“Dios habló, y dio a conocer todos estos mandamientos: ‘Yo soy el Señor tu Dios. Yo te saqué de Egipto, del país donde eras esclavo’” (Éxo. 20:1,2).
Solamente un pueblo libre podría comprender y vivir los principios del Dios de la libertad. El conocimiento habitual y diario de Cristo genera poder para una vida de obediencia y libertad. La obediencia a los principios de la ley moral es Ia base sobre la cual el reino de Dios es manifestado en la vida del pecador. Por Io tanto, es extremadamente relevante conocer los principios que rigen la ley de Dios y los propósitos para los cuales fue dada.
Por la permanencia diaria en Cristo obtenemos poder para obedecer.
La gran pregunta que todos debemos hacernos al comienzo del día es: ¿Estoy lleno de Ia Palabra de Dios? ¿EI Señor está conmigo? ¿Siento su presencia? ¿Me siento amado por él? Ahora concéntrate y medita en estas palabras: ”Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos, y conocen la verdad, y la verdad los hará libres” (Juan 8:31,32).
La obediencia a los mandamientos de Dios será consecuencia natural de una relación íntima con Jesús: “El que obedece sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él. ¿Cómo sabemos que él permanece en nosotros? Por el Espíritu que nos dio” (1 Juan 3:24).
Cuando nos sometemos incondicionalmente a Aquel que es la verdad, él nos conduce a una experiencia victoriosa sobre el yo y las tentaciones. Además de la gracia, que nos lleva a odiar el pecado y de Ia misericordia, que implanta en nuestro corazón la visión de que somos amados por Dios, también opera por medio de sus mensajeros en nuestro favor: “Cuando ponemos nuestra confianza en Jesucristo, procediendo con obediencia para justicia, los ángeles de Dios obran en nuestro corazón para justicia” (Elena de White, Mensajes selectos, t. 1, 110).
La ley de Dios es una transcripción y una expresión de su voluntad y de su carácter. Es imposible que el pecador sea justificado y santificado si no está en armonía con el espíritu de Ia ley. O sea, no hay incompatibilidad entre el hombre espiritual y la ley espiritual. La palabra profética resume y describe esa ley de Ia libertad en sus diversos calificativos de Ia siguiente manera: “Es una revelación de la voluntad y del carácter de su Autor. Dios es amor, y su ley es amor. Sus dos grandes principios son el amor a Dios y amor al hombre. ‘El amor, es el cumplimiento de Ia ley’. El carácter de Dios es justicia y verdad tal es Ia naturaleza de su ley. Dice el salmista: ‘Tu ley es la verdad’; ‘todos tus mandamientos son justos’. Y el apóstol Pablo declara: ‘La ley es santa, y el mandamiento, santo, justo y bueno’. Semejante ley, expresión de la mente y la voluntad de Dios, debe ser tan duradera como su Autor” (Elena de White, El conflicto de los siglos, edición 2007, p. 301).
Cuando comenzamos nuestro día con Dios y continuamos con él todo el tiempo, los principios de Ia ley serán inherentes a nuestro ser (estarán en nuestro interior y moldearán nuestra forma de ser). ¿Cuáles son esos principios en cada mandamiento?
Vamos a recordar cada uno.
Principios del carácter de Dios expresados en Ia Ley Moral:
* Primer Mandamiento: adoración exclusiva al único y verdadero Dios.
* Segundo Mandamiento: prohibición de la idolatría en todas sus formas.
* Tercer Mandamiento: reverencia para con Dios y prohibición de jurar en falso en el nombre de la Deidad.
* Cuarto Mandamiento: reconocimiento y adoración del verdadero Dios, Creador de los cielos y de la tierra.
* Quinto Mandamiento: sumisión y respeto a los padres.
* Sexto Mandamiento: prohibición de cualquier atentado contra la vida, debido a su carácter sagrado.
* Séptimo Mandamiento: pureza y santidad en el matrimonio, por ser de naturaleza inviolable.
* Octavo Mandamiento: protección al derecho de la propiedad.
* Noveno Mandamiento: decir la verdad en toda y cualquier circunstancia.
