudio de los pocos ejemplos registrados en el Nuevo Testamento que nos dicen acerca de personas que fueron bautizadas por el Espíritu Santo, la mayoría está en el libro de los Hechos. Los discípulos en el día del Pentecostés, según lo que dice Hechos 2:4 “ fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”.
Otro ejemplo lo encontramos en Hechos 4:31
“Y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios”.
Y el siguiente caso narra la historia de la conversión de los samaritanos. Felipe rompe el protocolo, y comparte a Jesús con personas que consideraba que habían ido demasiado lejos para ser salvas. Pero para entender mejor la acción del Espíritu Santo, ¿qué paso en aquella ocasión cuando los samaritanos fueron tocados por la acción del Espíritu Santo?
Entonces Felipe descendió a la ciudad de Samaria, y predicaba a Cristo. La gente escuchaba unánime atentamente lo que decía Felipe, porque oían y veían las señales que hacía. Porque los espíritus impuros salían de muchos, dando grandes voces, y muchos paralíticos y lisiados eran sanados. Así, había gran alegría en aquella ciudad.Hechos 8:5-8
El capítulo del Nuevo Testamento que posee la mayor cantidad de referencias al Espíritu Santo es Romanos 8. Vale la pena leer el capítulo entero cuidadosamente. Dice. “Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”(vs 9) Bastante claro, ¿verdad? Si el Espíritu no está en nosotros, no pertenecemos a Jesús. En otras palabras, si no hemos aceptado a Jesús, el Espíritu no habita en nosotros.
Andrew Murray lo expresa de este modo: “ Dos cosas diferentes no pueden de una vez y al mismo tiempo ocupar el mismo lugar. Tu propia vida y la vida de Dios no pueden llenar el corazón al mismo tiempo. Tu vida entorpece la entrada a la vida de Dios. Cuando tu vida es expulsada, la vida de Dios lo llenará todo. Mi vida debe ser expulsada; entonces, el Espíritu Santo entrará a raudales”. ¿Por qué es importante esto? Porque esperar una fuerza sobrenatural del Espíritu en algún momento de la vida cristiana es una idea atractiva y romántica… pero carente de verdad. Hace que la gente trate de encontrar cierta experiencia o sentimiento, que puede llegar o no. Y eso es peligroso. El cristiano es cristiano porque decide confiar en la Palabra de Dios y cree lo que el Espíritu aseguró que Cristo ha obrado y obrará por nosotros. Los cristianos viven por fe, no por lo que ven. Nosotros no necesitamos esperar pruebas de que Dios en efecto cumplirá lo que prometió. Vivir la vida cristiana es un asunto de fe, no de vista; por consiguiente, el bautismo del Espíritu Santo debe ser aceptado por fe. El bautismo del Espíritu solo puede ser real mientras haya un derramamiento recurrente del Espíritu: una y otra vez. El problema es que tendemos a ser recipientes “agrietados”, y los recipientes agrietados, para mantenerse llenos, deben ser llenados vez tras vez. ¿Cuál es el deseo de Dios al darnos su Espíritu?
El Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz, al confiar en él, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo. Romanos 15:13
El 23 de septiembre de 1857, en una iglesia de la calle Fulton, en el centro de la ciudad de NY, Jeremíah Lanphier había sido contratado como misionero para llegar a los empresarios de la ciudad. Al no saber exactamente cómo hacerlo, imprimió volantes que anunciaban reuniones de oración al mediodía, con el título: ¿Con qué frecuencia debiera orar? El primer día se le unieron 6 hombres. En un mes, asistían cien personas. Seis meses después, ¡cincuenta mil personas se reunían todos los días al mediodía, para orar en las iglesias de todo NY y en otras ciudades. Las fábricas comenzaron a hacer sonar el silbato a las 11:55 am, a fin de permitir que los obreros corrieran hasta la iglesia más cercana para orar; y luego el silbato volvía a sonar a la 1:05 p.m Para febrero de 1858 las conversiones, en NY solamente ¡ascendieron a diez mil por semana!. En momentos históricos, Dios despierta al mundo con el objeto de que reciban el mensaje de verdad contenido en la Santa Biblia. Te puedes hacer las siguientes preguntas: ¿Crees que Dios no actúa en el presente? ¿Por qué no pedimos la presencia diaria del Espíritu Santo en nuestras vidas? ¿Cuánto más dormiremos en la luz, mientras el mundo duerme en la oscuridad? La influencia del Espíritu Santo es la vida de Cristo en el alma. No vemos a Cristo ni le hablamos, pero su Espíritu Santo está tan cerca de nosotros en un lugar como en otro. Obra dentro y por medio de todo el que recibe a Cristo. Aquellos que conocen la morada interna del Espíritu, revelan el fruto del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe. Y esa es la clase de testimonio que el mundo no convertido necesita ver. ¿Qué seguridad tenemos al poner nuestra vida diariamente en las manos de Dios?