* Décimo Mandamiento: prohibición de codiciar aquello que pertenece al otro.
Principios que ya existían
La palabra profética afirma que “Ia ley de Dios existía antes que el hombre fuera creado. Los ángeles eran gobernados por ella. Satanás cayó porque transgredió los principios del gobierno de Dios. Después que Adán y Eva fueron creados, Dios les hizo conocer su ley. Esta no estaba escrita entonces, pero les fue repetida por Jehová. [… ] Después del pecado y la caída de Adán, nada fue eliminado de la ley de Dios. Los principios de los Diez Mandamientos existían antes de la caída, y se ajustaban a Ia condición de un orden de seres santos” (Elena de White, Cristo en su santuario, p. 25).
Tomando en cuenta la realidad cultural de su pueblo recién salido de la esclavitud, estos principios fueron colocados dentro de ese contexto. “Son los principios de los Diez Mandamientos simplificados, y presentados en forma definida para que no pudieran caer en error’’ (Elena de White, La historia de Io redención, p. 152).
Por medio de su ley el Creador quería revelar. De forma clara, su voluntad para con su pueblo. Conocer y obedecer deberían ser la condición para el mantenimiento de una relación aceptable. De esa forma, los propósitos de Dios serían cumplidos a través de su pueblo y, así, podría ser una
bendición para todo el mundo.
Propósitos específicos
Los propósitos de Dios por medio de su ley eran amplios y tenían como objetivo proporcionarle a su pueblo una visión privilegiada de su plan para el mundo.
Entre los varios propósitos específicos de la ley moral, vamos a considerar los siguientes:
1. Revelo la voluntad de Dios para Io humanidad: La ley es una expresión del carácter, del amor
y de la bondad de Dios. Solo puede ser obedecida por intermedio del poder del Espíritu Santo en la vida del pecador.
2. Es la base del pacto de Dios: Es superior a todas las otras leyes enunciadas por Moisés.
3. Funciona como la norma del juicio: Es el patrón de justicia por medio del cual todo ser humano será juzgado.
4. Señala el pecado: Sin ella, el ser humano no podría conocer la santidad de Dios, ni Ia malignidad del pecado, ni la culpa ni el perdón, y el arrepentimiento.
5. Es un agente en Io conversión: Muestra la situación del pecador, y el Espíritu Santo actúa provocando Ia conversión y la restauración del alma. La ley apunta a Cristo, el único que puede librar al pecador de la maldición del pecado.
6. Provee verdadera libertad: El apóstol Juan dice que ”todo el que peca es esclavo del pecado” (Juan 8:34). En esta situación, el Espíritu Santo entra en acción y lleva Io que está muerto en delitos y pecados al gran Libertador, Cristo Jesús, y verdaderamente el pecador es liberado y pasa a ser libre para vivir con responsabilidad.
7. Domina el mal y trae bendiciones: La bendición sigue al que obedece por el poder que viene de la presencia de Cristo en Ia vida. La maldición sigue al que rechaza la compañía y el poder del divino Compañero, y sigue el camino de la desobediencia y de la rebelión. (Fragmentos del resumen de este tema fueron tomados del libro Creencias de los adventistas del séptimo día, pp. 266-269).
Mi hermano, mi hermana: Cada día decidimos a quién vamos a obedecer. Los que quieren obedecer a Dios por medio de su santa ley buscan el poder en Cristo por medio de la comunión en la primera hora de cada mañana.
Los que quieren seguir otro curso, le dan la espalda a Cristo y siguen el camino de los pecadores “comunes”. Estos momentos de conocimiento y comunión con el Padre harán toda la diferencia en la vida de los que quieren la bendición y de los que prefieren la maldición. La decisión es tuya.
Para reflexionar
La obediencia a los mandamientos de la Ley moral como resultado de la intimidad diaria con Dios es una doctrina genuina y peculiar de la Iglesia Adventista del séptimo Día. ¿Qué diferencia puede hacer en tu vida hoy el conocimiento y la práctica de esta creencia? Ora y piensa sobre esto durante las próximas 24 horas.