Juan 10:27-29 Mis ovejas oyen mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna, y jamás perecerán, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos. Nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.
Alguna vez te preguntaste por qué suceden cosas difíciles y hasta trágicas en tu vida. ¿Por qué el cáncer se lleva a un ser querido, o la bancarrota financiera aflige a la familia, o las amargas injusticias golpean a tu puerta? Dios no es el autor del dolor ni de la miseria, pero puede usar cualquiera de ellos, o a ambos, para que crezcamos como personas. Nuestro amante Salvador no se ha dado por vencido con nosotros, aunque lo inculpemos por los achaques y el sufrimiento que podamos estar experimentando. Mientras permanezcamos ligados a la Vid Verdadera ( a Jesucristo), él obrará en nosotros de modo que llevemos más fruto. Pero, ¿cómo nos guía a su objetivo supremo de llevar mucho fruto? – reflexionemos en la respuesta que tiene la fórmula para vivir una vida llena de significado, una vida que ha sido tocada por la presencia de Dios, una vida que tiene el bautismo o la presencia del Espíritu Santo- Juan 15:5,6 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos. El que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto. Porque separados de mí, nada podéis hacer. El que no permanece en mí, es como pámpano que se desecha y se seca… ¿Has llevado una vida “seca” llena de problemas que no parecen tener solución? O ¿Tienes una vida con problemas, pero que afianzados y ligados al Dador de la Vida, sabes que esos problemas los puedes sobrevellevar acompañado de la ayuda del Todopoderoso?
Un día el apóstol Pedro lleno del poder del Espíritu Santo dijo las siguientes palabras:
“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados”( Hech 2:38)
¿A qué bautismo se está refiriendo Pedro? Al bautismo de agua ( por inmersión) ya que el bautismo de agua en la Biblia es conocido como el bautismo de arrepentimiento. Pero Pedro no se detiene allí. Sigue diciendo:
“Y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare” ( Hech 2:38,39)
Por inspiración divina Pedro está expresando que para quienes se arrepienten y se bauticen en agua, ¡la recepción del don del Espíritu Santo es parte de la experiencia! En otras palabras, si no hemos aceptado a Jesús, el Espíritu Santo no habita en nosotros. El bautismo implica una iniciación en la vida cristiana, pero debemos de seguir día a día conectados a la Fuente de Vida. El hecho de que hayamos respirado una vez cuando salimos del vientre de nuestra madre no significa que ese era todo el aire que necesitábamos; solo supone que hemos comenzado. Si no seguimos respirando, morimos. Lo mismo pasa en la vida espiritual: Cada día debemos recibir el bautismo del Espíritu Santo.
El bautismo del Espíritu Santo nos es concedido al entregar nuestra vida a Cristo. Y él entra en nuestra vida cada vez que nos entregamos; no solo una, sino todas las veces que nos rendimos al amor de Cristo. Así que, instala en tu mente que esta es una obra de fe. Y cada vez que confías en tu Salvador, él vuelve a morar en ti una vez más. Necesitamos orar como nunca hemos orado por el bautismo del Espíritu Santo, porque, si hubo alguna vez un tiempo cuando necesitamos ese bautismo, es ahora. No hay nada que el Señor nos haya dicho más frecuentemente que nos concedería, ni nada por lo que su nombre sería más glorificado al dárnoslo, que el Espíritu Santo. Cuando participemos de este Espíritu, los hombres y las mujeres nacerán de nuevo… Las almas que una vez estuvieron perdidas, serán encontradas y traídas de regreso. No debemos sostenernos con nuestras propias manos. Debemos abandonar nuestro egoísmo y dejar nuestra vida en las manos de Dios… Nuestra falta de fe es la razón por la cual no hemos visto más del poder de Dios. Ejercitamos más fe en nuestras propias obras que en la obra de Dios por nosotros. La verdadera fe consiste en hacer precisamente las cosas que Dios ha ordenado, no las que no ha mandado. Los frutos de la fe son la justicia, la verdad y la misericordia. Necesitamos caminar a la luz de la ley de Dios; y entonces las buenas obras serán el fruto de nuestra fe, los resultados de un corazón renovado cada día.


